Los mitos no valen más que las leyes

El caso de una nena violada volvió a sacar a la luz el debate por el aborto, que en este caso sí está reconocido en la legislación actual, aunque algunos prefieran hacer de cuenta que su triunfo en el Senado los habilita a impedir su ejecución.

Por Javier Boher
[email protected]

abortoLa naturaleza humana es oscura y compleja. Es difícil saber qué es lo verdadero y qué es lo falso, porque los tiempos van señalando a su paso cuáles son las verdades en las que creer y apoyarse. Por supuesto que no existen verdades inmutables, porque la historia está empeñada en mostrarnos que las sociedades saben, cada una a su modo, adaptarse a los tiempos que corren. Las que eligen lo contrario siempre terminan avasalladas por (o aisladas de) el progreso.

Hace unos meses el país se dividió por una discusión que por primera vez llegó al recinto parlamentario por decisión del actual presidente. Tras años de patear el problema debajo de la alfombra, el titular del ejecutivo decidió dejar que se dé el debate en el lugar que corresponde.

Por supuesto que nadie permaneció indiferente ante esto: entre los que lo votaron y entre los que no, todos empezaron a rever su relación ante este nuevo tema que se ponía sobre la mesa. Entre los argumentos hubo algunos basados en evidencia científica, otros en fuertes convicciones religiosas, éticas o morales, y otros en una simple adopción de consignas sin la debida fundamentación.

Entre los argumentos de los que lograron imponer su postura (y que lo hicieron dentro del marco de la ley, como corresponde en el funcionamiento mayoritario de los órganos de debate y legislación de una república que se precie de tal) se escucharon algunos muy centrados y otros absolutamente disparatados, como los de aquel diputado que cree que los embriones pueden desarrollarse en envases, como en “Matrix”.

Por supuesto que en debate se hablaba de una ampliación de derechos para las mujeres, aunque algunos desvelados estuviesen dispuestos a cercenar los reconocidos hace casi un siglo. Aquella vieja ley hoy está en el centro del debate.

El caso de una nena violada en Jujuy generó una serie de protestas que incluyeron a una diputada evitando que se realizara un aborto tal como reconoce la ley existente desde antes del debate del año pasado. Incurrió en un delito del que hay evidencia concreta y por el que no se le deberían reconocer sus fueros, tal como queda claro en la ley.

Por supuesto que ahora los jujeños deben vérselas con una situación desagradable como una nena de 12 años que cursa un embarazo del que no sabía nada, producto de un abuso que no pudo denunciar, en una provincia que esperó hasta 2018 para adoptar (de manera incompleta) la ley de Educación Sexual Integral que le podría haber dado las herramientas para hacerlo antes.

Jujuy es una provincia en la que siete de nueve diputados y senadores nacionales (todos de la coalición oficialista provincial, alineada con el gobierno nacional) votaron en contra del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, aunque luego buscaron congraciarse con otros sectores proponiendo proyectos que amparen a las personas gestantes (incluso para acogerse al aborto legal).

La vida real en el siglo XXI no es mitología antigua en la que un bebé en una canasta por un río va a ser guiado como liberador de un pueblo o que uno a punto de ser asesinado por su padre por pedido de Dios va a ser salvado por ese mismo Dios egocéntrico y manipulador.

Acá conocemos el nombre y la cara de una nena que todavía no quiere ser madre y está en su derecho, porque no pudo elegir cómo ni cuando concebir. ¿Es preferible hacerla correr riesgo de vida por parir a una edad en la que todavía ni siquiera tuvieron biología en la escuela? ¿y hacerla llevar a término un embarazo que no quiere, para después regalar el hijo?.

La idea de un aborto como algo más traumático que un parto no deseado ha sido ampliamente refutado por la ciencia, único ámbito racional en el que puede darse este debate. Las convicciones religiosas servirán para elegir una postura y participar del debate, pero deben quedar fuera de la redacción de una ley que luego será de aplicación universal.

Ese mismo Estado de derecho que les permitió ganar la votación en el Senado es lo que hoy hace sufrir a los grupos provida. Aquella ley de 1921 que sobrevivió a sus marchas, sus pañuelos y sus ofensas no reconoce plazos para la interrupción de un embarazo producto de una violación. No importa cuánto les duela que ese embarazo ya vaya por el sexto mes: afortunadamente la ley es la ley, y todos somos libres si la cumplimos.