¿Afloja la tolerancia de Stanley?

La ministra Stanley finalmente criticó los cortes de calles. Aunque no se sabe si fue un lapsus o si fue adrede, es inevitable pensar en la naturaleza de sus dichos.



Por Javier Boher
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Finalmente llegó el día en que la Ministra de Desarrollo Social se dio cuenta de que apañar a los movimientos sociales no le estaba resultando rentable. Empezando un año electoral (y seguramente con ganas de marcar la grieta) decidió pronunciarse en contra de los cortes de calles.
Quizás suele ir al trabajo en helicóptero y por eso no le molestan los piquetes, o tal vez vive al lado del ministerio y por eso llega caminando todos los días. Si no fuese porque desde allí hace política negociando con el núcleo duro de la resistencia, esas serían las únicas formas de entender que le haya llevado tres años decir que los cortes de calles son “extorsivos”.
La libertad de circulación es uno de los tantos derechos burgueses que fueron pisoteados durante los años de la restauración nacional y popular kirchnerista, que a medida que fue pasando el tiempo hizo recrudecer sus prácticas de ocupar el espacio público que debería ser para todos los ciudadanos. Incluso hoy seguimos conviviendo con esa vocación autoritaria de los que se sienten dueños de la calle.
Durante lo que va de la gestión nacional de Cambiemos, la ministra Stanley fue una de las responsables de que prácticamente no se modifique el grueso de la ayuda social, piedra angular del discurso progresista.
Quizás buscaron hacerlo más eficiente e independiente de la voluntad de los punteros, pero el dinero siguió fluyendo desde las arcas públicas para garantizar que Macri atravesara sin mayores inconvenientes cuatro Navidades. Incluso esta misma semana la ministra dijo que los planes son un derecho que la gente no le debe a nadie (cuando podría haber usado una expresión que no signifique una obligación para el Estado).
Hoy, con la necesidad de reelección, la cosa parece cambiar. El discurso se endurece, tal vez para seducir a aquellos que están cansados de seguir pagando impuestos que vuelven en pocas prestaciones.
Arrinconados por un discurso que pide que el Estado se achique, y con experiencias como la de Bolsonaro que se desarrollan muy cerca, la transformación discursiva (incluso tan pequeña como la que esbozó la Ministra de Desarrollo Social) parece una necesidad para la supervivencia.
Además, Stanley suena como posible compañera de fórmula de Macri, lugar que muchos dicen que disputa con Patricia Bullrich. Sus perfiles son muy distintos, pero cada una desde su lugar supo hacer una gestión que ha conformado al círculo íntimo del presidente. Ese endurecimiento quizás sea un intento de forzar el merecimiento.
No se deberían ilusionar mucho, porque si una de ellas fuese elegida para acompañarlo, Macri se vería en el desafío de encontrarle un lugar a Gabriela Michetti, algo virtualmente imposible: su menor poder de daño es en el Senado, integrado por 72 personas que casi nunca lo hacen mostrar con sus bancas repletas.
Los próximos meses serán fundamentales para saber si es real lo que decían los líderes piqueteros que se movilizaron ayer, que aseguraron que la ministra Stanley dejó de hablarles. Si ese canal de diálogo está roto y la ministra efectivamente ha decidido desconocer a los líderes de las organizaciones (probablemente por la progresiva digitalización e individualización de los trámites), el futuro asegura una inevitable escalada del conflicto.
Si además se suma la proyección de un aumento en los índices de pobreza que se van a conocer dentro de un tiempo (tal como afirmó la ministra), el contexto no sería el ideal para encarar un año plagado de elecciones por el furor de los desdoblamientos y PASO que hay en casi todos los distritos.
Hacia adelante sólo queda esperar para saber si esa pequeña muestra de la ministra es el inicio de una transformación discursiva (y más importante, política) o si sólo fue un descuido. Mientras sus sorprendidos interlocutores esperan que haya sido lo segundo, los desinflados votantes del oficialismo nacional esperan que esto sea el cambio que hace años siguen esperando.



1 Comentario

  1. He aquí a uno mas de los prensas camaleónicos. probablemente rentados a los que seguramente le retrasan los pagos.
    De furioso cambiemismo (rima con progresismo ¿solo por casualidad?), va girando a la crítica para no quedar descolocado. Ante el cambiemismo liberprogre por un lado y, asombrosamente al progresismo socialdemócrata.
    Termina siendo neotro e inocuao como la «caca de paloma». Ni asco

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