Veto del PJ a banca para Saillen

Las chances del clan Saillen de que su primogénito, Franco, mantenga un lugar en la Legislatura después del 10 de diciembre parecen cada vez más lejanas. Al enfriamiento de su relación con el PJ capital se suman otros episodios que han hecho de la marca Saillen un socio poco deseable.

Por Felipe Osman

“Esto se está manejando con criterios estrictamente matemáticos, y ellos restan más de lo que suman”, explicó a Alfil un operador del PJ capital para ilustrar el método que guiará la confección de las listas y por qué parace improbable que el apellido Saillen las integre. La misma tesis fue repetida una y otra vez por distintos referentes del mismo espacio.
Las relaciones que los Saillen habían empezado a tejer con el peronismo de la capital no rindieron frutos para la familia que controla los hilos del Surrbac. Trascartón, buena parte kirchnerismo se dispone a apoyar la candidatura de Unión por Córdoba para poner otra piedra en el camino de Cambiemos rumbo a El Panal. Otra, además de las que la alianza se impone a sí misma.
El resto del kirchnerismo, falto de cohesión y de un líder claro, podría ser el último terruño al que los gremialistas se aferren para conservar un lugar en la Unicameral. Los Saillen, por otro lado, han hecho lo necesario para generar esta reticencia en Unión por Córdoba.
En primer lugar vale aclarar que la CGT “Nacional y Popular” que lidera su pater familias, Mauricio, ha perdido mucho terreno en el mapa del gremialismo cordobés. La CGT Regional milita la reelección de Juan Schiaretti y las 62 Organizaciones Peronistas de Córdoba, que han cooptado varios sindicatos otrora integrantes de la central conducida por Saillen, negocia por cuenta propia con el justicialismo.
Además, aunque la relación Mauricio Saillen-Gabriel Suárez no goce de la mejor salud, ambos comparten el comando de la CGT Rodríguez Peña, y la enemistad entre el líder de Luz y Fuerza y la Administración provincial no termina de zanjarse.
Pero otros hechos todavía más resonantes complican al clan Saillen. A principios de enero Pablo Carrasco, ex empleado de la Crese y denunciante de integrantes de la cúpula del Surrbac por operaciones irregulares entre la empresa estatal y compañías que pertenecerían a los jefes del sindicato, fue baleado en su domicilio.
Tras cinco días de internación Carrasco sobrevivió, y atribuyo al Surrbac el atentado contra su vida. Los jefes del gremio retrucaron acusando a Camioneros del hecho. La Justicia aún no da con el responsable pero a los efectos políticos no parece aconsejable incluir en una lista a sindicalistas relacionados con semejantes acusaciones.
Pero este no es el único episodio que minó la (pretendida) popularidad del Surrbac. Además de todos los problemas que han surgido en relación al servicio de recolección durante los últimos tiempos, muchos de ellos relacionados al actuar del Surrbac, el sindicato se ha visto envuelto en otros reclamos que no han gozado, en absoluto, del apoyo de gran parte de los cordobeses.
El primero de ellos, sin lugar a dudas, fue el respaldo de los Saillen al paro de la UTA liderado por Marcelo Marín, que mantuvo a la ciudad sin servicio de transporte por diez días, nueve de ellos en la ilegalidad, por haberse decretado la conciliación obligatoria.
La medida de fuerza, ampliamente rechazada por los vecinos, no contó ni siquiera con el apoyo del resto del sindicalismo cordobés. La totalidad del arco gremial cesó su respaldo cuando comprendió la gravedad de la medida y, sobre todo, su alta impopularidad.
Saillen, en cambio, permaneció en una protesta que finalmente naufragó, dejando un tendal de cesanteados en las empresas de transporte. Vale aclarar que los empleados despedidos terminaron recuperando sus trabajos tiempo después, por las gestiones del sindicato normalizado.