La república y la democracia no viajan a la Argentina profunda

El reciente plebiscito en La Rioja dejó en evidencia que en la Argentina profunda gran parte de la institucionalidad que decimos defender es más un deseo de pocos que una realidad de muchos.

Por Javier Boher
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El reciente plebiscito que se realizó en la provincia de La Rioja nos acerca otra vez a la Argentina real que preferimos no ver. En ese otro país el republicanismo es letra muerta y los ideales democráticos son, mínimamente, difusos.

La maniobra pergeñada por el actual gobernador Casas para permanecer en el poder más allá de los términos legalmente permitidos es una nueva muestra de los peores vicios de la política nacional, que se inscriben en una forma de actuar que se resiste a desaparecer (aunque muchos ilusos idealistas piensen lo contrario).

No se puede negar que la difusión de las tecnologías de la información y la comunicación han abierto el juego a personas que hasta hace poco tiempo eran excluidas sistemáticamente de las decisiones, pero presagiar una revolución democrática en tierras que prácticamente no conocen de la misma es un tanto exagerado.



Desde 1983 a la fecha, hay seis provncias que no han cambiado de color político: Formosa, Santa Cruz, San Luis, La Rioja, Neuquén y La Pampa. En el caso de Formosa, por ejemplo, Gildo Insfrán está a punto de cumplir 24 años en la gobernación, pero 32 desde que llegó al ejecutivo como vicegobernador.

En Santa Cruz, por ejemplo, hace 28 años que gobierna el kirchnerismo, con tres períodos dentro de la familia. El tema de la endogamia política es notable en San Luis, donde Alberto Rodríguez Saá está cumpliendo su tercer mandato, que alternó algunas veces con su hermano Adolfo, que tuvo cinco, interrumpiendo el último para ser presidente por pocos días.

El dos veces gobernador de La Rioja Luis Beder Herrera (traicionado por el actual gobernador Casas) será candidato para un tercer período. El caso de Neuquén es raro, porque es un peronismo autóctono el que retiene el poder desde 1983 en la forma del Movimiento Popular Neuquino.

En La Pampa, tres personas ejercieron ocho de los nueve períodos desde el regreso de la democracia (igual que en Córdoba, donde sin embargo hubo alternancia política limitada). En Tucumán, salvo por un período en que gobernó el general Bussi, desde 1983 sólo gobernó el peronismo. José Alperovich lo hizo durante tres períodos, y tras enfrentarse a su sucesor José Manzur, aspira a volver en 2019.

El caso de Santiago del Estero es singular, porque aunque hubo alternancia de partidos, siempre estuvo sumida en el caos político, siendo intervenida dos veces desde el regreso de la democracia. El final del dominio Juarista abrió paso al dominio de Gerardo Zamora, que desde 2005 es el virtual dueño del poder, que sólo entregó como bien ganancial a su esposa durante un período, como si una simulación dentro del matrimonio fuese algo novedoso.

Una provincia con alternancia política ha sido Río Negro, cuyo gobernador pretende una reelección prohibida por la constitución, sosteniendo que su primer mandato fue por acefalía tras el fallecimiento del gobernador Soria, por lo que insiste en que no debería computarse.

Tras ese repaso, el 25% de los distritos nunca cambió de color político. Salvo pocas excepciones (como Mendoza, Santa Fe o Tierra del Fuego) los nueve mandatos desde el regreso de la democracia se reparten en pocas personas, rara vez más de cuatro. De hecho, una buena parte de exgobernadores pretende volver a serlo (como vimos con Beder Herrera y Alperovich, pero también Adolfo Rodríguez Saá en San Luis, Cobos en Mendoza o Bonfatti en Santa Fe).

Es importante hacer una observación simpática. Como interventores federales, Córdoba puso a Mestre, Schiaretti, Johnson y Aguad. No sólo es la misma cantidad de gobernadores que tuvo la provincia en 35 años, sino que además dos de ellos ocuparon los dos cargos (y los otros dos lo intentaron sin éxito).

Hay que destacar que, pese a haber reformado la constitución para consolidar su poder a través de una excesivamente rígida, malformada e ineficiente legislatura unicameral, ni Schiaretti ni De la Sota buscaron perpetuarse en el cargo, tal vez curados por el antecedente de Angeloz y el peor error de su vida, tal como este reconociera después.

Sorprendentemente, aunque acá en Córdoba gozamos de todos los mismos vicios que en el resto del país, tal vez el republicanismo conservador predominante no permite abrir tanto el juego ni clausurarlo definitivamente, lo que resguarda a la provincia de convertir un vicio normal en una nociva patología.



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