Remover las industrias

A treinta años de aquel momento en que el grupo de metal industrial Ministry abandonó la comodidad del gueto y su influjo llegó incluso hasta este lejano Cono Sur, esa formación publicó en 2018 el primer disco sin su guitarrista histórico, Mike Scaccia, quien falleció en 2012.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

“Muevan las industrias”, cantaba el grupo de rock chileno Los Prisioneros en 1986, mientras la dictadura de Augusto Pinochet empezaba a mostras las fisuras que unos años después obligarían a una apertura democrática. Suena descabellado que una banda musical sugiriese al gobierno desde sus letras que tomara una medida económica, sobre todo bajo un régimen tan cerrado y sanguinario como el que se implantó en el país trasandino durante 17 años. Pero, en esos tiempos, todavía reinaba en el mundo la idea de que sólo a través de la industrialización se podía alcanzar un desarrollo que mejorase la calidad de vida de una sociedad.
La estrepitosa debacle de la bolsa de Wall Street en 1987 abrió una nueva era en el capitalismo universal. Combinada con la caída del comunismo en la Unión Soviética, daría inicio a una etapa en que las inversiones financieras pasarían a ser predominantes, en desmedro de aquellas que mostraban una vocación productiva. La globalización mejoró las posibilidades de ganancia para aquellos que estaban dispuestos a poner sus fichas en la timba de la especulación, una estrategia que llegó a su máxima expresión en el siglo veintiuno, cuando la economía virtual exhibe triunfante los beneficios de su predominio.
Justo a finales de los ochenta, cuando las industrias iniciaban su trayecto declinante, iba a saltar a los primeros planos un estilo sonoro que, como variante de la música industrial surgida en los setenta con la banda londinense Throbbing Gristle, encajaba a la perfección con el paisaje de chimeneas y cintas de montaje que empezaba a desmoronarse. Asociado a otras tendencias en boga en esos años, como el cyberpunk y la moda gótica, el metal industrial irrumpió en circuitos alternativos donde era vitoreado por chicos de crestas y piercings, para entrar luego en la consideración de la crítica como un síntoma vanguardista.
En aquel entonces, los entendidos sobre este fenómeno en la Argentina citaban como su favorito en esas lides al grupo estadounidense Ministry, cuya producción exigía una escucha desestructurada por parte de aquellos que nunca habían entrado en contacto con ese áspero estilo. Estamos hablando de un país que, tras el despertar de la primavera alfonsinista, descubría que la democracia tenía también sus aspectos perversos y decepcionantes. Y muchos jóvenes canalizaron esa desilusión a través de la música, ya fuera montándose sobre la escena punk de la llamada “Invasión 88”, o auscultando el violento palpitar de algunos discos de metal industrial que llegaban a sus manos.
Aunque la utopía de la industrialización cayó en desgracia, el género que honraba su nombre se fortaleció en la década del noventa, sobre todo a partir de figuras como Nine Inch Nails, Fear Factory o Marilyn Manson, junto a una larga lista de derivados europeos entre los que se cuentan los belgas Front 242 o los alemanes Rammstein. Sin duda, la combinación de síncopas electrónicas con la distorsión del heavy metal le daba a esas canciones una pulsión entre animal y mecánica muy seductora para quienes buscaran experiencias auditivas más fuertes que las habituales.
A treinta años de aquel momento en que Ministry abandonó la comodidad del gueto y su influjo llegó incluso hasta estas lejanas pampas del Cono Sur, esa formación publicó en 2018 el primer disco sin su guitarrista histórico, Mike Scaccia, quien falleció en 2012. A solas en el liderazgo de Ministry, el cantante Al Jourgensen está defendiendo en vivo su último álbum, “AmeriKKKant”, en el que la banda se politiza para plantarse en contra de Donald Trump. Si bien las industrias se mueven mucho más despacio hoy que el capital financiero, el metal industrial confía en que las futuras generaciones se harán cargo de garantizar su supervivencia.



Dejar respuesta