Basta

Apenas 21 años tenía Pete Shelley en 1976, cuando vio a los Sex Pistols por primera vez en Manchester. Ante la pronta partida de su socio Howard Devoto para armar su propio grupo, Shelley quedó al frente de los Buzzcocks y desempeñó ese rol hasta su muerte, ocurrida el jueves pasado.



Por J.C. Maraddón
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A mediados de los años setenta, la ciudad de Londres se había convertido en un hervidero cultural del que iba a emerger la última gran vanguardia del siglo veinte: el punk rock. La recesión económica posterior a la crisis del petróleo se había hecho sentir de manera palpable en la sociedad británica, que se encontraba muy lejos de aquel imperio que controlaba el comercio en el planeta antes de la Segunda Guerra Mundial. El panorama se completaba con un cada vez mayor arribo de inmigrantes que provenían de las antiguas colonias y que traían consigo un bagaje sonoro que dejaría su impronta en las islas.
La capital de Inglaterra asumió con incomodidad institucional la tarea de propiciar la eclosión de la punkitud, con una profusión de bandas que se ocuparon de llenar las carteleras de los pubs donde les estaba permitido subirse a un escenario. Florecieron nombres irritantes que, al poco tiempo de darse a conocer, ya eran entrevistados por la prensa de rock y fichados por los sellos que, al advertir la magnitud del fenómeno, no querían dejar pasar la oportunidad de contar con una banda punk en sus filas. Y mientras más salvajes fueran los músicos, mejor.
Manejados con astucia por el productor Malcolm McLaren, los Sex Pistols se despegaron del resto apenas el punk se estableció como fenómeno. Y, con sus exabruptos permanentes y sus mohínes al borde de la delincuencia, pusieron muy alta la vara de la transgresión para el lote de músicos que venía abriéndose paso detrás de ellos. Sin embargo, al poner el acento en la imagen y en la crudeza de su música y sus letras, forzaron la puerta a la fama para un malón de chicos desaforados que querían despegar de la indigencia para ganarse la vida tocando sus propias canciones.
El 4 de junio de 1976, como parte de una gira, los Sex Pistols actuaron por primera vez en la ciudad de Manchester. Tal como lo muestra la película “24 Hour Party People”, a esa función asistió un público escaso, pero selecto. Entre otros, estaban allí los músicos que luego serían parte de bandas como Joy Division (después, New Order), The Fall, The Smiths y A Certain Ratio, todas ellas gestoras del renombre de Manchester como vértice sonoro en los siguientes años, cuando el punk se agotó y Londres se vio opacada por los grupos que provenían de otras ciudades inglesas.
Y también se encontraba presente una dupla que había propiciado el show de los Pistols, al ponerse en contacto con Malcolm McLaren y convencerlo de que llevara a los suyos hasta allí. Aunque esa primera incursión fue un fracaso de taquilla, la pericia de Sex Pistols en escena corrió de boca en boca y apenas algunas semanas más tarde, el grupo volvió y llenó la sala. Esa vez, tuvieron como número soporte a la banda de esos dos chicos que los habían animado a presentarse en Manchester: Pete Shelley y Howard Devoto, cantante y guitarrista de los legendarios Buzzcocks.
Apenas 21 años tenía en ese entonces Pete Shelley, quien ante la pronta partida de Devoto para armar su propio grupo, quedó al frente de los Buzzcocks y desempeñó ese rol hasta su muerte, ocurrida el jueves pasado a raíz de un ataque cardiaco. En sus 63 años de vida, se ocupó de propagar la punkitud más allá de las fronteras del tiempo y el espacio, como una especie de reserva moral de un movimiento que fue fugaz en su duración pero que no parece tener límite en cuanto a su legado. La impresión causada por aquel concierto de los Sex Pistols en Manchester, propulsó su energía hasta que el corazón le dijo basta.



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