Mucho más que un cambio de encuadre

Tanto en “Roma” como en “La favorita”, principales candidatas en los premios Oscar, subyace la adecuación a los tiempos que corren en cuanto a la mirada que echan sobre épocas que ya habían sido relevadas subrayando la presencia masculina y que ahora son revisitadas a través de personajes femeninos.



Por J.C. Maraddón
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En la cinematografía universal se registran fenómenos que pueden ser catalogados como cíclicos y que responden a patrones similares, por más que estén separados en el tiempo y que estén referidos a temáticas de distinta índole. Y es que el séptimo arte, como cualquier otra expresión cultural, está íntimamente ligado al contexto político y social en el que se genera. Y son esos avatares externos los que terminan dándole carnadura a las historias que luego se proyectarán en la pantalla grande, y que en algunos casos culminarán su ascenso en la consideración general con una o varias candidaturas a los premios Oscar.
Podemos decir entonces que a ciertas etapas en las que los filmes son impedidos (por censura directa o implícita) de tratar ciertos temas, les siguen periodos en los que eso que antes no se decía, es manifestado de todas las maneras posibles. Se forman así corrientes de flujos y reflujos que demuestran cómo la sociedad echa por tierra sus tabúes, aunque muchas veces al mismo tiempo esté construyendo otros. Y las mismas historias que antes eran relatadas desde una perspectiva, son contadas luego desde un punto de vista diferente, que permite apreciar detalles (o elementos esenciales) que antes habían quedado ocultos.
La moral hollywoodense y la caza de brujas del macartismo, fue sucedida por una apertura que transformó a los desnudos en moneda corriente. De la misma manera, al silencio sobre la situación de las minorías raciales le respondió una cinematografía comprometida con las luchas de esos ciudadanos desclasados. Y en la Argentina, el despertar democrático de los años ochenta tiró abajo décadas de censura, y produjo una avalancha de filmes que gritaban lo que hasta ese momento había sido callado, desde la tortura hasta la homosexualidad y los crímenes políticos que habían jalonado la historia oficial del país.
En la actualidad, cuando los derechos de las mujeres asumen un lugar central en la agenda de preocupaciones de la humanidad y son objeto de debate a voz en cuello, no debería llamar la atención que dos de las principales candidatas a llevarse las estatuillas más preciadas de este año en la Academia de Hollywood, narren biografías con protagonistas femeninas. Porque, así como “Roma” discurre sobre cómo ciertos hechos alteran la rutinaria existencia de una empleada doméstica en el México de comienzos de los años setenta, “La favorita” se complace en recorrer el ascenso de una advenediza en la corte de la reina Ana de Inglaterra, a comienzos del siglo dieciocho.
Sin embargo,son muy disímiles las relaciones que se establecen entre las mujeres que capturan la atención del espectador en ambos filmes. En el largometraje de Alfonso Cuarón, aunque Cleo y la dueña de casa responden a perfiles de clase completamente distintos, la evolución de sus vidas las pondrá ante la encrucijada de solidarizarse para afrontar sus desgracias. En cambio, la obra del realizador griego Yorgos Lanthimos sitúa a la reina y sus dos favoritas en el vértice de una encarnizada lucha por el poder, que redunda en provecho de los hombres cercanos a la corte, quienes sacan rédito así a la nula sororidad que desarrolla el trío gobernante.
Más allá de la renovación estética que proponen estos filmes con sus caprichos de encuadre, subyace en ellos la adecuación a los tiempos que corren en cuanto a la mirada que echan sobre épocas que ya habían sido relevadas subrayando la presencia masculina y que ahora son revisitadas a través de personajes femeninos. Por supuesto, que los directores de estas producciones sean hombres, habla a las claras de que al cine todavía le queda por recorrer un largo camino para estar a tono con un cambio de estructuras que podría ser mucho más profundo de lo que parece.



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