Las buenas noticias económicas tardarán en llegar

Cada vez es mayor el consenso acerca de que la recuperación, muy leve, recién se sentirá a partir del segundo semestre. La suba de tarifas ya eleva el piso de inflación para los primeros meses.



Por Gabriela Origlia

En Argentina parece existir siempre un motivo de preocupación económica; desde los últimos días del 2018 el dólar aflojó y la tensión cambiaria –para los ciudadanos comunes- cedió. En cambio, los primeros datos privados de inflación en el arranque del año no son nada optimistas y sumarán descontento al humor social. Además impacta en las empresas ya que se alejan las posibilidades de una baja de las tasas de interés.

Las consultoras, después de los anuncios de subas de tarifas, recalcularon sus estimaciones de inflación para el primer cuatrimestre y plantearon la posibilidad de un tres por ciento mensual, con lo que sería complejo alcanzar el 23% fijado en el presupuesto 2019.

Cada vez son menos los economistas que esperan que la recuperación empiece antes del segundo semestre y, aun así, será tan leve que el año terminaría en negativo. La perspectiva del Gobierno –en un período electoral- es que a medida que se acerque la votación empiecen las buenas noticias, en especial la recuperación del poder adquisitivo.

En octubre –último dato disponible- los salarios volvieron a perder frente a la inflación. El índice de salarios del total de los trabajadores registró ese mes un incremento del 3,7% frente a una inflación del 5,4%.

Con relación a un año atrás, los salarios a octubre en promedio aumentaron un 26,2% y la inflación ascendió al 45,9%. Esta diferencia de 19,7 puntos equivale a una pérdida salarial del 13,5%. Los trabajadores privados no registrados (“en negro”) fueron los más perjudicados.

Este año, probablemente, haya más conflictividad gremial por la necesidad de recuperar lo perdido. Los economistas estiman que los salarios podrían ganarle a la suba de precios por dos o tres puntos; nada frente al rojo acumulado.

Las exportaciones, en las que confiaba el oficialismo por el impacto del mejor tipo de cambio, subieron pero no alcanzan para “tirar” a toda la economía. La retracción de los motores internos (privado y público) pesó más que el impulso de las exportaciones.

Un trabajo del Ieral, por caso, señala que en todas las regiones, los motores internos fueron negativos en el tercer trimestre de 2018. No sólo ha influido la reducción de los ingresos (netos de inflación) de la población, sino además que los gobiernos provinciales han sido más moderados en sus gastos.

La región Pampeana fue una de las menos afectadas puesto que su economía es más exportadora y menos dependiente del gasto público. Por las razones inversas, las provincias norteñas fueron las que presentaron peor desempeño en el tercer trimestre de 2018. Sorprende Cuyo, donde la actividad económica cayó menos.

Los empresarios también están de mal humor; algunos lo expresan en voz alta y otros en reuniones privadas con el Gobierno. La baja de reintegros y la imposición de retenciones generalizadas impactan en la rentabilidad aun con muy buen tipo de cambio. La presión impositiva este año será récord, más alta que en 2015.

Esta semana el economista Juan Carlos de Pablo, en declaraciones a El Cronista, sostuvo que el Gobierno «no se cansó de equivocarse» en sus políticas para combatir la inflación. Y que falta una política fiscal seria.

Sobre qué pasará cuando, a finales de año, se acabe el financiamiento, dijo: “No tengo la menor idea. ¿Se se va a recuperar? Esto es de almacenero, sino se recupera la confianza vos tenés dos alternativas: o monetizas la deuda y la gente no quiere los pesos, o entrás en refinanciaciones voluntarias, etc, etc. O finalmente algún default. Yo no veo a nadie diciendo ‘estamos generando suficiente superávit fiscal para pagar las deudas que estamos contrayendo’”.



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