Adiós a la imagen de Evita

La llegada de la taruca al billete de $100 ha completado la saga de animales autóctonos en nuestra moneda -desplazando a Roca y a Evita- y dejando a la vista a los ofendidos de siempre.

Por Javier Boher
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Hace unos pocos días se pudo ver en las redes una publicidad de una empresa española ironizando sobre una exclusiva “tienda de chistes”, una representación del precio a pagar por ciertos comentarios en el estado actual de la corrección política. En dicha publicidad aparecen los “ofendiditos”, esos que se multiplican ante cada evento que nos cruzamos en nuestras vidas.
Casualmente el martes el Banco Central anunció que empieza a circular el nuevo billete de $100 con una Taruca, un ciervo del norte del país. Decenas de indignados explotaron en las redes contra el gobierno por seguir adelante y cumplir con una de las medidas anunciadas apenas iniciado el mandato.
Muchos ofendiditos pusieron el grito en el cielo porque la que encuentra competencia con el cornudo animal es nada más ni nada menos que Evita, como si fuese algún tipo de ser superior. Todo el pueblo sabe que la abanderada de los humildes nos cuida desde el cielo, pero eso no justifica que deba ser la única persona en medio de un montón de animales.
Si vamos al caso, bien podríamos ofendernos los roquistas de que el dos veces presidente también será reemplazado por ese bicho del norte. Ya habían intentado compensar su figura con la viuda de Perón, pero así y todo resistía con aguante.
Es más, podríamos ofendernos todos, no sólo los roquistas. Porque si sacan los próceres, toda la especie humana quedaría relegada a la fauna autóctona. No importa si aborrecemos a Rosas, ¿por qué debería reemplazarlo un guanaco? Ahora que lo pienso bien, seguro que algún sarmientino estuvo en el detalle de ese cambio.
Si nos ponemos a hilar fino, tal vez algunos viveristas están enojados porque a los árboles les dejaron las monedas mientras los animales se llevaron los billetes. O quizás algún litoraleño está enojado porque no pusieron algún reptil.
Los cordobeses podemos estar tranquilos, porque pasamos de no tener ningún prócer a no tener ningún animal, sólo el hornero, que compartimos con casi todo el resto del país y por eso es el ave nacional.
Ese es un cambio raro, porque siempre se supone que las figuras más importantes deben ir en los de menor numeración, porque son los que más circulan. Ese es el caso de San Martín en el de $5. ¿Será que se tienen poca fe para domar la inflación y le ven al peso un futuro de Austral?
De hecho, hay 19 billetes vigentes para ocho denominaciones, siendo los de $50 y los de $100 los más complicados, con tres para el primero y ¡siete! Para el segundo.
Esa dispersión de billetes -con animales, próceres y homenajes- es una muestra de que convive la moneda de dos países, el de la estabilidad de los ‘90 y el de la inflación de la última década. Por eso el de $5 representa sólo 13 centavos de dólar, poco más que lo que valía la vieja monedita de 10 centavos de peso. Los $1000 del hornero representan sólo 25 dólares, la cuarta parte de lo que valía Roca en sus años mozos.
Muchas son las justificaciones para este cambio, entre ellas la del papel moneda como instrumento educativo. Algunos dicen que a través de los billetes vamos a conocer nuestra fauna autóctona, aunque con la cantidad de gente que insiste con que Rosas fue presidente después de casi 30 años de estar estampado en el de $20 quizás deberíamos replantearnos esa idea.
Otros dicen que con esto vienen a cerrar una grieta entre los revisionistas de los últimos años, los que trataron de reescribir la historia rompiendo el consenso existente sobre los próceres, considerando a Roca un genocida, a Sarmiento un soberbio, a Belgrano un homosexual y a San Martín un borracho, ninguno digno del Rosas salvador de la soberanía o la Eva emancipadora de los humildes.
Sea cual sea el caso, haya animales, próceres, deportistas, científicos o humoristas, al menos en el corto plazo hay dos cosas de las que no nos vamos a poder librar, la ira de los ofendiditos y las nuevas denominaciones producto de la inflación. Y si la cosa sigue así, muchos ya van a estar cansados cuando le llegue el turno al bagre, la rata o el zorrino.



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