Cosquín, la lluvia y el fervor

La noche del martes tuvo muchos contornos hasta llegar al plato principal, representado por el cantautor Abel Pintos, que renovó sus lazos con un público fiel, bajo el agua.

Por Gabriel Abalos
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Abel Pintos, la emoción en la cuarta luna del Festival de Cosquín.

Jalones de cuarta luna
En la continuidad de las noches de Cosquín que concitan la atención del público en la Próspero Molina, la del martes estuvo signada por la mayor concurrencia a la plaza desde la apertura, y seguramente hasta el cierre. La lluvia que venía amenazando esperó a que el ídolo de la velada, Abel Pintos, comenzara su presentación apenas pasadas las dos de la mañana, para caer sobre la gente y también sobre el artista, que se dio un abrazo con la plaza cantando en la zona descubierta del escenario. “Mientras ustedes estén ahí, nosotros seguiremos tocando”, expresó Abel, alentado por el visible cariño de sus seguidores.
La velada había comenzado -tras la fórmula de apertura de todas las noches del ballet Camín, a la que siguió una presentación del Ballet Brandsen- con la actuación del violinista Leandro Lovato, un número ágil en función de movilizar a los espectadores, y que una oceánica audiencia televisiva disfrutó en sus hogares.
La cantante santafecina Patricia Gómez y su grupo interpretó temas de su disco Jaaukanigás -gente de agua, en idioma abipón-. El armonicista cordobés Fabricio Rodríguez se mostró en su actuación por debajo de un referente como es Franco Luciani, en materia técnica y musical, aunque puso empeño en conquistar al público. La actuación de Nahuel Pennisi fue el primer remanso de la noche, en términos de calidad y sonido, un cantante que comunica sin efectos, que canta con natural dulzura y a quien debe agradecerse el poder escuchar temas muy conocidos del cancionero argentino, en versiones frescas y delicadas.
Vinieron luego las actuaciones con poco relieve de los grupos Ceibo y Maité, a los que siguieron los cuadros presentados por las delegaciones, que tuvieron presencia y teatralidad, como corresponde. El de Tierra del Fuego mostró un emotivo homenaje a las víctimas de la tragedia del ARA San Juan, contó la historia y los protagonistas de su poblamiento y brindó un reconocimiento a los maestros. La Postal santiagueña puso fuerza y movimiento, con un cuadro que giró en torno a ese instrumento esencial del folklore de la provincia de los ríos Salado y Dulce, el bombo. Hubo un homenaje al Indio Froilán González, enorme artesano, quien armó en escena el bombo con el que luego se sumaría a la marea de bombos que colmarían la plaza: mujeres y varones, bailarines y músicos, todos concluyeron tocando al unísono el ritmo ancestral del monte, en un cuadro arrollador. Peteco Carabajal y el dúo Orellana Lucca fueron parte del multitudinario festejo, homenajeando a Fatiga Reinoso de los Manseros Santiagueño y a Alfredo Abalos, estrellas el firmamento de los ausentes.
La pareja de baile tradicional Jaqueline Saucedo y Germán Moreno, de Entre Ríos, triunfó en el Pre Cosquín después de insistir durante doce años, y regalaron al público un delicioso chamamé que coronaron con un beso. Se ganaron al público. Fue luego el turno de los malambeadores de La Huella, otro número surgido del Pre, que presentaron con destreza un cuadro colectivo de figuras bien coordinadas.
Las ráfagas de viento ya apuraban a la plaza y vino la hora de Abel Pintos, que era la señalada para la mayoría del público. Realmente fue el encuentro con un artista completo, y aunque su propuesta no se orienta por el norte del folklore, sí cuenta con todos los demás valores exigibles al músico más convocante del repertorio popular argentino. El público predominantemente femenino coreó bajo la lluvia sus canciones, incluso niños y niñas, y se dio un verdadero romance con el artista. El repertorio de Abel está lleno de hallazgos, su voz no decae, los buenos músicos que lo acompañan son la otra pata de su éxito. Para abordar un bloque folklórico, el músico se puso su sombrero tradicional e interpretó una encantadora versión de la chacarera La Flor Azul, a un ritmo sosegado, sin ningún apuro. El bahiense estrenó también un tema, en una ceremonia especial para los y las fans; dijo que “le hacia mucha ilusión” presentarlo esta noche, y cantó Cien años, tras el cual brotó su emoción hasta las lágrimas, ovacionado por la platea. El cantante no dejó de agradecer la presencia de un público que lo alentaba a seguir bajo el aguacero, y siguió, tras despedir la transmisión televisiva, hasta más allá de las 3 de la mañana, dejando una marca en el haber del festival.

El hijo desconocido
El Cine Arte Córdoba presenta desde hoy hasta el domingo el filme israelí Descubriendo a mi hijo (Israel, 2018. 100’), un drama sobre un padre que no conoció a su hijo, ni siquiera sabía de su existencia, hasta que es muy tarde para recuperar esa parte de la vida de otro que es también parte de su propia vida. Un exitoso y maduro empresario es quien pasa por estos descubrimientos y se empeña en conocer a su hijo a partir del testimonio de otras personas, hasta armar un rompecabezas luego del cual su vida ya no será la misma. Actúan Shai Avivi, Asi Levy. Se proyecta en 27 de Abril 275, en horarios a las 17, 19, 21 y 23. Abono $ 120 + tres siguientes funciones a $ 60. Jubilados y estudiantes $ 60.

Músicas en la ciudad
Esta noche se presenta en Gondwana Bar Cultural (Paraguay 396) el dúo que forman Mario Bontempi (guitarra clásica) y Julieta Ortiz (saxos), quienes ofrecerán un concierto de música popular brasileña, poblado de choros, valsas y baiãos. A las 22.
Por su parte, en El Vecindario (M.T. de Alvear 835) actúan Barzola y los Hermano Ninci (Monada), presentando Cuarteto, Concert y Gol, Un espectáculo que combina el stand up con las historias barriales y la música popular de Córdoba. A las 22.



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