Sellada la unidad, ahora el PJ cruje por el armado de listas

La carrera de posicionamientos ya comenzó y promete cortocircuitos internos. 

PJLa armonía política que caracteriza al peronismo cordobés en este momento, se verá alterada en breve.

El proceso de unidad puesto en marcha como reflejo a la muerte repentina del ex gobernador José Manuel de la Sota, encuentra hoy a todo el justicialismo local encolumnado detrás de la figura de Juan Schiaretti.

A excepción de la dirigente capitalina Olga Riutort que, hasta ahora, es la única que se mantiene por fuera de la estructura partidaria, el PJ logró en pocos meses lo que nunca antes había podido: abroquelarse sin fisuras.

En la antesala electoral, ese tono monocorde alcanzado les da sensación de seguridad y solidez política a la vez que funciona como una inyección de adrenalina y confianza frente a los dos procesos electorales más importantes que afrontarán el próximo 12 de mayo: la pelea por la continuidad en el poder provincial y el desafío de arrebatarle la Capital cordobesa a Cambiemos.



Más o menos contentos con el lugar que ocupan tras la reestructuración de Unión por Córdoba (UPC), todos están adentro siguiendo el ritmo marcado por el capitán del barco.

Sin embargo, el tiempo de descuento rumbo a los comicios comenzó y el cronograma electoral echó a correr.

El miércoles 13 de marzo vence el plazo para presentar las alianzas electorales mientras que el sábado 23 deberán informarse las listas definitivas. Y es justamente esta segunda fecha la que comienza a inquietar en el peronismo. Es que por ahora lo único que está definido es quienes serán los dos principales candidatos, Schiaretti que irá por su reelección y el diputado Martín Llaryora, por la ciudad de Córdoba.

Si bien tener eso ya es un montón, sobre todo cuando el tablero definitivo aún no se conoce porque el principal rival sigue empantanado sin poder parir sus candidatos, la realidad es que del segundo renglón hacia abajo la boleta del peronismo está en blanco.

Y es allí donde comienza a tallar la etapa que se abre ahora, la de la puja por los lugares en las listas.

Intendentes que no pueden volver a repetir y que miran expectantes las candidaturas a legisladores departamentales; legisladores o concejales que quieren revalidar su título o saltar a la estructura de gobierno; dirigentes que creen merecer salir del trabajo territorial para ocupar un lugar en la función pública; reclamos por ascensos son entre, muchas otras, las  apuestas que hace la dirigencia de UPC.

La carrera de posicionamientos interno ya comenzó y promete ser cruda. Sobre todo ahora, que las decisiones quedarán sólo en manos de Schiaretti y que ya no habrá otro sentado en la mesa de negociación.

Aunque desde el Ejecutivo intenten calmar las aguas asegurando que hay lugar para todos, la realidad es que la pelea por los puestos más expectables será descarnada y anticipa cortocircuitos internos. En esa rosca comienzan a jugar un montón de factores donde cada jugador sigue su propia estrategia.

El capítulo de Capital es otra gran expectativa que se abre para los dirigentes del PJ que vienen trabajando en un proyecto de ciudad. Los peronistas fantasean con la idea de obtener esta vez algo más que cuatro o cinco bancas en el Concejo Deliberante. Son varios los que ya se prueban el traje de candidato a vice de Llaryora y muchos más los que se imaginan ocupando puestos políticos en la primera línea del gobierno municipal.

Por lo pronto, los tres precandidatos que estaban en carrera, ya dejaron de serlo. Nadie imagina a Miguel Siciliano, Daniel Passerini y Gabriel Bermúdez objetando públicamente la postulación de Llaryora y exigiendo, por ejemplo, internas. Al contrario. Se mostrarán acompañando ese proceso aunque hacia adentro buscarán posicionarse lo mejor posible.

No hay margen para la histeria política y mucho menos para contradecir las decisiones que viene de la máxima autoridad del PJ.



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