La «Pulguita», provocador de internas justicialistas

La salida intempestiva del delantero Luis Rodríguez de Atlético Tucumán, su lugar en el mundo, es consecuencia de una grieta tras su afiliación al Partido Justicialista. Su alta imagen positiva es un anzuelo para los bloques, aunque no tuvo el mejor desenlace en la puja entre el ex gobernador Alperovich y el actual, Manzur. En Córdoba tuvo su primer acto político.

Por Federico Jelic

El mapa político en Tucumán siempre estuvo muy ligado al fútbol, como raigambre fundamental, y en esta ocasión, un ídolo popular figura en el centro de la atención y también de las críticas, a pesar de que la imagen positiva dentro de la cancha lo tiene como invulnerable. El mero hecho de que Luis Miguel Rodríguez, más conocido por el mote de «Pulguita», anunciara su afiliación al partido peronista, revolucionó el espectro político, provocando consecuencias impensadas para una figura que siempre gozó de una gran aceptación social.
La ruptura (o la grieta, término tan usado en tiempo de posverdad) se terminó propagando no solo en los escritorios sino también dentro de la cancha, por eso es que no se entiende del todo la salida de la tan querida «Pulguita» de su Atlético Tucumán, su lugar en el mundo, a un desahuciado Colón de Santa Fe, solo para cuidar más su imagen y lanzarse del todo con su desembarco en las funciones públicas.
La rivalidad entre el ex presidente del club y ex gobernador de Tucumán, Juan Alperovich, cercano al Kirchnerismo, con el actual gobernador, Juan Luis Manzur (identificado con el Peronismo Federal), se marcó a fuego después del episodio de la «Pulguita». Y entonces, el actual presidente del club, Mario Leito, no tuvo más remedio que ceder ante  el pedido de Alperovich (su aliado) para desprenderse de sus hombres más importantes dentro de la cancha. Razones políticas. Historias de traiciones, desencantos, pase de facturas, cuyas consecuencias salpican a un ídolo deportivo que buscará cambiar pantalones cortos por saco y corbata en un futuro no muy lejano.
Córdoba incluso fue testigo del puntapié inicial de la «Pulguita» en la política, en barrio San Vicente, con un partido solidario con una causa social delicada, que le valió fotos, adhesiones y puntos sociales también desde lo popular, justo en la provincia donde debutó como profesional con la camiseta de Racing de Nueva Italia.

Foto y discordia
La foto recorrió todos los rincones de Tucumán y también los puntos cardinales del país en el planisferio peronista. Luis Rodríguez junto a su compañero Guillermo  «Bebe» Acosta en uno de los equipos más populares de la provincia, Atlético Tucumán, se afiliaron al partido Justicialista, creando una simbología al respecto que terminó de la peor manera.
Repentinamente Atlético Tucumán vendió a la «Pulguita» en escasos 400 mil dólares más allá de prolongada edad (34 años) y Acosta emigró a Lanús de la noche a la mañana. Y eso que el equipo «Decano» marcha segundo en la Superliga, con aspiraciones de campeonato, por lo que entonces sorprende lo raudamente que se desprende de sus dos delanteros más peligrosos en el área. No cierra por ningún lado. Desde el proyecto deportivo ni del institucional tampoco.
Y todo se debe a una puja política e internas partidarias. Los dos jugadores, con apetencias políticas incipientes, hasta septiembre del año pasado estaban cerca de competir en la interna del PJ con Julio Alperovich, pero en el último trimestre cambiaron de opinión y, con su afiliación, pretenden ser legisladores por el oficialismo del actual gobernador, Juan Luis Manzur. Hecatombe total.
Las primeras reacciones del lado de Alperovich fueron tan drásticas como impulsivas: un contragolpe letal, como cuando Acosta y la «Pulguita» encaran con espacios y pelota dominada. Desde la línea del ex gobernador (también identificado con Atlético Tucumán) se pidió la impugnación de la inscripción de ambos jugadores al PJ por no cumplir con los requisitos básicos. Son controversias de partidos políticos  y no de  partidos de fútbol, en terrenos donde los dos jugadores aún buscan lograr adaptación.
En el círculo íntimo del ex gobernador señalan que en la arena política es muy duro con sus contrincantes, pero aún más con aquellos que siente que lo traicionaron. Frases coloquiales y mundanas para infundir poder y temor en aquel que no se encuentre en sintonía con sus ambiciones. No es algo nuevo.
Alperovich, de enorme e histórica incidencia en Atlético Tucumán, bajó la orden de alejar a ambos jugadores, con riesgo político fuerte por sus enormes arraigos populares y atractivos para las elecciones, lejos de la provincia. Acto seguido, la ‘Pulga’ anunció su partida a Colón con un emotivo video despedida en redes sociales  y el ‘Bebe’ Acosta, que estaba siendo sondeado por varios clubes, se fue a Lanús. Clarito y contundente.
Es cierto también que algunas voces del club admiten esta cuestión política como fundamental, aunque por algo rápidamente los principales dirigentes de Atlético dieron la orden de esgrimir cuestiones económicas y del «desgaste lógico» con la necesidad de aires nuevos para ambos jugadores.  Justo cuando el equipo figura a cuatro puntos de la cima del torneo, persiguiendo al líder Racing Club, a meses de la histórica campaña en Copa Libertadores de América, donde alcanzaron nada menos que a los Cuartos de Final.
Con muchas idas y vueltas en la relación con la dirigencia, Leito, actual comandante de la entidad, ya les había advertido a ambos que de jugar en política tendría consecuencias y esquirlas. Y por eso, como el presidente también con apetencias políticas a futuro, no dudo en ejecutar el pedido clamor de Alperovich, su mentor.  Pero ojo, quizás le suman en imagen futura, para captar votos de los hinchas de San Martín, que hoy son rivales, y que poseen la otra mitad de las voluntades en una provincia tan pasional deportiva y políticamente.

En Córdoba, primer acto
La «Pulguita» tiene todo el perfil político necesario para posicionarse de entrada. Mundano, humilde, de raíces de villa y barrio, popular, cercano a la gente, y lejos de haber nacido en «cuna de oro» y sobre todo por sumarse siempre  a causas solidarias.
De hecho, en Córdoba organizó su primer acto político-caritativo. Dos semanas atrás, en la esquina de Ambrosio Funes y Junín, unas canchitas precarias fueron sede de un partido con fines benéficos, para colaborar con Uma, una niña de dos años que padece un cáncer terminal. La entrada era un alimento no perecedero, y lo acompañaron varios futbolistas de su paso por Racing y otros de renombre en Talleres y Belgrano. Una vez consumado el acto, no se sumó a la demagogia de hablar en público, como reconociendo su perfil tímido pero a su vez, siendo consciente que lo discursivo y la oratorio no son sus fuertes. Su máxima arma de conquista es la pelota, por eso se quedó firmando autógrafos y  posando para fotos hasta tarde. Allí estuvo su contacto político con las masas.
Se esperan muchos más capítulos para esta interna peronista en Tucumán porque la barra, históricamente identificada con Alperovich, está en la mira del actual gobernador Manzur y podría haber muchas novedades en los próximos tres meses. Además, Cambiemos teme que esta interna justicialista ahora con fuerte impronta futbolística se lleve la atención para unas elecciones que estaban pautadas para junio y que Manzur pretende adelantar a fines de mayo.



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