Nadie descansa en vacaciones

No hay tiempo para relajarse, porque en pleno año electoral el panorama viene más o menos abierto y todavía faltan mover muchas piezas.

Por Javier Boher
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Buen día, amigo lector. Antes que nada, hay que desearle un feliz cumpleaños a Black Power D’Elía, que en el día de la fecha sopla 62 velitas. Quizás fue por eso y no por la milagrosa condena a Milagro Sala que el otro día se dio un baño de inmersión en el Obelisco.

Aunque él lo bautizó “piletazo”, ahora en tiempos de la identidad de género pareció suscribir a aquella protesta feminista del año pasado que dieron en llamar “tetazo”. Hagamos una polla y le regalemos una remera para que se tape un poco, que él sentirá orgullo pero a nosotros nos dio un poco de vergüenza ajena.

También fue el Caco de Rolando, el ex vicepresidente que disfruta su libertad por una interpretación del derecho más polémica que sunga animal print en el Fantasio. Además lo acompañó el Proxeneta de Recoleta, uno que podría haber usado esa sunga y liberado al Caco, para hacer gala de su desenfado Oyarbideano. Creen que no nos dimos cuenta, pero ninguno se metió a la pelopincho con el piquetero jihadista. Fea la actitud con el pobre Lucho.



Por lo menos hay que reconocerle el compromiso con el verano, porque se largó a hacerle frente a una estación que viene más traicionera que el difunto ex canciller Timmerman. Es admirable ese optimismo cuando la realidad hace prever que de frente se le viene un invierno más duro que el que le tocó a los nazis cuando invadieron Rusia.

Ellos se tienen una fe bárbara para ir a las elecciones, pero eso de que todo depende de la actitud es un verso que inventaron los feos con plata para no decir que levantan por la billetera. Yo le digo que para mí en algún momento la tropa macrista va a pasar a la ofensiva real para desaforar a la ex presidenta y mandarla a ver la novela de la siesta en un tele 14” sin control remoto a un pabellón común.

Si eso no pasó hasta ahora es porque acá la gente tiene menos memoria que Norma Aleandro en El hijo de la Novia. Ahí está buenísimo para ir por el Oscar, pero para nosotros es la misma película de siempre, en la que nos bofetea el alemán y repetimos la historia como unos pavos.

Trate de hacer memoria con este ejemplo: acá denunciaron una red de prostitución infantil que alcanzaba políticos, empresarios, sindicalistas, churreros, afiladores -y vaya a saber cuántos más- y tres meses después el tema estaba más olvidado que media de pata ‘e lana que escucha la puerta antes de tiempo.

Somos así para todo, aunque algunas pocas veces algún gran evento logra la persistencia del ajo crudo. Por ejemplo, este fin de semana se cumplieron cuatro años del asesinato de Alberto Nisman, el suceso político que definió que el kirchnerismo arme las valijas para abandonar la Casa Rosada y la provincia de Buenos Aires.

Cuando empezó todo, Gatricio tenía más o menos la misma intención de voto que hoy puede tener cualquiera de los candidatos del peronismo de los gobernadores. Alguien decidió que había que cargarse un fiscal y terminó dejando a Miauri solo frente al arco.

Le puedo asegurar que el asesor de cabello azabache no va a perder oportunidad de armar todo el circo posible para que Cristina enfrente a la justicia, aunque no le importe si eso pasa. Necesita el golpe de efecto.

Si a la viuda del Nestornauta no le sacan los fueros, son menos puntos para Pichetto y su inexplicable estrategia. Si se los sacan y consiguen la clásica foto con look casquete, a Macri lo votan más que a la afirmación “el fernet no se hace con Manaos”.

Piense que si la Emperatriz del Calafate iba presa hace seis meses, aunque la gente no se olvide de ella, seguro se iba a concentrar en algún otro candidato, sea el kunfú con medias Lavagna, el tigrense taimado o el gaucho del closet. O tal vez se ponían de acuerdo para que uno solo enfrente a la dictadura macrista.

El tema es que si eso pasa ahora, chau picho. La gente no se olvida de ella, a la vez que ya no hay tiempo de pasarle los votos a otro. Y sino que le pregunten a Haddad, al que sólo le faltó disfrazarse de Lula para tratar de conseguir sus votos y traccionó menos que ojota en el barro.

Ya le digo, amigo lector, que aunque todos estén poniendo cara de vacaciones, los equipos trabajan más que japonés con anfetaminas. Nadie va a ir a tomar sol a la playa como si acá no pasara nada. Porque cuando hay año electoral, la cosa es como en cualquier deporte: sólo se descansa una vez que está cerrado el resultado.



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