Desafío para Cambiemos: estamos mal; ¿vamos bien?

El índice de precios al consumidor de enero subió un 2,9%, un porcentaje preocupante. En Córdoba fue incluso mayor, nada menos que un punto por arriba de la media nacional.

Por Pablo Esteban Dávila

Parece confirmarse una de las hipótesis del gobernador Schiaretti para fijar las fechas de elecciones en mayo: que la economía nacional no se recuperará durante el primer semestre. Pese a la estabilidad cambiaria, es un hecho que los datos macro siguen siendo complicados. Esto no favorece, claramente, las ambiciones de los hombres del presidente en la provincia.
La inflación es un buen ejemplo de la magnitud de los problemas por venir. Pese al ajuste que la Casa Rosada lleva adelante desde mediados del año pasado, el índice de precios al consumidor de enero subió un 2,9%, un porcentaje preocupante. En Córdoba fue incluso mayor, nada menos que un punto por arriba de la media nacional. El gobierno estima un 28% para todo el año, muy por encima de la inflación de un dígito que había imaginado para estas épocas allá por diciembre de 2015.
La persistencia del fenómeno es un recordatorio sobre lo pernicioso que resulta una economía en situación de estanflación. Los precios suben y la producción cede, una verdadera pesadilla para cualquier ministro y un colosal problema político para el presidente.Si a esto se le suman los efectos colaterales de los remedios adoptados para atemperarla (tasas de interés de vértigo y recortes en el gasto público) el panorama luce sombrío.
Mauricio Macri se empeña, no obstante, en asegurar que lo peor pasó. Pero esto no significa que los meses por venir sean especialmente benéficos, ni que existan datos tajantes que sustenten su optimismo. Sólo un dólar bajo control parece ratificarlo aunque, de persistir la inflación, el Banco Central deberá moverlo hacia arriba para evitar los riesgos de que, otra vez, vuelva a atrasarse.
De tan evidente, no vale la pena detenerse en los sectores que sufren el actual orden de cosas. Los asalariados, las PYMES dedicadas al consumo interno y el comercio se anotan dentro de los más afectados. Es más interesante, en el marco de este análisis, observar a quiénes favorece la actual coyuntura para deducir algún efecto político.
Dejando de lado al sector financiero, con excelentes resultados como intermediario del gasto público, hay claros ganadores en los sectores vinculados a la exportación. Con un dólar a $40 y costos internos devaluados, el campo y el sector minero se encuentran viviendo un momento auspicioso. Sin embargo, el efecto derrame sobre la población es relativo. La minería, aunque produce enormes saldos exportables, genera muy poco empleo y, desde el punto de vista político, escasamente visible. En el complejo agropecuario ocurre otro tanto (sólo el 17% de la Población Económicamente Activa se desempeña en el sector), no obstante que el componente geográfico de la actividad no sea en absoluto desdeñable. Córdoba, en este sentido, es un buen ejemplo.
La estanflación no sólo afecta los bolsillos privados sino que, esta vez, pega asimismo sobre las arcas públicas. Por primera vez la recaudación de impuestos crece por debajo de la inflación, un maleficio que afecta tanto a los tributos administrados por la AFIP como a los de la DGR. No hay que ser demasiado perspicaz para comprender los alcances de esta combinación. Costos que crecen con ingresos que, en términos reales, son menores que antes. No es una buena perspectiva para ningún gobernante, especialmente en épocas eleccionarias. Algún malevo podría sostener, en lunfardo básico, que “la mishiadura es democrática”.
Pero esto podría no ser del todo cierto. Aunque la caída de ingresos es generalizada, no todas las jurisdicciones están en la misma situación. Desde el punto de vista de las cuentas públicas, apenas 4 provincias tuvieron déficit en 2018, en buena medida porque la Nación cedió, en los últimos años, numerosos recursos que, durante las épocas de Néstor y Cristina, se registraban en la contabilidad federal.
Este es un precio que Macri hubo de pagar debido asu debilidad política. A lo largo de su gestión, y para que los gobernadores brindaran los votos de sus legisladores, hubo de fortalecerlos financieramente. Ante la reaparición de la crisis, y debido en buena medida a esta forzada munificencia, tuvo que reimplantar las retenciones a las exportaciones que había jurado eliminar mientras fue candidato. Al hacerlo, el presidente no sólo repartió la torta, sino también su legitimidad de origen.
El estado de relativa fortaleza financiera es también patrimonio de Córdoba, uno de los distritos mejor tratados desde la Casa Rosada. No obstante que desde la oposición local se pone en tela de juicio el nivel de endeudamiento que exhibe la provincia, no parece existir un horizonte de cesación de pagos ni cosa que se le parezca.Por el contrario, el gobernador continúa batiendo el parche de las obras en marcha y anunciando nuevos emprendimientos, como si la macroeconomía nacional no lo condicionara en absoluto.
Esta independencia es leída con cuidado dentro de la filial local de Cambiemos, todavía atascada dentro de sus indefiniciones. Mario Negri, uno de los protagonistas de la interna, acaba de asegurar que no tendrá dudas en conservar lo bueno que haya hecho el peronismoen su hipotético mandato porque, en definitiva, lo que propone es un “cambio que no sea un salto al vacío”. Es una forma elegante de abrir el paraguas frente a la previsible andanada de críticas que deberá soportar por elcontexto nacional si es que finalmente participa como candidato en la compulsa para gobernador.
La necesidad de malabarismo dialéctico no será un monopolio de Negri, sino que afectará por igual a Ramón Mestre (el otro contendiente) y a Héctor “la Coneja” Baldassi, el seguro vicegobernador de cualquiera de ellos. Todos deberán afrontar una campaña con la economía nacional en contra y sin perspectivas ciertas, un área de responsabilidad excluyentemente macrista.Porque, a diferencia del recordado apotegma menemista “estamos mal pero vamos bien”, ahora nadie está en condiciones de asegurar tal cosa.De hecho, ni siquiera el electorado cordobés lo considera seriamente: la popularidad de Macri ha descendido aquí tanto como en otras jurisdicciones menos proclives al presidente.
Cambiemos especulaba, hace exactamente un año atrás, contar con este viento de cola político para disputarle el poder a Schiaretti con chances ciertas. Pero la situación general ha condicionado aquella presunción y restringirá significativamente el espacio de maniobra discursiva de la coalición. No es un dato menor: aunque la economía se maneja mayoritariamente con números, el efecto sobre la política es privarla de palabras, especialmente en boca de quienes deben defenderla.Y quedarse sin palabras, excepto para Hipólito Yrigoyen -al menos ese es el mito- es un problema para cualquiera que deba convencer al electorado sobre las bondades de su propuesta. ¿Podría, llegado el caso, suplir este déficit la celebrada oratoria del diputado Negri o la supuesta vocación ejecutoria del intendente Mestre? El desafío es lo suficientemente importante como para soslayarlo.



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