Vislumbre de las parteras cordobesas (Primera Parte)

El diario El Progreso permite, en sus ediciones de 1877, obtener información sobre la profesión de las parteras en la ciudad, recogiendo aquí y allá referencias diversas.

Por Víctor Ramés
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Antiguo grabado que muestra a una partera asistiendo a una parturienta.

En el comienzo de la historia, cuando parir era un asunto de familia y no de salud pública, como lo fue durante la mayor parte del régimen colonial, ejercían el oficio de parteras mujeres o matronas más o menos experimentadas en asistir nacimientos. Las parteras se valían de una medicina empírica, como muchos otros y otras que atendían a la necesidad social en la hora señalada, en este caso, la de dar a luz.
Si se valían de preparados farmacológicos junto a la intervención manual, si empleaban prácticas mágicas o se encomendaban a Dios, es un detalle en un cuadro esfumado. Se desconoce el tipo de control que había entonces sobre la profesión, así como el tipo de formación con que contaban quienes la ejercían, si contaban con alguna. El cuadro se enfoca mejor en 1793, cuando el Gobernador Sobremonte prohibió ejercer el oficio de partera sin haber acreditado su idoneidad ante el cirujano autorizado. Las mujeres que practicasen ese trabajo sin cumplir el requisito eran condenadas al pago de una fuerte multa. Ese mismo año, por Real Cédula del 17 de Agosto de 1793, fue creada la Enfermería de Mujeres, un comienzo que se medía en lugar para ocho pacientes, en la Iglesia del Pilar, atendida por la Hermandad de la Caridad. Durante ocho años funcionó allí la Enfermería, con el concurso de parteras legitimadas por la autoridad, cuando se trataba de mujeres internadas como parturientas.
En 1801 al inaugurarse el Hospital San Roque, se decidió trasladar la Enfermería de Mujeres a la nueva institución provincial, que se convirtió en el lugar adecuado para obtener conocimientos teóricos y prácticos de obstetricia, en lo que refiere a los estudiantes de sexo masculino, los únicos que se formaban en la práctica médica. Un siglo después, la misma funcionaba en dos pequeñas habitaciones “bajas, húmedas y mal aireadas, a la vez malolientes con seis camas para grávidas y puérperas”, según comenta de su propio recuerdo Félix Garzón Maceda, que databa de su propio paso por el Hospital San Roque alrededor de 1900, en el primer tomo de su libro La Medicina en Córdoba, apuntes para su historia.
A inicios de la segunda mitad del siglo XIX, comenzaron a desarrollarse el concepto y las técnicas de la asepsia que, en busca de evitar infecciones en las salas de atención quirúrgica, impulsaron a su vez el progreso de la obstetricia, cuando pudo más adelante controlar la principal causa de muerte de las parturientas: la fiebre puerperal.
La autora Norma Acerbi Cremades, en Una mirada histórica, donde repasa el desarrollo de la obstetricia en Córdoba se pregunta y responde, en referencia a la segunda mitad avanzada del siglo diecinueve: “¿Existieron parteras en Córdoba? Las primeras llegaron de Buenos Aires autorizadas por el Protomedicato: Doña María Antonieta Nevoz de Poulard; María Bottazzini y Virginia Duflos.”
Esas menciones se complementan con otros elementos que proveemos a continuación, tomados de la prensa de Córdoba, ya que algunos de esos nombres de parteras que atendieron en la ciudad de Córdoba, aparecen citados en 1877 en El Progreso, la publicación liberal de la época. A fines de abril de 1877, ese diario publicaba el siguiente aviso:
“Virginia Duflos
Partera de 1° clase de la facultad de medicina de París, profesora de Obstetricia de Montevideo, Entre Ríos y Paraná.
Está a la disposición de las señoras que quieran honrarla con su confianza.
Sus estudios y su larga práctica son la mejor garantía para las Señoras que se sirvieran ocuparla.
Su casa está abierta Calle del Congreso N° 83.”

La aparición de dicho aviso permite ver en acción los mecanismos de control por parte de la autoridad provincial en materia de salud. Pocos días después de aparecido el recuadro en la página de avisos, el diario publica la siguiente información y advertencia por parte del Protomedicato, institución encargada de autorizar el ejercicio, entre otras especialidades, de las parteras.
“Profesora de partos
El gobierno ha nombrado ayer un tribunal ad hoc conforme a la solicitud de la señora Duflos, para recibir el examen que debe rendir como profesora de obstetricia.
El fiscal llama la atención del gobierno y del Protomédico sobre un aviso que indebidamente ha puesto dicha señora en los diarios, ofreciendo sus servicios profesionales, antes de haber rendido sus exámenes y ser aprobada como corresponde.
El tribunal nombrado por el gobierno para recibir el examen de la señora Duflos,, se compone de Protomédico Dr. Ortiz, Dr. Luque y Dr. Amadio Amadeo, secretario Don Aurelio Piñero.

Quince días más tarde, el Protomedicato informa a través de El Progreso que la partera a cumplimentado con creces su prueba:
“La Sra. Virginia Duflos
Esta señora ha rendido ayer su examen público como profesora de obstetricia.
Ha sido plenamente aprobaba, pues la Sra. Duflos ha contestado a todas las cuestiones sobre las que versaba el examen, con la lucidez de una persona que tiene conciencia de su saber y competencia en la materia.
El tribunal era compuesto del Dr. Ortiz, Dr. Amadeo y Dr. Luque, teniendo lugar el acto ante una lucida concurrencia, pues estaba anunciado el día de ayer para esta prueba de que ha salido espléndidamente triunfante la examinada
El pueblo tiene pues desde hoy una nueva partera, acreditada no sólo por la práctica, sino por el examen científico que acaba de rendir.”



En la misma edición del 16 de mayo, la institución de control publica la novedad también en formato de aviso:
“Al Público
Habiendo rendido su examen de reválida a Profesora en Obstetricia señora Da. Virginia Duflos, ha sido unánimemente aprobada por el Tribunal al efecto formado.
Córdoba Mayo 15 de 1877.
Manuel González
Secretario”

Y más debajo de ese aviso, la partera Virginia Duflos, ya legitimada, informaba sobre su cambio de estatus a través de un recuadro propio, donde incluía el cambio de su dirección anterior
“Mme. Virginia Duflos
Partera de 1° clase de la Universidad de París y Montevideo, recibida por el Tribunal de Medicina de esta Provincia, ofrece sus servicios profesionales a las señoras, a toda hora de día y de noche.
Calle Constitución 64.”



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