García Elorrio, ¿primer candidato de Schiaretti?

García Elorrio es un político de nicho y su partido una expresión de un conservadurismo paternal pero intransigente. “Contra el aborto y la corrupción” es su programa inmediato.

Por Pablo Esteban Dávila

A primera vista, podría decirse que Aurelio García Elorrio mordió el anzuelo lanzado por Juan Schiaretti. Acaba de anotarse como gobernador por su partido, Encuentro Vecinal Córdoba, y cualquiera puede adivinar que le quitará votos a Cambiemos, quienquiera sea su candidato. Varios en el Centro Cívico deben estar restregándose las manos. Es el primer candidato que soñaban.
La satisfacción del oficialismo, al menos en esta etapa, es lícita. Los operadores de Unión por Córdoba pueden especular que la decisión de García Elorrio es consistente con el estímulo proporcionado por la modificación al código electoral aprobada en abril, que permite que los candidatos a gobernador y vice lo sean simultáneamente como legisladores. Si a esto se le suma la ampliación del financiamiento para las campañas electorales -también sancionada en aquella ocasión-la estrategia para permanecer en el poder cuatro años más parece estar dando sus frutos.
El actual legislador vecinalista es consciente de este juego. Hace siete años que permanece en su banca sólo con votos propios, por lo que no debería imputársele ingenuidad, mucho menos impericia. Tampoco podría reprochársele algún tipo de cohabitación con el peronismo, toda vez que ha sido un denunciante tenaz del gobierno provincial, aunque no haya sido capaz (hasta ahora) de probar sus acusaciones. Esto equivale a decir que, si ha decidido desandar este camino, lo es porque le resulta funcional a sus ambiciones políticas. Si también lo es para Schiaretti, no es su problema.
Es fácil comprobar este punto. García Elorrio es un político de nicho y su partido una expresión de un conservadurismo paternal pero intransigente. “Contra el aborto y la corrupción” es su programa inmediato. Muchas de sus expresiones públicas lo emparentarían con posiciones de derecha, pero la ausencia de definiciones económicas taxativas relativiza un tanto esta percepción. ¿Un social cristiano? Tal vez; lástima que la expresión no esté de moda.
Sin embargo, le alcanza para cautivar los votos suficientes en la ciudad de Córdoba como para permanecer en el candelero. Durante dos elecciones seguidas presentó sus listas sin el tramo de gobernador y, aun así, logró ser electo legislador. Ahora combinará lo bueno con lo útil, utilizando a su favor la exposición propia de la novel candidatura sin poner en riesgo su banca, que probablemente la retenga con menor esfuerzo relativo.
Esta aproximación utilitaria, más próxima a Jeremías Bentham que de Jacques Maritain, no obsta para cultivar sueños de más largo plazo. Es altamente posible que, dada su mayor exposición pública, comience a ser más conocido en el interior (su actual talón de Aquiles) y que tal cosa amplíe sensiblemente su nicho originario. Debe recordarse siempre que la demografía cordobesa es variada, y que la ciudad de Córdoba concentra algo menos de la mitad de los electores del distrito.
¿Se propondrá obtener una diputación nacional en octubre? No sería un objetivo descabellado si hiciese un buen papel en el previo compromiso de mayo. Siempre podría aducir, justificando el prematuro abandono de su banca provincial, que la alternancia es buena y ese tipo de cosas, dejando a alguno de sus cofrades en la legislatura. De hacerlo, es seguro que se movería a sus anchas en los actuales debates nacionales, en donde la desmesura de ciertas posiciones predice el surgimiento de reacciones de igual intensidad, pero de sentido contrario.
El perdedor, en todo caso, es Cambiemos. En la coalición conviven, como en cualquier entente de gobierno, diferentes posiciones, aunque la mayoría abreve en los meandros del centro político. Algunas de ellas están molestas con el rumbo tomado por la Casa Rosada, especialmente por la ambigüedad que ha mostrado frente al aborto o a la llamada ideología de género, ambos casus bellis para sectores importantes de la sociedad. La crisis económica contribuye, asimismo, para este distanciamiento y, en lo que respecta a Córdoba, tampoco ayudan los continuos disensos entre radicales, lilistas, juecistas y macristas, empeñados en persistir en la discordia. Votar por García Elorrio podría suponer, para estas expresiones, una revancha contra sus expectativas no satisfechas,pero sin abjurar de las ideas que, cuatro años atrás, permitieron desplazar a los K del poder.
¿Tiene alguna estrategia la dirigencia cambiemita frente a esta amenaza? Porque, convéngase, no se trata de una mera preocupación por ser desplazados por García Elorrio (algo verdaderamente improbable) sino por perder por décimas frente al PJ por culpa de no haberlo parado a tiempo. Este sólo riesgo merecería una reflexión. El hecho que nadie haya intentado públicamente evitar su candidatura sugiere que, a contrario sensu de lo recomendable, tal estrategia no ha sido expresada consistentemente.
Pero, en este punto, hay que se justos. Difícilmente el radicalismo hubiera aceptado el programa de García Elorrio dentro de la coalición, y mucho menos ceder espacios a posiciones que ellos interpretan como reaccionarias. Tampoco él hubiera aceptado arriar parte de sus banderas en aras al entendimiento. ¿Para qué negociar por algo que ya tiene asegurado por su cuenta? ¿A guisa de qué desproteger un nicho que, salvo la suya, no tiene una representación política concreta? No es momento de coquetear con Cambiemos, menos aun con lo que García Elorrio interpreta como convicciones zigzagueantes de parte de sus integrantes.
Aunque no todo lo que reluce es oro. El líder de Encuentro Vecinal Córdoba también tiene sus propios ensoñación esaliancistas, que bien podrían complicarlo. Es un hecho que Primero la Gente -la creación de Sebastián García Díaz, uno de los eternos maltratados por el PRO- será de la partida, en tanto que el Partido Demócrata también lo acompañará. Pero, y a despecho de la denominación formal de estas fuerzas, conviene reparar en lo que hay detrás.
En el caso de García Díaz no hay muchas sorpresas. La suya es una agenda parecida a la de García Elorrio y, salvo previsibles episodios de egolatría, no parecería ser una mezcla forzada. Pero no ocurre lo mismo con los demócratas, al menos con quienes hoy detentan tal sello. Ocurre que, años atrás, la Justicia dio por caída la personería del Partido Demócrata de Córdoba (que estaba en manos de cuadros escindidos de la UCEDE) y su nombre pasó a disponibilidad, hasta que un ardid de Jorge “el Mesías” Agüero -y de una simétrica desconsideración del PRO, usufructuario de la casona de Deán Funes 228- le permitió apropiárselo legalmente en 2015, para desesperación de los auténticos liberales que deseaban recuperarlo para su causa.
Vale, entonces, la pregunta: ¿a qué se quiso referir García Elorrio? ¿A los viejos representantes de aquella añeja fuerza, o a sus nuevos y bizarros propietarios, que hacían campañas enarbolando armas de fuego? Convendría aclararlo pronto, antes que el asunto se destape y que “el Mesías” (o como se haga llamar ahora) aproveche la situación para intentar alguna redención con la que el flamante candidato no esté contando para llegar al cielo político.



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