PJ aplaza presentación de listas (compra tiempo para Llaryora)

El peronismo prorrogó el plazo para la presentación de listas hasta el 10 de marzo. Daniel Passerini aun no desistió formalmente de su candidatura y atrasar la definición del candidato conlleva ciertas ventajas.



Por Felipe Osman

El PJ había tachado, antes de promediar enero, al 8 de febrero en el calendario. Ese sería el día elegido para que quienes pretendieran anotarse a la carrera electoral valiéndose de la estructura del partido midieran fuerzas y defi nieran un liderazgo unánime detrás del cual aunar fuerzas para competir en las elecciones generales. Desde luego, no creía que los comicios internos fueran necesarios. Tampoco lo hace ahora. El peronismo provincial –por años estructurado bajo un comando bicéfalo- tiene hoy un único líder y éste no es otro que el gobernador Juan Schiaretti.
Sin embargo la muerte intestada de José Manuel de la Sota no dejó una línea sucesoria clara en materia política, y el último cabo suelto que Unión por Córdoba debe atar para presumir de una unidad completa es el legislador delasotista Daniel Passerini. Pero el pasado jueves (7 de enero), a horas de que venciera el plazo para la inscripción de listas, Passerini no había desistido formalmente de su candidatura a la intendencia para encolumnarse detrás de la postulación de Martín Llaryora, como ya lo hicieron el secretario de Transporte de la Provincia, Gabriel Bermúdez, y el secretario de Asuntos Institucionales, Miguel Siciliano. Esto causó desconcierto entre los operadores del PJ en capital, y el día terminó con llamadas que iban y venían entre referentes que, con cierta incertidumbre y algo de preocupación, se preguntaban por qué el legislador delasotista aún no rendía tributo a la unidad de la fuerza respaldando la candidatura del sanfrancisqueño. Llegado el viernes el partido decidió entonces prorrogar el plazo para la presentación de listas para esperar por un desistimiento voluntario de Passerini. La nueva fecha elegida sería el 10 de marzo y daría, además, un nuevo barniz de legitimidad a los comicios internos, facilitando al vicepresidente de la Legislatura las condiciones necesarias para insistir con su candidatura si así lo quisiera. Por otro lado, vale decir, la postergación de este plazo resulta conveniente para Llaryora, que en calidad de precandidato puede gozar de ciertas ventajas que le serían reprochadas como candidato, además de eludir una exposición innecesaria a las flechas de la oposición. Veamos. Nadie desconoce que el sanfrancisqueño es la apuesta fuerte del peronismo para conquistar una plaza que le resulta hasta ahora (casi) inexpugnable: el Palacio 6 de Julio. Para lograr este cometido el actual vicegobernador (en uso de licencia) contará con todo el respaldo del gobernador, formando parte de todas las actividades que tengan por fin estrechar lazos entre el dirigente y los referentes territoriales, cuando no directamente con el electorado. En las pasadas semanas como en las próximas, seguramente, veremos la participación conjunta del (aún) precandidato a intendente y del gobernador en la inauguración de obras, el lanzamiento de programas sociales, y demás acciones de gobierno compatibles con la campaña. Y resulta más cómodo que la participación de Llaryora en estas actividades se dé con el sanfrancisqueño como aspirante a una candidatura y no como candidato. Lo mismo sucede con la aparición del sanfrancisqueño en spots oficiales para difundir la obra llevada a cabo durante la actual administración de Schiaretti. Es mejor para UPC que Llaryora no sea aún formalmente candidato. De igual manera no resulta sencillo encontrar una buena razón por la cual el actual diputado nacional deba apurarse a formalizar su candidatura. Si hay candidatura debe haber campaña, y para que haya campaña debe haber un adversario. Hoy, no lo hay. Cambiemos no ha dirimido su candidato a la Intendencia. De hecho, ni siquiera parece estar cerca de lograrlo. ¿Con qué objeto se subiría entonces Llaryora a una pelea en la que no hay contrincante, pero sí mucho por perder al exponerse al fuego cruzado que vendría desde una oposición sin rostro? Lo más provechoso, parecen entender quienes mandan en el PJ, es esperar para subir su candidato al ring. Y, mientras tanto, asegurar la unidad de Unión por Córdoba y estudiar las definiciones que tome Cambiemos, el principal adversario.



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