¿Por qué importa el vicegobernador?

El reciente debate que se ha desatado respecto a quién va a acompañar a Schiaretti en la fórmula por la reelección deja ver aspiraciones personales, pero no sólo de los que empiezan a asomarse.



Por Javier Boher
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Sorprendentemente, las negociaciones por quién va a acompañar a Schiaretti en la fórmula por la reelección se han convertido en un tema importante. Analizado parcialmente ayer en las páginas de este mismo diario, despierta un interés algo desmedido para la historia de los vicegobernadores desde que Unión por Córdoba llegó al poder.

Aquella fórmula con la que se desplazó al radicalismo de la casa de gobierno estaba integrada por José Manuel De la Sota y Germán Kammerath, que por el impulso de aquel resonante triunfo llegó a la intendencia de la capital, motivo por el cual renunció al cargo para el que se lo había votado pocos meses antes.

Muchos delasotistas que esperan algún día reconquistar los corazones de los vecinos de la ciudad prefieren hacerse los zonzos cuando les recuerdan aquel episodio, señalando que Kammerath no era peronista sino liberal de la UceDe, partido que ha aportado cuadros a Cambiemos a través del Pro, que los recibió para crecer.

Esos años en los que Kammerath dejó el cargo, la titularidad de la legislatura recayó en diversos personajes, todos del núcleo duro que había llegado al poder. Así, el vicegobernador de aquel primer mandato fue cualquiera que estuviera en la línea sucesoria por cuestiones de leyes.

Con la reelección de De la Sota le llegó el turno de la vicegobernación a Schiaretti, su principal socio político y con quien diseñaron el esquema de sucesiones planificadas. El hoy gobernador cumplió su mandato como vice y fue rápidamente ungido como sucesor para las elecciones de 2007, en las que lo acompañó el “pichi” Campana.

El vicegobernador electo fue una figurita que el peronismo le robó a Luis Juez, por entonces un firme adversario que se fue achicando con el paso de los años. Campana sufrió el rechazo de gran parte del electorado juecista de la capital, lo que lo fue empujando cada vez más a los márgenes de la discusión política real.

En 2011, con la imposibilidad de Schiaretti de apuntar a un segundo mandato se dio el regreso del Hombre, secundado por Alicia Pregno, que desempeñó el rol con la confianza de la mayoría automática con la que hace años cuenta el oficialismo en la legislatura.

Así llegamos al período que culminará en diciembre de este año. Tras haber atravesado con éxito las legislativas 2013, Juan Schiaretti fue por un nuevo mandato, esta vez secundado por Martín Llaryora, con quien compartió aquella lista de diputados que marcó el principio del fin para el kirchnerismo.

Nuevamente las necesidades políticas mandaron, y el vicegobernador debió licenciar el cargo para asumir como diputado nacional después de una dolorosa derrota que sufrió en las legislativas de 2017.

Otra vez sin vicegobernador, pero sin riesgos de desbordes, el año pasado las vacaciones trajeron una situación particular. Con Schiaretti de viaje y Llaryora como diputado, y ante las ausencias del presidente de la Legislatura y de la presidenta del Tribunal Superior de Justicia, un vocal del TSJ terminó ocupando la máxima autoridad provincial.

Tal como dijimos otras veces, el cargo es tentador para quien pretenda candidatearse en 2023 para suceder al actual gobernador, por lo que es lógico que haya muchos anotados. Lo raro es la forma en la que se da la discusión.

El debate sobre qué va a pasar con la vicegobernación provincial no obedece al fervor republicano e institucionalista del peronismo, sino pura y exclusivamente a cálculos políticos. Por supuesto que Schiaretti pretenderá estar acompañado en la fórmula por alguien de su absoluta confianza, pero es justamente eso lo que llama la atención.

Esto último refuerza los rumores de un Schiaretti compitiendo en las PASO, porque este debate hasta hace cuatro años era inexistente: en los 20 años de UPC, nunca fue tan importante la discusión sobre el vicegobernador. Quizás esta vez haya ciertas intenciones que todavía no se han exteriorizado.



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