Políticamente ajeno

A pesar de que el país se encuentra sometido a un bombardeo informativo constante acerca de las próximas batallas electorales, cabe suponer que el festival Cosquín Rock que se escenificará mañana y el domingo en Punilla, tampoco alojará esta vez expresiones partidarias de manera explícita.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

CosquínGeneralmente, los festivales veraniegos han sido un ámbito propicio para que quienes aspiran a alguna candidatura electoral, se expongan ante un público masivo y reciban muestras de su popularidad. Más aún en un año como 2019, que será prolífico en comicios, ha sido esta una postal repetida en las noches de Jesús María y Cosquín, como en tantas otras ocasiones anteriores. Aunque concentrados más en sus perfiles de redes sociales que en los eventos musicales, los dirigentes –en su gran mayoría- han apelado a esos rituales que han sabido ser de cumplimiento riguroso en la provincia de Córdoba.
En el ajetreado calendario de encuentros artísticos, este fin de semana le toca el turno al rocanrol, con dos días de actividad intensa en el aeródromo de Santa María de Punilla, donde se desarrolla el festival Cosquín Rock, uno de los pocos sobrevivientes en su género. A diferencia de la mayoría de sus pares folklóricos, que cuentan con alta injerencia de los municipios y de las fuerzas vivas de las localidades donde se realizan, esta convocatoria es motorizada por un empresario privado que, si bien cuenta con auspicios oficiales, lógicamente canaliza sus objetivos a partir del eje que separa los costos de los beneficios.
Podría pensarse que ha sido esta la razón por la que muy difícilmente el Cosquín Rock se pueda haber transformado alguna vez en un receptáculo para las propuestas electorales, aunque haya funcionarios y/o figuras partidarias que puedan haber asistido por su cuenta a alguna de las ediciones, o que ciertas fracciones juveniles hayan volanteado en los accesos al predio. Así como otros festivales han admitido presencias oficiales con pompa y circunstancia, además de proveer atriles a postulantes necesitados de hacer oír sus propuestas, la cita rockera se ha mostrado remisa a teñirse de colores políticos, quizá por temor a que esa incursión sea vista como desubiación y termine espantando al público.
A partir de aquellos lejanos años sesenta, cuando su mensaje se radicalizó y se imbuyó del espíritu levantisco de la época, el rock trató de ubicarse siempre entre las huestes de los enemigos del sistema, aunque desde hace por lo menos 40 años no se hayan vuelto a escuchar demasiadas voces rebeldes que provengan de esa cantera. Los músicos de este estilo que se atrevieron a coquetear con su filiación hacia partidos o nombres específicos, han recibido una severa condena por parte de la gente que admira su obra, pero que tal vez no comparte su pensamiento.
Sin embargo, en el ámbito internacional este tipo de conductas se ha vuelto frecuente entre la elite del rock, sobre todo a partir de la oleada conservadora que depositó a Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos y que apoyó el Brexit en Gran Bretaña. El manifiesto respaldo que muchos artistas rockeros le brindaron a Bernie Sanders (y luego a su vencedora en la interna demócrata, Hillary Clinton) en las compulsas electorales estadounidenses, se replicó en territorio británico con las muestras de simpatía hacia Jeremy Corbyn. En ambos casos, se trató de un aval inédito, que pone en evidencia las urgencias de la hora.
En Argentina, si bien ciertos referentes rockeros expresaron en su momento una cercanía a la gestión de Cristina Fernández, ese patrocinio no tuvo un traslado tan directo a los eventos multitudinarios, a excepción de los cánticos espontáneos que puedan entonar los espectadores. Cabe suponer, entonces, que este Cosquín Rock que se escenificará mañana y el domingo en Punilla, tampoco alojará esta vez expresiones partidarias de manera explícita, a pesar de que el país se encuentra sometido a un bombardeo informativo constante acerca de candidatos, alianzas y desdoblamientos que preanuncian la inminente batalla electoral.



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