La oportunidad perdida

El martes pasado, en su programa, Marcelo Tinelli se solidarizó con el colectivo de Actrices Argentinas que respaldó la denuncia de Thelma Fardin contra Juan Darthés, y se mostró conmovido por la situación, sin referirse a sus propias actitudes de épocas pasadas.



Por J.C. Maraddón
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No demasiado tiempo atrás, Marcelo Tinelli ponía en escena grotescos pasos de comedia en el prime time de la televisión abierta, con picos de rating y una permanente réplica en programas satélite que daban cuenta de lo que había pasado en ShowMatch. Cada una de sus muecas, cada una de sus frases irónicas, era repetida hasta el hartazgo, por las dudas quedara alguien que no se hubiese enterado de lo sucedido. Eran años de un reinado casi absoluto, que se trasladaba a lo deportivo y, sobre todo, a la política, un ámbito en el que era habitual el coqueteo con el animador.
A aquel chico de barrio que había empezado con sus bloopers y sus chistontos, le tomó apenas una década transformarse en la figura central de la TV argentina, un referente que marcaba tendencia y que convertía en oro todo lo que tocaba. Ya fuera un boxeador como la Mole Moli, un asistente de piso como Peter Alfonso o una peluquera trans como Lizy Tagliani, bastaba que Tinelli le diera cámara para que de un momento a otro ese personaje fuese adoptado por el público como su favorito. Una fórmula que se repetía año tras año con un éxito asegurado.
Ese poder omnímodo lo puso muchas veces al borde del escándalo, sobre todo cuando tenía actitudes que podían ser juzgadas como maltrato, ante la vista de millones de espectadores. Quienes aceptaban formar parte de su troupe, tenían en claro que le debían obediencia ciega y que si no se sometían a los dictados del conductor, corrían el riesgo de quedar fuera de pantalla. Y si bien, en el transcurso del programa, Tinelli jugaba bromas con respecto a su rol “tiránico”, la aparición y desaparición de concursantes (y de jurados) en su reality show delataba una arbitrariedad más que sospechosa.
Dentro del combo de atractivos que ofrecía en su mejor época ShowMatch, ocupaba un rol no menor el coqueteo con las mujeres que participan del certamen, con las que integraban el cuerpo de baile estable o con las que se sumaban al espectáculo desde la tribuna. Durante la etapa de soltería del animador, eran constantes las alusiones a chicas que habían pasado “por el cuarto piso”, en referencia a la oficina del dueño de Ideas del Sur, para conseguir mayor protagonismo dentro del ciclo. Esto se sumaba a otros tics de Tinelli en su faena, como -por ejemplo- cortarle con una tijera la pollerita a las que concursaban en “Bailando por un sueño”.
Fueron desbordes de un periodo en que su dominio no admitía discusión, cuando todavía no se había asumido lo peligroso que podía ser el ejemplo de semejante comportamiento, ante una audiencia televisiva que lo idolatraba. Por eso, ahora que las cosas están cambiando y que se empieza a dimensionar la gravedad de esas conductas, especialmente cuando son asumidas por figuras famosas, cabía esperar que en algún momento Marcelo Tinelli hiciera su mea culpa y realizara su descargo con respecto a la cuestión.
Tuvo la mejor oportunidad para hablar el martes pasado, cuando Florencia Peña, como integrante del jurado, y Jimena Barón, como concursante, se refirieron a la fortísima denuncia que hizo ese día Thelma Fardin contra Juan Darthés, a quien acusó de violación. Tinelli se solidarizó con el colectivo de Actrices Argentinas que respaldó a Fardin, y se mostró conmovido por la situación. Nada dijo, en cambio, de su carácter de productor de “Patito Feo”, elenco que integraban Fardin y Darthés cuando ocurrió la acción denunciada. Ni mucho menos se hizo cargo de haber denigrado a mujeres en pantalla, a la vista de miles de familias que cenaban frente a la TV encendida.



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