La bala de plata

Tras varios años de trabajar por separado, Wisin & Yandel tendrán a la venta desde el viernes un disco en conjunto titulado “Los Campeones del Pueblo”. Como adelanto, la semana pasada subieron a Youtube su primer corte, “Callao”, en el que cuentan con la participación de Ozuna.



Por J.C. Maraddón
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En los albores de este siglo veintiuno, el reguetón pasó de ser un ritmo de moda a convertirse en un fenómeno mundial, que volvía a demostrar cuán lejos podía llegar la usina de ritmos de la región del Caribe. A más de medio siglo de la aparición de danzas como el mambo o el calipso, esa zona del planeta volvía a sentar tendencia con un éxito global, que tenía su epicentro en Puerto Rico pero que se había originado en Panamá, a partir de la mixtura entre el reggae jamaiquino y el dancehall que practicaban raperos como El General o Nando Boom.
Todo este fermento estalló hacia el año dos mil, cuando algunos intérpretes puertorriqueños se apropiaron de esta rítmica continental y le aportaron un toque menos folklórico, para adaptarla a los parámetros de sonido que caracterizaban a esa época. En pleno apogeo de la música electrónica, la propuesta reguetonera debía competir contra esa parafernalia bailable que ofrecían los deejays. Por eso, pusieron el acento sobre la base rítmica, que se tornó irresistible, mientras que las letras provocadoras y políticamente incorrectas funcionaron como marca registrada de un estilo que se hizo fuerte en Europa, y desde allí se esparció en todas direcciones.
Si tenemos en cuenta la importancia que adquieren los sones latinos en el panorama actual de la música internacional, podemos considerar a estos primeros escarceos del reguetón, que se verificaron hace 20 años, como un prolegómeno de la invasión de voces de Colombia y Puerto Rico que llena hoy los rankings de venta. Una presencia de letras en español que no registra antecedentes y que da cuenta de la avidez que posee el mercado de canciones que cuenten con una dosis de exotismo pero que, por sobre todo, obliguen a quien las escucha a poner el cuerpo en movimiento.
Una evocación de aquellos años mozos del reguetón, por básica que sea, no puede esquivar la mención de una de las duplas (entre tantas otras) que sobresalió con respecto al resto porque disparó una ametralladora de hits que no tardaron en darle fama universal. Al promediar la década pasada, Wisin & Yandel estaban en la primera línea del gusto juvenil y, de hecho, el público de Córdoba fue testigo de su performance en directo, y también de las agrias críticas que les disparaban sus competidores –también puertorriqueños- Calle 13, más tirados luego estos hacia un lenguaje contestatario y politizado.
Ha pasado el tiempo y, tras un interregno en el que la música pop recuperó su cetro y la electrónica prolongó su estridencia, el poder latino es en estos días el que mueve las agujas de la industria y su preponderancia resulta agobiante, porque la radio parece no encontrar otra cosa que no sean esos temas para que suenen durante las 24 horas en una especie de cinta sin fin. Muchos de los de aquella primera camada de músicos han dejado su lugar a las figuras más jóvenes, que han tomado la posta y han girado el timón hacia otras corrientes, como el trap.
Pero para Wisin & Yandel no ha resultado tan fácil resignarse a que otros vengan a cosechar lo que ellos sembraron. Por eso, tras la separación del dúo hacia 2013, se las habían arreglado para figurar en los nuevos lanzamientos, ya fuera solos o en compañía de otros intérpretes. La noticia de las últimas semanas es que la dupla regresa y que el viernes tendrán a la venta un disco titulado “Los Campeones del Pueblo”. Como adelanto, la semana pasada subieron a Youtube su primer corte, “Callao”, que encaja a la perfección con todo lo que hoy se escucha y que, para salir a matar, cuenta con una bala de plata: la participación de Ozuna.



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