Gremialismo definió posiciones electorales antes del receso

Con fuertes cruces con el poder político encabezado por Unión por Córdoba y Cambiemos en cada jurisdicción, el arco gremial cordobés definió sus posiciones en el tablero electoral.

Por Felipe Osman

saYa sobre el epílogo de un 2018 cargado de conflictos gremiales, el sindicalismo parece haber decidido la forma en que ubicara sus fichas con miras al “día D” que se avecina para la política cordobesa, y que no es otro que el 12 de mayo de 2019.

Este es, entre tantos otros, uno de los efectos del anuncio (casi consagratorio) de adelantamiento de las elecciones provinciales, que notificó el peronismo a la oposición a fines de noviembre, y que generó grandes reclamos desde una alianza UCR-PRO sumida en interminables disputas internas.

Pero más allá de los dardos que desde Cambiemos se lanzaron a Unión por Córdoba por reeditar un artilugio electoral muy similar a la que utilizó el radicalismo en 1998, centrémonos ahora en los efectos que esto operó en el gremialismo.



La alicaída CGT “Nacional y Popular” comandada por Mauricio Saillen -que algunos meses atrás coqueteó con la idea de un acercamiento hacia las filas del oficialismo- ahora concentra sus esfuerzos en garantizar un lugar expectable en la lista k de 2019 para el actual legislador Franco Saillen, hijo del cacique de los recolectores.

Para hacerlo, ha decidido dar una muestra de fuerza uniéndose al reclamo del sindicato de Luz y Fuerza, que se encuentra empantanado en un conflicto sin tregua con la administración liderada por Juan Schiaretti.

En la última movilización encabezada por Luz y Fuerza y secundada por el Surrbac junto al resto de los sindicatos que integran la CGT Rodríguez Peña, Saillen(h) le apuntó directamente al gobierno provincial, identificándolo con medidas adoptadas por el gobierno de Mauricio Macri.

De esta movilización participaron también algunos sindicatos de las 62 Organizaciones peronistas, lideradas por Sergio Fittipaldi, aunque allegados a la organización aclararon que su apoyo debe ser interpretado como una muestra de solidaridad hacia los trabajadores de Epec, y no como un ataque frontal al Centro Cívico.

Esto resulta más que razonable. La principal apuesta de las 62-O sigue siendo hacerse de un lugar dentro del peronismo cordobés que, desde el fallecimiento de José Manuel de la Sota, ha salido a cohesionar detrás de la figura del actual gobernadora a todos los sectores del PJ, pero que todavía no han ofrecido un lugar a este sector del gremialismo cordobés.

Puede que una de las dificultades que El Panal encuentre para dar cobijo a las 62-O sea algún recelo de la CGT Regional, brazo gremial más identificado con Unión por Córdoba.

Liderada por el delasotista José “Pepe” Pihen, la CGT Regional ha firmado la paz “definitiva” (aunque tal categoría no exista en política) con Schiaretti, después de que el gobernador dispusiera el pase a planta permanente de 4209 contratados y la promesa de sumar otros 591 en febrero.

Esta medida generó críticas del intendente, que subido a la disputa electoral con el actual gobernador dijo, en su discurso de lanzamiento, que Schiaretties un “mal administrador” y que decidió “entrar por la ventana” a los trabajadores representados por Pihen.

El gremialista reaccionó a estos dichos en su doble condición de secretario general del SEP e integrante de Unión por Córdoba, explicó que los empleados contratados cumplían con todas las condiciones necesarias para ser incorporados al plantel estable y, además de descalificar las palabras del jefe comunal, le exigió una “inmediata rectificación”.



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