Comprometidos con el fracaso

La persistencia por la cual algunos políticos niegan la evidencia de los votos es un tema digno de estudio, porque denota que -en algún punto- están comprometidos con el fracaso.



Por Javier Boher
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Todos en el secundario hemos tenido biología con alguna profesora o profesor que nos enseñó que en el ciclo de la vida los seres vivos “nacen, viven, se reproducen y mueren”. Es simple, pero algunos se niegan a entenderlo. No porque pretendan la inmortalidad física, por supuesto, sino por negar la evidencia empírica de que políticamente han fallecido.
Nadie puede pasar por alto el hecho de que los políticos disfrutan del reconocimiento de la gente, que es por lo que se dedican a la misma y que se traduce en votos en las elecciones o asistentes a actos y caravanas.
Son adictos a la gente al mismo nivel que Mirtha Legrand es adicta a su audiencia. Y tal como la dueña de los almuerzos, ellos muchas veces tampoco saben reconocer que ha llegado el momento del retiro.
La semana pasada trascendieron algunas imágenes de algunos vehículos ploteados con la frase “Scioli 2019”. Sorprendiendo a varios (especialmente a los cuatro que entraron antes que él en su misma lista de diputados por provincia de Buenos Aires el año pasado), ya se empezó a preparar para tratar de hacer ruido en una interna kirchnerista plagada de nombres.
Resulta algo medianamente lógico sabiendo que estuvo a muy pocos puntos de vencer a Mauricio Macri en el ballotage (porque en las PASO y la general logró estar encima), pero llama la atención porque fue el resistido candidato “suplente” cuando la jefa no podía presentarse.
Esa jefa, Cristina Kirchner, es la misma que el año pasado no logró imponerse en el tramo de senadores por Buenos Aires a Esteban Bullrich, un candidato difícil de consumir siquiera en modo irónico.
Sabiendo que ella no ganó en su provincia, y que él la reemplazó y perdió en una nacional cuando ella estaba en un punto alto de su imagen, la insistencia del hombre es sorprendente. Asediado por denuncias, con varios funcionarios presos, ninguneado dentro del kirchnerismo (tanto en 2015 como ahora), allí va, con la obstinación y el empeño del inconsciente.
Por supuesto que no es el único. Casualmente esta semana hubo otro que expresó sus deseos de volver a la política (de donde hizo muy bien en alejarse). Daniel Giacomino, el soldado de la expresidenta Fernández de Kirchner, siente que no le dio a la ciudad todo lo que pudo y que aún puede hacer algo por ella.
Pese a que en 2015 la gente le dijo a través de las urnas en que era plenamente consciente de que lo que le había dado a la ciudad era insuficiente(por eso su magro 2,39%) él insiste en volver a la política.
Aunque ese escueto caudal de votos se justifica en que lo usaron para que Méndez no reciba el mote de “candidato kirchnerista” (recordemos el color naranja de la campaña del periodista, el mismo que el de Scioli), su poco magnética personalidad y su pobre desempeño hicieron el resto.
En sus declaraciones defendió a Cristina pero se distanció del kirchnerismo (por aquella jugarreta que le hicieron con Méndez). Todo un estratega, tomó la peor decisión: apoyar a una figura de voto cautivo y pelearse con los que manejan el aparato, mostrando la misma muñeca que usó para gobernar.
Reconoció que tuvo que improvisar funcionarios (todo un símbolo de la inexistencia de un proyecto y una estructura seria detrás de su figura) y reivindicó lo que se hizo con el transporte y la basura, aunque no hubo nada relevante como para que sobreviviera su gestión.
Tanto Scioli como Giacomino defienden posturas de nicho, “productos” que hoy son muy difíciles de vender en un mercado saturado de propuestas mejores. Sin ser Menem o Cristina (quienes detentaron el poder real y es lógico que se resistieran a darse por vencidos) ambos se resisten a enterrar un pasado medianamente importante.
Ese rincón ha sido muy poco explorado por la ciencia política y los demás eruditos que se han dedicado a estudiar el poder, la política y los gobiernos, especialmente con la forma que adopta en Argentina. Justo ayer me lo dijo un amigo: “habría que iniciar un estudio sobre los políticos argentinos y su compromiso con el fracaso”.
Deberíamos hacerlo, a ver si les damos una mano para que entiendan -de una buena vez- cuál es el ciclo de la vida de los que se dedican a la política.



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