¿El fiscal Senestrari pende de un hilo?

El fiscal abrió el año refiriéndose a su superior, Casal, en términos soeces. Su pobre desempeño en el caso CBI, denuncia por encubrimiento incluida, y la conexión del expediente con los “cuadernos de las coimas” lo pusieron en el ojo de la tormenta, pero optó por cerrar el 2018 tratando de “extorsionadores” a sus pares de Comodoro Py.

El fiscal federal Enrique Senestrari empezó el año protagonizando un escándalo. En enero, se filtró un audio en el cual se refirió en términos soeces a Eduardo Casal, el reemplazante interino de Alejandra Gils Carbó; es decir, su superior.
Mientras hablaba del sumario que la ex funcionaria le abrió antes de dejar el cargo, en noviembre de 2017, por haber expresado meses antes su deseo de que cayera el Gobierno, espetó: “Yo pretendía que se resolviera antes de que se fuera la procuradora, porque sabía que no iba a ir en manera persecutoria en mi contra. Bueno, ella ya no reasumió y quedó este otro ‘hijo de puta’, que está dando señales de obediencia para quedarse”.
En la misma grabación sostuvo que la secretaria del agente catamarqueño Rafael Vehils Ruiz, el encargado de realizar el informe final sobre el incidente, le adelantó que sería suspendido, y la definió como “una estúpida”.
En febrero, Vehils Ruiz le recomendó a Casal que suspendiera 15 días a Senestrari, una sugerencia que abrió posibilidades: imponer esa sanción (u otra); abrir la instancia ante el Tribunal de Enjuiciamiento del Ministerio Público Fiscal para que defina si hay causal de remoción o desestimar las actuaciones. El curso que tomaron los acontecimiento a partir de ese momento permite avizorar que habrá consecuencias para el agente; posiblemente, luego de la feria.
El panorama para Senestrari se intrincó en marzo, cuando fue denunciado por la presunta comisión del delito de encubrimiento el marco del caso CBI.
Los defensores del empresario Darío Ramonda sostuvieron que omitió investigar miles de cheques en la versión local de “La ruta del dinero K”. El juez Miguel Hugo Vaca Narvaja no admitió el planteo, pero los letrados acudieron a Casal y, al igual que otros actores del sistema de Justicia, le pidieron que le pusiera un freno al instructor.
Cabe recordar que en agosto de 2016 Senestrari dijo que carecía de competencia en el tramo de la pesquisa en el cual se investiga el origen de los 290 mil dólares que el ex intendente de Laguna Larga, Fernando Boldú (Córdoba Podemos), tenía en una caja de seguridad a la cual tenía acceso el ex candidato a la gobernación por el kirchnerismo, Eduardo Accastello.
El agente intentó despegar a los ex mandatarios comunales K del expediente y aseguró que no había elementos de prueba que determinaran la existencia de un delito en el ámbito federal. Sin embargo, Vaca Narvaja le ordenó seguir investigando el origen de los activos.
Recién el marzo del 2016 se hizo público que Accastello figuraba en las actuaciones, aunque la intervención de las cajas de la empresa se produjo tiempo antes.
Ahora, con el expediente CBI conectado con el de los “cuadernos de las coimas” por la declaración de un arrepentido, el fiscal quedó, una vez más, en el ojo de la tormenta.
Lejos de bajar su perfil, optó por cerrar el 2018 tratando de “extorsionadores” a sus pares de Comodoro Py, Carlos Rívolo y Carlos Stornelli, que instruyen la pesquisa generada por las anotaciones del chofer Oscar Centeno.
El fin de semana, en declaraciones a La Nación, Senestrari opinó que el hecho de que personas jurídicas y organismos públicos hayan depositado sus cheques en la financiera no necesariamente implica lavado. En tanto, manifestó no tener sospechas de que por esa vía se pagaran sobornos.
A su turno, el arrepentido Miguel Vera describió un mecanismo presuntamente usado por el kirchnerismo para blanquear sobreprecios, pero el agente minimizó la versión. “No soy de los fiscales que usan al arrepentido como extorsión o disparador de otras causas”, afirmó.
Paralelamente, se refirió a los cuadernos como “fotocopias”.
Rívolo y Stornelli no ocultaron su irritación. Pusieron el grito en el cielo por el hecho de que un funcionario que acumula problemas opine en esos términos a mil kilómetros de distancia de las actuaciones.

Grieta
La grieta entre los fiscales es profunda. Rívolo tiene en la mira a Senestrari desde hace tiempo. Cuando Casal relevó a Gils Carbó, hace un año, se aceleraron los pases de factura a los “leales al modelo” y Rívolo hizo duras afirmaciones.
Enfatizó que la militancia política dentro del Ministerio Público no debía existir y citó el caso de algunos colegas, que llamaron “golpistas” a los agentes que marcharon para homenajear a Alberto Nisman.
El mensaje se direccionó principalmente a los integrantes de Justicia Legítima. Sin dar nombres, fustigó comportamientos como el de Senestrari, quien nunca se privó de hacer declamaciones de alto voltaje partidario, tanto ante los medios como en las redes sociales.
Rívolo apeló a la unidad de los representantes del Ministerio Público Fiscal, pero dejó en claro que aunque cada uno puede tener sus ideas, para estar dentro de la institución “tienen que pensar en la institucionalidad”. Otro tiro por elevación a Senestari, que llegó a propalar su deseo de que Mauricio Macri no cumpliera su mandato.
Asimismo, valoró que “no existió política de persecución de la corrupción en la última gestión” y sostuvo que el ex procurador Esteban Righi tuvo que irse “porque eligió ser procurador de la Nación y no de un Gobierno”, considerando que, por el contrario, Gils Carbó hundió al organismo en una crisis “porque eligió ser la Procuradora de un Gobierno y no de la Nación” .
Sobre la agrupación Justicia Legítima, contó su participación en la primera reunión. “Salí espantado”, disparó, narrando que en un panel expusieron que la Corte “tenía que acompañar con sus fallos al gobierno”.



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