Elige tu propia Semana Trágica

A cien años de la primera matanza de obreros e inmigrantes de la Argentina moderna, se puede ver la facilidad con las que algunos han sabido readaptar el relato para que pegue con sus intenciones.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Muchos de nosotros, en nuestra niñez o preadolescencia, hemos leído aquellos libros de “Elige tu propia aventura”. No importa si era “La supercomputadora”, “El secreto de los ninjas” o “El misterio de los mayas”. Siempre podíamos elegir un camino diferente.
Por supuesto que en cada relectura nuevas cosas influían nuestras decisiones, por lo que podíamos intencionalmente ir seleccionando según nuestra conveniencia. Si queríamos terminar pronto, las páginas altas. Si queríamos estirarlo, la opción que dejaba una puerta abierta. Con cada decisión íbamos armando nuestro relato.
Algo así es lo que le pasa a gran parte de la izquierda desde la llegada de Macri al poder. De golpe empezaron a reinterpretar la historia, incluso haciendo cortocircuito con sus doce años de gobierno. Volvieron a leer la historia, pero esta vez con otro relato.
Tomemos el caso de la Semana Trágica, hecho del que ayer se cumplieron cien años. No faltó personaje del universo progresista que no se tomara un rato para reflexionar sobre el significado de aquella terrible mancha en nuestra historia, una pose similar a usar el luto el 24 de Marzo.
Vamos a repasar rápidamente el hecho. En una Buenos Aires trasformada profundamente por las sucesivas oleadas inmigratorias, con una nueva clase media que había elegido al radicalismo y una clase privilegiada desafiada políticamente, la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial habían transformado las expectativas de todos.
Alentados por el triunfo de los bolcheviques, los sindicatos se fueron fortaleciendo y aumentando sus exigencias (con las que se lograron verdaderas conquistas que se disfrutan aún hoy). Así, las huelgas en los talleres Vasena se empezaron a repetir con frecuencia desde fines de 1918, convirtiéndose en una huelga general con toma de las instalaciones desde principios de Diciembre.
Tras un mes, se desató el caos. Grupos de derecha nacionalista, antisemitas y xenófobos salieron a cazar obreros inmigrantes, sin distinguir entre hombres, mujeres o niños. Hubo torturas y abusos de todo tipo que se extendieron desde el 7 hasta el 14 de enero, volviendo los obreros a trabajar el 20 y decretando una nueva huelga el 12 de febrero.
Todo llegó a su fin cuando la empresa decidió hacer un lock-out patronal y cerrar sus puertas para dejar a todos en la calle. Reabrió, no sin problemas, recién en abril de ese mismo año. Dos meses y medio de conflicto, 700 muertos reconocidos (aunque se habla del doble), 55 desaparecidos (en su mayoría niños) y más de 50.000 detenidos en todo el país.
Ante lo innegable de la historia, muchos acongojados por la reciente muerte de Osvaldo Bayer salieron a hablar de su obra en defensa de aquellos obreros y en contra de aquellos radicales, como si todo pudiera ser extrapolable a las luchas que creen estar librando hoy.
Muchos igualaron la decisión de Yrigoyen de arrasar con los anarquistas con lo que se debate hoy sobre la “doctrina Chocobar”, la edad de imputabilidad o las deportaciones de inmigrantes que han cometido delitos, como si el uso de armas, los sistemas políticos y las fronteras no hubiesen cambiado en un siglo.
Los mismos que celebraban a ese Yrigoyen de YPF, o recordaban nostálgicos las enseñanzas de Alfonsín (que pretendió ser su sucesor con aquello del “tercer movimiento histórico”) hoy sienten que el radicalismo es el partido de los patrones, terratenientes y estancieros. Reinterpretan la historia desde su lugar de menesterosos en la política actual.
Esa sobreactuada compunción se suma a otros recortes arbitrarios que han hecho con el tiempo. En un libro de hace dos años llamado “Trienio en Rojo y Negro”, Roberto Perdía (de trascendental rol en Montoneros) retoma a Milcíades Peña y reconoce la participación del entonces Teniente Juan Domingo Perón en la represión a los metalúrgicos de Vasena.
A su vez, los que hoy se escandalizan del accionar antisemita de la Liga patriótica y los nenes bien de las clases altas de principios del siglo XX son los mismos que en 2013 firmaron el Memorándum con Irán negociando impunidad por el atentado a la AMIA a cambio de petróleo.
Las declaraciones de los que hoy se sienten en una trinchera confrontando el avance de la derecha explotadora (que a los ojos de la gente común es algo más parecido al avance de la sensatez) demuestran qué fácil es ver la paja en el ojo ajeno para esos que van saltando entre páginas, acomodando el relato y eligiendo su propia aventura, que hoy nos demuestran que no es otra que “reinterpretar el pasado para resistir con aguante”.



Dejar respuesta