Incoherencias en el Año de las Exportaciones

El gobierno anunció a través del Boletín Oficial que este será el Año de las Exportaciones, y lo inaugura con un nuevo impuesto a la retención de servicios, toda una señal en un año que se prevé complicado.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Alguien me dijo alguna vez que sea cauto a la hora de presentarme, porque se carece de lo que se declama. Es decir que si yo le dijera que soy un flaco pintón le estaría mintiendo descaradamente, aún cuando estuviese absolutamente convencido de que esos son mis atributos.
Eso en política se ve todo el tiempo, especialmente en las campañas electorales. Es justamente allí cuando los candidatos tratan de revertir la imagen que tiene la gente sobre ellos. Así rápido y a la pasada se me vienen a la mente aquel remate de Menem diciendo que no iba a defraudar, De la Rúa mostrando decisión golpeando el escritorio o Ricardo Alfonsín arengando en un acto como si fuese un líder de masas.
Por supuesto que no es sólo allí que se lo puede ver. También en la obsesión de ponerle nombre a todo, sea un torneo de fútbol, un monumento en una plaza o una fecha determinada. En general, con muy poco tino y bastante de exageración. Pensemos en el Palacio Ferreyra, que por sobreactuación justicialista pasó a ser el Museo Evita.
Esa extendida práctica ha convertido al presente año que recién se inicia en el “Año de las exportaciones”. Todo un mensaje del optimismo zen con el que el gobierno quiere encarar el tema, como si con ponerlo en un papel alcanzara para lograr el objetivo. Que la afirmación esté presente en toda la documentación oficial no va a hacer que le vendamos más al mundo.
Esa declamación de que éste es el año de las exportaciones parece ser una señal de que la cosa no va a funcionar como esperan, especialmente porque entraron en vigor las nuevas retenciones a los servicios, una innovación tributaria impulsada hace unos meses.
¿Exporta publicidad? Pague. ¿Exporta software? Pague. ¿Exporta telenovelas de Juan Darthés? Pague. No se salva nadie: a los que ya tributaban regularmente cada vez que querían mandar su producción al exterior se le suman estos productores de intangibles.
¿Cómo pretende el gobierno exportar si lo desalienta poniendo más y más impuestos? Se calcula que el gobierno se queda con alrededor del 60% de las ganancias que genera el sector agropecuario en el país, acaso el único que aporta realmente los ingresos necesarios para sostener el funcionamiento de todo el aparato estatal.
Siguiendo la lógica de declamar lo que falta, decir que es el año de las exportaciones nos dice que nos tenemos que preparar para lo opuesto. En esa línea, seguramente los economistas se imaginan un futuro mucho más negro.
Éstos, mucho más afilados para los números que los que sólo miramos la variable política, podrían hacer un razonamiento como el que sigue: la falta de exportaciones va a llevar a una falta de dólares, lo cual va a generar a un alza del tipo de cambio, que va a hacer subir la tasa de interés, lo cual va a acelerar la inflación, que se va a comer los salarios reales, que hará que aumente la pobreza y caiga el consumo.
Si los economistas están en lo cierto, ¿cómo no esperar que se venga un año complicado?.
Quizás no sea para tanto y los muchachos de Cambiemos sólo están esperando tener algo de plata para hacer un poco de política en un nuevo año electoral. Se sabe que los planes, programas y ayudas no se pagan solos, sino a través de los impuestos que se le cobran a todos los que ponen el lomo.
Es una pequeña contribución forzada, como el diezmo en muchas de estas nuevas iglesias de las barriadas periféricas, con lo que el gobierno nacional puede aspirar a reelegir.
No podemos tener la certeza de que los economistas tengan la razón, pero tampoco podemos decir que los que sólo pensamos desde la política en año electoral estemos en lo cierto. Siempre se debe dejar un pequeño margen que contemple la posibilidad de que sean los otros los que están acertando el análisis.
Nosotros, mientras tanto, podemos arriesgarnos a considerar cierta aquella afirmación inicial de que se declama lo que falta. Quizás así -si hacemos fuerza asegurando que este será nuestro año de las deudas, la inflación y los problemas- tenemos suerte y vamos exactamente para el otro lado.



Dejar respuesta