La política, alcanzada por las denuncias

La ola de denuncias por acoso y abuso ha llegado a la política, que -como el resto de la sociedad- no puede estar exenta de las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres.

Por Javier Boher
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El escándalo que explotó por la denuncia contra Juan Darthés (que como bien han señalado algunos en este diario, por sí misma no prueba su culpabilidad tal como su defensa no prueba su inocencia) destapó una olla de bajezas políticas que se trataron de ocultar durante mucho tiempo.
En medio del revuelo de las redes sociales, La Cámpora emitió un comunicado en la línea de lo que siempre dijo defender, apoyando la lucha feminista y alegando solidaridad hacia las mujeres abusadas.
Un par de horas después las redes explotaban con denuncias contra sus dirigentes, que ante la abrumadora evidencia de relatos que se solapaban no podían alegar su inocencia o una manipulación mediática. ¿Acaso iban a acusar a las denunciantes con el “kirchneristas aborteras” que se escuchó tantas veces entre los detractores de la movida?
La forma de construcción política del kirchnerismo fue tan primitiva como siempre, pero adornada con lindos discursos que se repetían (y aún se repiten) en las facultades de sociales, en los colegios preuniversitarios o entre los espacios de militancia del “hippismo con OSDE”.
Así como “la mona, aunque se vista de seda, mona queda”, el peronismo, aunque se vista de feminista, machista queda. La gran contradicción discursiva de un partido conservador y popular que dijo haberse aggiornado para defender causas progresistas terminó mostrando la cara más común, la del macho alfa que sólo conoce a las mujeres como parte de su capital político.
Las denuncias por prostitución infantil y corrupción de menores contra un concejal bonaerense del espacio de Sergio Massa, llegado desde el sindicato de Luis Barrionuevo, demuestra que hay más ficción en los políticos que actúan comprensión y solidaridad con las mujeres que entre las actrices que denuncian acosos y abusos.
El suicidio de un funcionario de Cambiemos en el municipio de San Pedro tras una denuncia por violación demuestra que ningún espacio político está exento de contar entre sus filas con personas que puedan mantener una cara pública agradable mientras son depredadores sistemáticos.
Los partidos y las instituciones forman parte de un orden de cosas que se estructuró como sociedad y nos hizo ser y pensar de una manera determinada y específica.
A fines del siglo XIX, en el auge del positivismo, muchos creyeron que el método de las ciencias naturales (que hacía foco en pesar, medir, contar o describir desde lo estrictamente concreto) podía trasladarse al estudio de las situaciones sociales y las relaciones humanas.
De aquel entonces datan investigaciones como la del italiano Cesare Lombroso, que creyó haber construido un método para determinar o predecir la propensión de las personas a ser delincuentes basándose sólo en sus características físicas. Aunque hoy esté desacreditado, no debe haber nadie que viendo las fotos de los políticos acusados no les vea cara de lo que se los acusa.
Pese a que el desarrollo de la ciencia pudo refutar postulados como esos, tan teñidos por la época, solemos caer en esa tendencia tan común de juzgar a las personas por su apariencia y a los contextos sociales por cómo nos hemos insertado en los mismos.
Por eso, que la mayoría de los hombres y gran parte de las mujeres considere que esto es un invento de la izquierda, o que forma parte de “la ideología de género” (sic), es tan sólo una apreciación limitada sobre procesos sociales más extensos, profundos y complejos que lo que todos vimos y vivimos a lo largo de nuestras vidas.
No importa si todos buscan convencerse bajo pretexto de que la política siempre fue así. Sin caer en la demagogia de dar por cierta la palabra de las denunciantes frente a la de los acusados, algo está cambiando en la relación entre los hombres y las mujeres, que ya no están dispuestas a aceptar los lugares de sumisión que históricamente les han sido asignados.
Y así como le pasó a las teorías de Lombroso, las estructuras sociales desactualizadas serán progresivamente removidas o transformadas, no a las aspiraciones de las demandas de un feminismo en ebullición, pero sí a un punto -aún desconocido- en el que con igualdad de condiciones todos tengamos la posibilidad de hacer (y ser) lo que nos guste.



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