Compañero Bolsonaro

Anti ciencia, anti derechos, populistas y antidemocráticos, Bolsonaro hace que sus admiradores broten por acá. No son tan distintos a lo de siempre, aunque no quieran ver adónde puede acabar eso.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Llegó el día, amigo lector. Con el inicio del año, como levantados de una mala resaca, asumió Jair Bolsonaro la presidencia de Brasil. Finalmente la región se metió en el giro a la derecha que el resto del mundo viene dando hace rato.

Ojo, no se confunda. Tal vez a nosotros nos venga bien un susto así para que el gobierno empiece a actuar de una buena vez. Porque el ex militar no llegó a decir “hagamos gradualismo, porque no se puede ofender a los que gobernaron 14 años”. No no, arrancó con toda la fuerza, dispuesto a que el PT pase a la historia brasilera, como acá con el PI, el MID o el Demócrata Progresista.

¿Los chicos quieren saber que fue el PT? Que le pregunten a los padres. Como todo lo que tiene que ver con diversidad sexual, por ejemplo. La recién asumida ministra de educación dijo algo así como “rosa para las nenas, celeste para los nenes”. Que se cague La Pantera Rosa, que tendrá nombre de nena pero sabemos que es hombre.

Ese tipo de políticas son las que apoyan sus socios evangelistas, un espacio que acá ya está “concebido”. Ya eligieron candidato para Córdoba, el patrono de las madres solas, Aurelio García Elorrio. Esta bien que no son exactamente en lo mismo, pero casi, algo así como el portugués y el castellano.

Bolsonaro supo canalizar la ira de ese grupo, que fue creciendo al margen del Estado y la iglesia católica, hasta plantarse al frente del resto. Así como surgió la burguesía y le hizo frente a los nobles, los evangelistas van más o menos por el mismo camino, aunque con los burgueses llegamos al liberalismo y con los pastores corremos riesgo de volvernos un par de casilleros para atrás, como en el Juego de la Oca.

Lo llamativo es que la prédica del nuevo presidente de Brasil es a favor del liberalismo, pero tal como la mayoría de los liberales nuestros, se queda sólo con la parte de la libertad de empresa y el estado mínimo.

En lo que hace a los derechos individuales, nada. No hay más religión que el cristianismo, sobran los derechos laborales y todos los derechos sexuales son un invento de “plan párenju”, como le gusta repetir también a nuestros diputados y senadores.

Ese discurso de que hay mucho gasto público acá se le escucha a varios, como al pelado Espert, que quiere ser candidato a presidente cuando ni siquiera conduce un programa de tv, sino que se limita a ser panelista de un tipo que comentaba fútbol y hoy se cree Neustadt.

O al economista de peinado babasónico, ese que disfruta diciendo malas palabras, tuiteando en mayúscula y maltratando a la gente, como si fuese tan complicado. Si yo pongo “MILEI, SOS UN IMBÉCIL, SORETE MAL CAGADO” creo que estaría bastante cerca, aunque no sé si me saldría positivo como a él.

Todos estos adoradores de la nueva derecha en realidad son parte de la vieja derecha, que adora a los viejos caudillos y detesta a las nuevas libertades y derechos. Son oscurantistas, porque niegan la ciencia. Son conservadores, porque niegan que cada uno viva su vida como quiera. Son fascistas, porque desprecian la democracia. Son populistas, porque dicen lo que la gente quiere oír, aunque eso haya cambiado con los años.

De hecho, no es tan distinto a los políticos tradicionales. Casi que le diría que es un ñoqui. Es que en definitiva el tipo siempre vivió de arriba: primero fue milico, en un país que tiene menos guerras que el sudoku. Una vez que se dio cuenta que levantarse temprano y ducharse con agua fría no le gustaba, pegó el salto a la política para seguir becado.

20 años como diputado, pero sin pena ni gloria. En las sombras, compartiendo la cámara con el Payaso Tiririca (al que le hicieron un examen de lectocomprensión para ver si podía asumir) y otros tantos políticos que votan con el mismo convencimiento con el que los reídores de los programas levantan chistes que hacen menos gracia que golpearse el codo contra la mesa.

Probablemente Brasil no sufra grandes cambios revolucionarios, porque tiene ciertas estructuras que ya andan solas, cosa que acá no ocurre. River tuvo a Pasarella de presidente y se fue a la B, pero las inferiores siguieron produciendo jugadores y desde el ascenso ganó dos sudamericanas y dos Libertadores. Algo así es la suerte que tienen ellos.

Ya le digo, amigo lector, que acá estamos tan desesperados por que las cosas cambien que todos siguen buscando afuera los líderes que acá no tenemos. Créame que allá tampoco, porque Bolsonaro está más cerca del simio que es Maduro que de los verdaderamente maduros que condujeron la globalización y el mundo con éxito durante 30 años.

Por lo pronto, para desilusión de nuestros liberales, arrancó dando aguinaldo a los planeros. Ya sabemos qué militar empezó dando el aguinaldo y mire dónde estamos. Recuerde que yo le avisé.



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