Cambiemos, atravesado por la incertidumbre y la parálisis

Son demasiadas incógnitas como para ser desveladas en forma incruenta. El tiempo pasa y el poncho no aparece, mientas se diluye la imagen de renovación que Cambiemos prometía no hace tanto tiempo atrás.

Por Pablo Esteban Dávila

La psicología social señala que todo proceso de cambio genera ansiedades, algún nivel de angustia y, previsiblemente, reacciones atávicas. Es lógico. Los seres humanos somos animales de costumbre que, aunque llevemos el progreso en nuestros genes, también portamos la inercia y el conformismo dentro del ADN. En nombre “Cambiemos”, elegido por la coalición de gobierno para vehiculizar su competencia por el poder, puede que, después de todo, no sea ese talismán infalible para ganar elecciones, al menos en Córdoba.

A nivel local, parece primar el componente de ansiedad e incertidumbre por sobre el de la fe en el futuro que evoca el sustantivo No hace falta ser un semiólogo para percibir este estado dentro de la entente. A menos de cuatro meses para las elecciones de gobernador y de intendente de capital, todavía no hay ninguna certeza sobre quienes habrán de ser los candidatos ni sobre cual será el mecanismo al que se echará mano para seleccionarlos. No es una situación cómoda, especialmente si se tiene en cuenta dos factores ominosos: que en la provincia Cambiemos debe desalojar del poder a Unión por Córdoba y que, en la ciudad, debe evitar que la desalojen. Aunque son dos posiciones estratégicas opuestas, ambas son dominadas , empero, por similares vacilaciones. En la disputa por el Centro Cívico, los cambiemitas sólo están de acuerdo en que la fórmula debe ser encabezada por un radical. El PRO, experto en el arte del amague, se ha comportado, en este punto, como un educado Poncio Pilatos. Con el aporte de Héctor “la Coneja” Baldassi como vice de quien sea entienden quesu parte del trato está cumplida. Ahora sólo aguardan las definiciones de sus socios mayores. Es en este punto donde las cosas se atascan. Tanto Mario Negri como Ramón Mestre quieren ser los candidatos. Cada uno tiene su propia lista de ventajas que, puestas sobre el tapete, se anulan mutuamente, como dos fuerzas de igual intensidad y de sentido contrario. ¿Cómo resolver este dilema? Las respuestas han oscilado entre las encuestas y la interna. Negri, dueño de una súbita buena imagen (las ventajas del legislador) prefiere las primeras, mientras que Mestre (jefe del aparato radical) se inclina por la segunda.

Aunque en los últimos días el intendente ha señalado que analizaría los sondeos que se le presentaren y a condición de que fueran serios, se ha cuidado de decir -y probablemente no lo haga- que acatará sus conclusiones. En rigor, nadie en Cambiemos quiere internas, ni siquiera Mestre. Son un riesgo enorme para una fuerza que sostiene que a Unión por Córdoba le pasó su cuarto de hora. Pero el intendente las respalda porque, en última instancia, tiene derecho a ellas y porque asume que las ganará, algo de lo que Negri no puede estar seguro. Cuanto más se acerque la fecha definida (el 17 de marzo) sin resolver el dilema, más se fortalecerán sus pretensiones. Pese a la gravedad de este cuadro, una inexplicable calma se vive puertas adentro de la coalición. No parece haber preparativos definitorios y lo que impera es un clima de siesta estival. De hecho, y según publica el portal “La Política on Line”, hasta Marcos Peña ha recibido una filípica por no haber podido encauzar el berenjenal cordobés. ¿Estarán esperando a que Mauricio Macri asuma la responsabilidad de zanjar la cuestión a través de un dedazo presidencial? En rigor, Macri pudo haberlo hecho hace ya tiempo y no lo hizo. En tren de supuestos, podría haber fortalecido la gestión de Mestre en los albores de su segundo mandato y fabricar, de tal modo, un candidato para suceder a Juan Schiaretti. El porqué se abstuvo excede este análisis, pero la omisión caló hondo en el intendente que, no en vano, se jacta de conducir la segunda ciudad de la Argentina con sus propios medios. Si, como se especula, es Negri el preferido por la Casa Rosada, pues para Mestre esto no significa gran cosa. Esta indefinición se propaga hacia la geografía electoral de la Capital. Así como el presidente se abstuvo de señalar a Mestre como su candidato, tampoco éste lo hizo claramente con nadie, con el agravante de que Cambiemos ostenta el gobierno del Palacio 6 de Julio desde hace ocho años. El asunto está aquí inclusive más abierto que en la escena provincial. Esto se refleja en una lista de postulantes que, cuanto menos, resulta variopinta. Desde Luis Juez a Soher El Sukaría, son muchos los oficialistas anotados para suceder al actual intendente, con el agravante de que ninguno mide gran cosa, excepto el propio Juez, un candidato que, de todas maneras, sería inviable para el radicalismo en el poder. Aunque las leyes de la guerra señalen que es más ventajoso defender que atacar, tampoco nadie parece estar preparando la salvaguardia del máximo bastión mediterráneo de la coalición, máxime cuando deambulan tantos generales reclamando su comando. No hay internas creíbles a la vista, ni encuestas definitorias (huelga decir que ninguno de los interesados podría pagarlas por sí mismo) que podrían arrojar certezas en lo inmediato. ¿Cómo se decidirá, entonces, la cuestión? ¿Con una moneda al aire? ¿O, perdidos por pedidos, se reclamará al presidente, con mirada trémula, que zanje él mismo, mayestáticamente, lo que no pudo resolverse sobre el terreno? Son demasiadas incógnitas como para ser desveladas en forma incruenta. El tiempo pasa y el poncho no aparece, mientas se diluye la imagen de renovación que Cambiemos prometía no hace tanto tiempo atrás. Al final, y por miedo a las internas, la coalición se encamina hacia el epílogo más polémico: una decisión anónima (o no tanto) por tal o cual candidato que, inevitablemente, dejará más heridos que indemnes.



Los que parecen no sufrir el martirologio de la duda son los veteranos de Unión por Córdoba. Es un hecho de que Schiaretti buscará la reelección y que Martín Llaryora competirá por la ciudad. El gobernador tiene gran aprobación popular y descuenta cierta prescindencia Macri en el asunto, dada su propia lejanía con los esfuerzos del peronismo federal por fabricar un candidato nacional relevante. Hay un pacto de cohabitación entre ellos que desespera -con razón y aunque nada puedan reclamar por tal cosa- a los macristas locales. Llaryora será la gran sorpresa. Según las encuestas, tiene chances ciertas de recuperar la ciudad para el peronismo. Hace 18 años que la fuerza no contaba con esta posibilidad, después de la compleja experiencia de Germán Kammerath. El exintendente de San Francisco está lejos de cantar victoria, pero está dentro del club de los dos dígitos junto con el concejal Tomás Mendez, Olga Riutort y el propio Juez. En un escenario que, como se presume, será de alta dispersión, ganará quién pueda sumar algo más (no es necesario mucho) que el resto. No debe olvidarse el hecho de que Mestre fue reelecto en 2015 con apenas el 32% de los votos. Es una vara que no se antoja como excesivamente alta para el actual diputado nacional. Con Cambiemos enfrascado en la parálisis que confiere la incertidumbre y con Unión por Córdoba velando armas forjadas con paciencia, el pronóstico no es alentador para quienes dicen defender el proyecto presidencial. Puede que, al final, las cosas les terminen saliendo mejor de lo que pintan, pero todo indica que, en lo inmediato, necesitarán algo más que buena suerte para escapar de un pantano en el que sólo ellos se han metido.



1 Comentario

  1. Impecable y certero análisis, refleja en los hechos la crisis política-ideologica que padecen lo Partidos Políticos.La banalización imperante es ejerecida por personajes supuestamente representantes de la Nueva Política.Ellos desprecian la historia,la filosofía,las distintas formas del humanismo etc. Se encaminan peligrosamente a encarnar al «hombre nuevo» del Negro Álvarez.

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