¿Cuál río amarillo?

Como evidencia del suceso que tuvo la canción “Yellow River”, del grupo inglés Christie, en nuestro continente, se la escucha con nitidez en una escena al aire libre de la película “Roma”, de Alfonso Cuarón, que se estrenó en Netflix hace unos días y que está ambientada en el México del año 1970.



Por J.C. Maraddón

En 1970, el mundo se desayunaba con la separación de los Beatles, quienes habían conseguido en menos de una década que todos se rindieran a los pies del rock y que ese estilo, con sus variantes, fuera el dominante en la industriua de la música. El vacío dejado por el epílogo de la era beatle debía ser llenado inmediantamente, ante la demanda del público de escuchar canciones que abrevaran en ese sonido. Y, más allá de la presencia de bandas contemporáneas de los Fabulosos Cuatro, como The Rolling Stones, The Who o The Kinks, aparecieron nuevas propuestas que reclamaban la atención masiva.

Un grupo que cobró notable popularidad en esos años fue Creedence Clearwater Revival. Cultores de un rocanrol bastante tradicional, anclado en el blues y en el country, estos músicos estadounidenses aportaron una seguidilla de hits que se esparcieron con velocidad por todo el planeta. Con temas rítmicos y entradores, llegaron incluso a ser muy conocidos en la Argentina, donde sus discos long plays y sus singles se vendían como pan caliente. Se gestó así un fenómeno que hizo florecer a decenas de bandas, cuya similitud estética con Creedence las hacía albergar expectativas de un éxito seguro.

Aunque el grupo inglés Christie no tenía demasiado que ver con Creedence Clearwater Revival, su canción “Yellow River”, aparecida en abril de 1970, bien podría haber pertenecido al repertorio de los hermanos Fogerty. Christie provenía de la escuela del blues británico, pero su líder, Jeff Christie había compuesto esa pieza por encargo, para que la interpretaran The Tremeloes. Estos abanderados del beat inglés la grabaron, aunque a poco de hacerlo descubrieron que no se adecuaba a lo que venían haciendo. Generosamente, cedieron la instrumentación ya registrada a Christie. Y esta formación sólo tuvo que agregarle las voces para lanzarla como un tema propio.

No se sabía muy bien si el río amarillo del que habla la letra se asociaba con la Guerra de Secesión o con la Guerra de Vietnam. Sin embargo, eso no fue obstáculo para que el single de Christie se abriera camino en los charts de ventas de muchísimos países, incluyendo España, desde donde luego la canción bajó hacia Latinoamérica. Entre temas de Santana, Leo Dan o Palito Ortega, “Yellow River” aparecía en esos vinilos de colores que se vendían en esta región del globo, con un recopilatorio de los hits de moda de esa temporada.

Como evidencia del suceso que tuvo la canción de Christie en nuestro continente, se la escucha con nitidez en una escena al aire libre de la película “Roma”, de Alfonso Cuarón, que se estrenó en Netflix hace unos días y que es candidata a llevarse unas cuantas estatuillas en la próxima entrega de los premios Oscar. Ambientada (en blanco y negro) con primor en el México del año 1970, “Roma” cuenta con una exquisita banda de sonido que, al igual que aquellos “14 Voltops”, incluye la música que todos escuchaban en ese momento, tanto en la radio, como en los parques de diversiones o en las discotecas.

Tanto ese soundtrack, como las situaciones y los personajes que muestra el filme, nos llevan a reflexionar sobre las coincidencias que existían entre aquella realidad y la nuestra, a pesar de los miles de kilómetros que nos separan de la capital azteca. En esa música, en esa familia, en esos rituales cotidianos, en esos automóviles y en esa ropa tendida en una soga, es imposible no encontrar nuestra propia evocación de la infancia, cuando el tiempo transcurría con lentitud y el futuro parecía tan lejano que podíamos imaginarlo de la manera que nos viniera en gana.



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