Novedades del siglo veinte

El 21 de diciembre de 1988, hace hoy treinta años, moría Federico Moura, el cantante de la banda Virus, quien era sin duda el alma mater de ese proyecto artístico. Desde entonces, si bien el grupo continuó en carrera hasta la actualidad, ese periodo inicial ha sido permanentemente revisitado.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

Cuando vi al grupo Virus por primera vez en vivo, tuve la sensación de que su música reunía todas las características de aquello que estaba de moda en el hemisferio norte y que era rechazado por el establishment rockero local. Tenían la frescura, el desparpajo y la ironía de esas bandas que estaban englobadas bajo la etiqueta de la new wave, un estilo que no coincidía con el clima de pesadumbre y represión que reinaba en la Argentina bajo la dictadura. Mientras por aquí todavía primaba la música progresiva, mixturada con algo del jazz rock, Europa y Estados Unidos se rendían ante el renacer de una onda simple y entradora.
Todavía no habían sacado su primer disco cuando se subieron al escenario de aquel Prima Rock, en los bosques de Ezeiza, para salir a enfrentar a la vieja guardia con sus canciones breves y contundentes. El público no estaba preparado para semejante renovación y los recibió con abucheos, excepto un reducido núcleo de fans que los vitoreaba. Padecían el karma de los vanguardistas, que no son comprendidos en tiempo real y se ven obligados a remarla en dulce de leche, para que quienes vengan por detrás tengan allanado el camino.
Tres años después, volví a verlos en Cuore, la legendaria discoteca de camino a Villa Allende. Venían a presentar su álbum “Agujero Interior”, el que les abriría la senda del éxito. A esa altura, ídolos del rock argentino como Charly García, Miguel Abuelo y hasta Luis Alberto Spinetta habían entrado por la variante de la nueva ola, mientras que formaciones emergentes como Los Twist o Soda Stéreo, imponían sus temas de corta duración e impactante factura, dejando sentado así que la generación ochentosa apostaba por esa estética, en reemplazo de la antigua tendencia que instaba a complicar las cosas en lugar de simplificarlas.
Pero, para ese entonces, Virus ya había vuelto a cambiar su faz. En Cuore se los vio de borceguíes y chaquetillas militares, al estilo de la vestimenta que usaba el grupo punk inglés The Clash. Y pusieron en escena un show de alto voltaje, al borde del hard rock, que sacudió por completo a esos jóvenes que habían ido a bailar y se encontraron con una aplanadora de música. Otra vez, la banda platense desorientaba a quienes esperaban que siguieran una trayectoria lógica. Y volvían a pagar el altísimo precio de estar un paso adelante con respecto al resto.
Por último, estuve en Luz y Fuerza cuando presentaron su disco “Locura”, que marcó el punto más alto en su trayectoria. Quienes asistieron ya no eran los clásicos fans de rock, sino chicos comunes, que los habían escuchado por la radio y los habían adoptado como sus favoritos. Sus composiciones habían virado hacia un estilo electropop que, para variar, no estaba siendo demasiado comprendido por la crítica. Sin embargo, había varios hits ahí que sonaron en todas partes y que, de hecho, siguen sonando, aunque hayan transcurrido más de tres décadas desde aquel concierto que los mostró en su mejor momento.
El 21 de diciembre de 1988, hace hoy treinta años, moría Federico Moura, el cantante de Virus, quien era sin duda el alma mater de ese proyecto artístico. Desde entonces, si bien el grupo continuó en carrera, ese periodo inicial ha sido permanentemente revisitado, sobre todo a partir de la impronta inconfundible del vocalista. El estigma de haberse anticipado a su época, que tanto los afectó en su momento, se ha transformado ahora en su mayor virtud. Paradójico destino del legado de un artista cuya imagen sigue siendo novedosa, a pesar de que proviene de aquel cada vez más lejano siglo veinte.



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