¿De qué Messi hablamos, Alberto?

Como armador para la candidatura de la ex presidenta, y en un ataque de bochornosa adulación, Alberto Fernández dijo que Cristina Fernández de Kirchner es Messi.

Por Javier Boher
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La política tiene muchas caras y aún más tareas. Se necesita gente que milite en el barrio, en las redes, que pinte paredes o pegue carteles en las calles, que mueva en los actos o que ocupe cargos públicos si se alcanza una posición de poder. Están los políticos que ponen la cara en la campaña y están los armadores, esos que por atrás se encargan de cosechar adhesiones, lejos de las cámaras pero muy metidos la cocina. Aunque al crédito se lo llevan los primeros, los segundos son la clave.

En ese lugar ha habido grandes nombres que nunca trascendieron más allá de las mesas de bar en las que discuten los que viven la política de verdad, no ese sustituto de poco vuelo a la que juegan los que ven videos de opinadores como El Presto o acciones para redes como las de Agustín Laje, que “emocionan” a los incautos (la exitosa estrategia usada por Durán Barba en sus campañas).

Uno que siempre ha disfrutado el ejercicio del armado (aunque también haya estado expuesto como Jefe de Gabinete) es Alberto Fernández, que creció con Néstor, apoyó y abandonó a Cristina, intentó con Massa (con éxito en 2013) y volvió con Cristina una vez que el tigrense se terminó desinflando.



Guiado por su vocación de llegar al poder a través de otros, hoy apuesta a unificar al peronismo trabajando para una figura que la mayoría del partido prefiere mantener lejos. Con la misma estrategia que un vendedor de autos usados, trata de levantarle el precio a su producto diciendo que es el mejor posible, aunque todos sepamos que viene desgastado por el uso.

En una entrevista concedida al diario Río Negro, mientras desarrollaba sus ideas del origen de la dispersión opositora y la negación de parte del peronismo a competir contra Cristina, afirmó que la ex presidenta es Messi. Vaya elogio para describir a alguien.

Pasando en limpio, Fernández dice que aquella mujer a la que abandonó después de la crisis del campo es equivalente a uno de los mejores jugadores de la historia. Podemos discutir a Messi, pero la mayoría diría que está en el top 3. Los que menos lo quieren lo pondrían entre los 10 mejores de todos los tiempos, pero no más allá de eso.

Si buscamos un equivalente entre los políticos, se complica. Solo para dejarlo en el siglo XX, sería como decir que Cristina es Churchill, Roosevelt o De Gaulle. Un poco exagerado comparar a una figura política que sólo logró reducir el número de pobres cuando dejó de contarlos con tipos que pararon la bronca contra el nazismo.

Incluso si lo ponemos en el país. Habrá dudas sobre cuáles serian los integrantes del top 3 en importancia, pero con las fijas de Perón e Yrigoyen (aunque no sin polémica) queda un solo lugar en el podio, que hasta el fugaz presidente Pinedo podría reclamar viendo la infame competencia que plantea Alberto.

Aunque Fernández haya tratado de usar la importancia del crack rosarino para el Barcelona como analogía de la necesidad que el peronismo tiene respecto a Cristina, tal vez podría haber hecho referencia a otros Messi.

Para empezar, podría haber hecho referencia al padre de Lio, al que condenaron por evasión e imputaron por lavado, dos actitudes tan bien vistas por el entorno de la ex presidenta. Si eso no le alcanzaba, podría haber hecho referencia a Matías, el hermano del crack, al que condenaron por tener armas, le balearon la casa y tiene problemas con la banda narco conocida como Los Monos.

Si en lugar de comparar a Cristina Kirchner con Lionel Messi por lo que éste hace en las canchas, Alberto Fernández hubiese elegido a los familiares del mejor jugador del mundo por lo que hacen afuera, tal vez ahí la analogía hubiese sido mucho más acertada.



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