Pérsico tiene razón

El dirigente Emilio Pérsico emitió ayer algunas declaraciones que, coincidiendo con los 35 años de democracia, tienen lo necesario para hacernos reflexionar sobre la misma.



Por Javier Boher
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Hay cosas que siempre nos sorprenden. El mismo día en que se cumplían 35 años del regreso de la democracia, Emilio Pérsico (líder del Movimiento Evita a nivel nacional) salió a agitar el fantasma de cada fin de año, el del caos y los saqueos.
Mientras todos trataban de recapitular sobre las deudas y los aciertos del sistema democrático, el barbado dirigente metió el dedo en la peor llaga desde que se le puso fin a la última experiencia dictatorial, que no es otra cosa que el coqueteo incesante de algunos dirigentes con la anomia y el descontrol.
Como cada fin de año, los que cuidaron las formas durante la cumbre del G20 salen a presionar para obtener algún beneficio adicional, un plus que los deje bien parados frente a los miembros de su organización.
Tal vez los $3000 que ofreció el gobierno les parezcan insuficientes, aunque es bastante más que lo que perdieron los jubilados por la aplicación de la fórmula que entró en vigor el año pasado. Cada uno se debe a su público, obviamente, por eso la solidaridad de Pérsico y los suyos es para los miembros del Evita.
Muchos análisis ayer se concentraron -especialmente- en las deudas que hemos acumulado desde 1983 a la fecha, las que permiten que tipos como Pérsico puedan seguir condicionando a los gobiernos. Mientras todos los países de la región lograron crecer y prosperar -cada uno con sus complejidades- nosotros seguimos atascados.
No pretendo extenderme en un análisis que ya compartí alguna vez, pero el mismo sostiene que así como Alfonsín fue la reconciliación con un sistema político que puso fin al desastre de las dictaduras, Menem sentó las bases para un sistema económico en línea con el resto del mundo, desarmando el proteccionismo histórico.
Cuando era el tercer momento, el de la reconstrucción social, el kirchnerismo se encargó de poner en duda la democracia liberal (planteando extrañas alternativas con el norte en algunos autoritarismos caribeños) y trató de demoler la economía de mercado (y las libertades individuales asociadas a ella).
La elección de Macri como presidente (de cuya asunción ayer se cumplieron tres años) representó un pedido por recuperar el tiempo perdido en ambas dimensiones, pero también sumando la tercera, la que no pudo encarar un kirchnerismo que nunca debió haber ocurrido.
Además de amenazar con que haber acordado un bono no garantiza un diciembre tranquilo, Pérsico agregó que la paz de fin de año es responsabilidad del gobierno. Y en eso hay que darle la razón.
El gobierno es el que debe tratar de hacer funcionar todas las dimensiones de una democracia que fue puesta bajo asedio durante muchos años, que hoy está pidiendo recuperar aquellos primeros acuerdos y eliminar los privilegios de los avivados que conspiraron contra ella, como Pérsico y todo el orden político que representa.
Los menores de 35 somos los hijos del amor de una generación por la democracia, con padres que pudieron experimentar en carne propia la larga noche procesista y la ilusión del renacer alfonsinista.
Somos también los que vivimos la estabilidad económica de los ‘90, que con su exclusión y desigualdad propició el desastre de 2001, ese que nos agarró de golpe y que no queremos repetir (porque en ese caos sólo ganan los Pérsico).
Por distintas vías, apoyando a distintos partidos, o con distintas ideologías, somos los que esperan que esas tres dimensiones empiecen a marchar juntas, resolviendo democráticamente los problemas políticos, económicos y sociales.
A 35 años del regreso de la democracia, lo que hace falta es que el gobierno asuma sus responsabilidades, no sólo las que competen al día a día, sino también las históricas, aquellas para las que el kirchnerismo no estuvo a la altura. Porque para comer, curar y educar con la democracia, hace falta gente realmente decidida a gobernar para alcanzarla.



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