Elegir quiénes queremos ser, antes que nada

Los argentinos somos una nación de gente orgullosa y tenemos grandes razones.

Por Diego Mestre (*)

Los argentinos somos una nación de gente orgullosa y tenemos grandes razones. Somos la Argentina que derrotó al analfabetismo cuando otros países ni siquiera soñaban con eso; somos la cuna de personalidades iluminadas que llegaron a influir mundialmente en las ciencias y artes. En definitiva, fuimos y somos tierra de verdaderos luchadores, digna de ser contemplada. Esta patria nuestra, tuvo en el siglo XX uno de los más altos índices de prosperidad y riqueza del mundo, por encima de Japón, Dinamarca, Australia, Francia, Alemania, Italia, EE.UU., Suiza, Noruega, entre otros. Seguimos siendo un país que cobija a los extranjeros -y les da la posibilidad de lograr una vida digna-mientras el resto del mundo cierra sus fronteras en medio de intolerancias étnicas. Tenemos esa nobleza de brazos abiertos en nuestro ADN.
Por otro lado, somos la Argentina que exhibe división profunda, ebullición social, ofensivas brechas entre ricos y pobres, enfrentamientos por política, religión, fútbol o cualquier construcción social que despierte pasiones. También somos la Argentina que necesita seguir puliendo su sistema de Justicia para que, a través de sus procesos y fallos, no muestre que es lo mismo ser un ciudadano de bien que un delincuente. Necesitamos sanar esta Argentina del statu quo enfermizo que castiga a los que mueven los engranajes del sistema productivo y premia a los especuladores. A través de nuestras normas y políticas, debemos invertir el sistema de recompensas y castigos.
Estos cambios que buscan una mayor institucionalidad y mayor respeto por el ciudadano de bien, se vienen buscando y generando desde hace tres años. Hemos tomado decisiones para que el país vuelva a formar parte de un ancho mundo, lleno de oportunidades. Se han aprobado normas para que la Justicia sea más cercana, transparente, ágil y moderna, de modo que los malhechores no disfruten de una impunidad obscena y desmoralizante. Se sumaron leyes para ayudar a las Pymes, a los emprendedores de todo tipo de industrias, a que la competencia sea más leal y la responsabilidad empresaria pueda controlarse. Se ha construido un consenso sin precedentes con las provincias, para eliminar el déficit fiscal crónico (en los últimos 120 años, solo tuvimos superávit fiscal durante 10). Claro que aún faltan medidas de amplio espectro, pero debemos ser conscientes de algo: las leyes que impulsamos desde el Congreso, las políticas que se implementan desde el Poder Ejecutivo y los diferentes estamentos de la Administración Pública, no son suficientes para garantizar nuestro progreso, sobre todo en este mundo volátil, confuso, incierto y ambiguo, que funciona cada vez más como un solo cuerpo con órganos interconectados.
Necesitamos, además de todas esas medidas necesarias, algo fundamental: que los argentinos nos comprometamos a despertar el gigante que yace en nosotros. Que nos volvamos partícipes del cambio y que elijamos con plena libertad quienes queremos ser. Eso antes que nada. No debemos engañarnos con atajos demagógicos, espejismos ideológicos y demás cantos de sirenas. Estamos dejando atrás, paso a paso, el aislamiento producido por un narcopopulismo, que, amparado en un relato megalómano, descompuso las fibras más profundas de nuestra sociedad y dilapidó el erario público sin miramientos. De modo que el cambio es un camino largo que estamos construyendo con responsabilidad. Y entre todos.
¿Por qué nos hemos empeñado en esconder aquel país de empresas innovadoras, industrias prósperas y una fuerza laboral virtuosa, actualizada en los procesos y procedimientos de las cadenas de valor más rentables? Nuestros hijos y nietos deben saber que Argentina sigue siendo aquel imán glorioso que atrajo a nuestros abuelos, esa marea humana que viajó desde lugares remotos, con afán de sacrificio, para aprovechar las condiciones inmejorables de nuestro suelo, dejando atrás guerras, persecuciones y hambrunas.
Es necesario recordar quiénes somos y de dónde venimos. Tenemos el potencial humano, los recursos naturales y las instituciones para fortalecer esta democracia, recuperada hace 35 años y protegida por una Constitución Nacional ejemplar, amplia y sabia; la misma que invocamos y consultamos para proponer, aprobar y promulgar normas en el Congreso de la Nación. La misma que rige nuestra vida de seres de bien.
Todos los tiempos se unen: nuestro pasado dorado y este presente de transición hacia un futuro lleno de posibilidades. Aun con nuestras tormentas, debemos elevarnos orgullosos de nuestra identidad, ese brillante faro que nos guía cuando la incertidumbre acecha.
Quienes se sacrifican y siguen creyendo en una Argentina próspera y fraterna son los verdaderos protagonistas de cualquier cambio posible. A ellos, sobre todo, hay garantizarles su derecho a progresar, ser libres y cumplir sus sueños, sin que nadie atente contra ellos. Ni siquiera el Estado.

(*) Diputado nacional por UCR-Cambiemos (Córdoba).
Publicado en TELAM.



1 Comentario

  1. ¡Es por ello que los CORDOBESES, debemos CAMBIAR, no solo al actual gobernador, sino a los que fracasaron en la gestión Radical de la ciudad de Còrdoba! La hermandad Mestre, deberìa dar un paso al costado y para “que haya un futuro lleno de posibilidades”, que se abstengan de seguir intentando gobernar. ¡Que venga Negri, u otros/as Radicales y CAMBIEMOS EN SERIO!

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