Fassi y la pulseada por las entradas en el Morumbí

El presidente de Talleres le discute a los dirigentes de San Pablo la posibilidad de que los hinchas albiazules tengan más lugar en el estadio.

Por Federico Jelic
Especial desde Sao Paulo

Cada acto del presidente Andrés Fassi tiene sabor a político. Y lo convalida minuto a minuto, precisamente en un momento histórico, con Talleres en la Copa Libertadores de América y con un caudal en convocatoria inusitada. Mientras dirime mano a mano la clasificación con el poderoso San Pablo en Brasil, por otro lado gestiona con toda su impronta la posibilidad de que tengan los hinchas albiazules más lugares en el Morumbí.
Hasta el momento, como es sabido de manera oficial, solo hay disponibles tres mil lugares para sus simpatizantes, de acuerdo a lo que marca y demanda el estatuto oficial de Conmebol. No obstante , la demanda fue poderosa por barrio Jardín, sobre todo después de la victoria 2-0 en el Mario Kempes, con 48 mil almas delirando de emoción y con promesas de todo tipo para poder alentar al equipo de visitante.
Entonces, Fassi tomó la posta, como hace habitualmente. Con discursos floridos y grandilocuentes, fiel a su estilo, prometiendo hacer todos los esfuerzos para que los hinchas de Talleres gocen de una mayor comodidad en San Pablo. Independientemente del resultado (no deportivo) de la logística, el hombre fuerte de Pachuca buscará defender sus intereses, incluso ya perdido el trámite, sabiendo que en el paladar del hincha su imagen quedará inalterable.
En ese sentido, Fassi supo entender que defender a capa y a espada a sus hinchas, socios, etcétera, le va a dar un plus. Siempre. En el Hotel Hyatt de San Pablo, firmaba más autógrafos y posó para las fotos y selfies con los hinchas que muchos de los jugadores. Y eso se lo fue ganando con gestión, con respuestas deportivas, dos ascensos y con clasificar a la Copa Libertadores, por ejemplo.
Y con la fiebre que generó el hecho de haber quedado en la puerta de la clasificación, más todavía. De acuerdo a las estimaciones de Aduana, cerca de 65 colectivos cruzaron migraciones para meterse en territorio brasileño y alentar al equipo. Entonces los cálculos más generales marcan que más de cinco mil personas tendrá Talleres en las puertas del Morumbí. ¿Dejarán dos mil personas en las inmediaciones del estadio, en horario nocturno, justo en un partido tan trascendente de alto riesgo social?
Para lograr gestiones certeras Fassi hizo los deberes en Córdoba: invitó a los dirigentes de San Pablo a comer parrillada, brindaron con respeto y diplomacia, para después encarar el tema principal con otras perspectivas. Un asado de camaradería que puede arrojarle mejores relaciones.
Y entre otras aristas de las negociaciones, también puso hincapié en la necesidad de que se vendan las entradas desde horario matutino, en función de evitar que el expendio se abra dos horas antes del inicio del juego. ¿Se imaginan cinco mil personas en fila, esperando que empiece la venta de entradas, sabiendo que no todos van a llegar a tener su ticket? ¿Y más con la barra llegando con ya armadas conexiones con los “torcedores” más radicales de Sao Paulo de aliados? El escenario no es el más optimista. Pero entonces es cuando Fassi tomó la posta para negociar mejores condiciones para los hinchas, como para garantizar seguridad, pero por ahora, nada nuevo en el horizonte. Por eso el reclamo es por más cantidad de entradas.
Es cierto que hasta el momento no llegó al mejor puerto la conversación pero, por su perfil político, Fassi no se quedó con los brazos cruzados. En San Pablo saludó a todos los hinchas y se comprometió en buscar una mejor comodidad, como dejando en claro su compromiso de que buscará hasta último momento obtener más espacio para los seguidores albiazules.
Es un valor agregado, nomás, porque el hincha no le cuestionará no haber podido concretar esa intención. Seguramente habrá algún enojo pero en definitiva el aspecto deportivo pesa en la balanza por encima de todas las cosas.
Está claro que también hubo algunos cuestionamientos con las entradas que se otorgaron en la Tribuna Artime y los precios elevados, pero al final los hinchas festejaron a rabiar el regreso a la Copa Libertadores, argumento más que imbatible dentro del consenso general como para aplaudir este proceso.
Y pensar que en su momento, puertas adentro, Fassi comentaba que no era la mejor idea ir a la Libertadores, conformándose con la Sudamericana, porque significaba un atajo al proyecto deportivo. El hecho fue desmentido, pero después del gol de penal en el cuarto minuto de descuento del arquero Guido Herrera ante Olimpo de Bahía Blanca y la victoria sorpresiva de Colón de visitante sobre Racing Club, cayeron casi por azar. No tuvo más opción. Talleres se metió en ese lugar privilegiado y, a la vez, más exigente. Es que ya el presupuesto no es el mismo que en la Sudamericana y como eso genera más ilusión, la obligación crece desmedidamente en la pasión del hincha. Por ende no siempre podrá aplicar su política deportiva de hacer apuestas con las incorporaciones y no invertir en refuerzos de jerarquía y elevados contratos.
Igual, ya el hecho de haber levantado la mano y discutirle a San Pablo por más entradas para sus hinchas no se trata solamente de un acto populista ni demagogo, pero puede ser tomado como tal. Fassi sabe que su gestión es su mejor propaganda dentro de la política y en eso, su imagen no se destiñe. Sea genuina o no la intención, sea con fines políticos o vaya a saber el propósito, es valorada la gestión independientemente del final. Y políticamente, se concrete o no, sirve para continuar acrecentando sus cimientos dentro del club.



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