La derrota previsible

El video de “Nothing Breaks Like a Heart” podría haber constituido un retorno glorioso para la cantante Miley Cyrus, a quien idolatra una franja de chicas que van desde los 15 hasta los 25. Pero resulta que ese mismo segmento está ahora encantado por el flamante repertorio de Ariana Grande.



Casi al mismo tiempo que su casa de Malibú ardía bajo el fuego de los incendios en California, Miley Cyrus cumplía 26 años y pasaba a convertirse en una “veterana” de la música pop, si tenemos en cuenta los parámetros de precocidad que se manejan hoy en la industria. Conocida desde muy pequeña por su participación en el Disney Channel, a partir de su ingreso a la mayoría de edad ella operó un cambio en su imagen que se asemeja al de su personaje Hannah Montana: dejó de ser la ingenua adolescente de la serie para transformarse en una artista de la provocación.

Tras el suceso universal de su disco “Bangerz” en 2013, Miley flirteó con la extravagancia al publicar en 2015 un álbum independiente en colaboración con el líder del grupo The Flaming Lips, el inefable Wayne Coyne. Más allá de que estaba claro que se trató de la travesura de una estrella, “Miley Cyrus & Her Dead Petz” desorientó a todos, en especial porque se pensaba que después de haberse posicionado a la cabeza de los charts planetarios, ella iba rumbo a calzarse la corona de la máxima figura femenina del pop en el siglo veintiuno, rubro en el que no le faltan competidoras. De regreso de ese experimento, otra vez la hija del astro del country Billy Ray Cyrus sorprendió al mundo con un nuevo disco, “Younger Now”, que ya desde su título significaba un retorno a sus raíces, el género en el que siempre militó su padre. El álbum, editado en 2017, estuvo precedido por un single muy taquillero, “Malibu”, que presagiaba un reencuentro de Miley Cyrus con el éxito: no era un tema bailable ni una balada antológica, pero marcaba una evolución artística que la situaba en una etapa de maduración evidente.

Sin embargo, todo indica que no le perdonaron el derrape de aquella sociedad con Wayne Coyne. Por más que “Younger Now” mostró cifras de circulación muy respetables, fue el álbum que menor cantidad de ventas tuvo en toda su discografía. Y para una celebridad musical como ella, ese dato es indicativo de un error en la brújula creativa o de una declinación anticipada en su carrera, tal vez como resultado de haberse iniciado desde muy pequeña en el negocio del entretenimiento. Quedaba entonces por esperar a ver cuál sería su siguiente movimiento, en busca de retomar la senda perdida. El pasado 30 de noviembre, fue subido a Youtube el video de su nuevo tema, “Nothing Breaks Like a Heart”, en el que comparte cartel con Mark Ronson. La canción confirma el sonido que ya venía insinuando y en el video se aprecia una especie de nostalgia y de distancia con respecto a las disímiles instancias que atravesó desde su ingreso en el universo del espectáculo.

Las imágenes no pueden ser más explícitas, porque la involucran en una fuga hacia adelante, en un escape de la fama, que tantos placeres y tantos dolores de cabeza depara, al mismo tiempo. Sin duda, “Nothing Breaks Like a Heart” podría haber constituido un retorno glorioso de esa artista a la que idolatra una franja de chicas que van desde los 15 hasta los 25. Pero resulta que ese mismo segmento está ahora encantado por el flamante repertorio de Ariana Grande, quien dio a conocer el video de “Thank u, Next” el mismo día en que Miley Cyrus publicaba el suyo. Habrá que ver cómo digiere esta previsible derrota una cantante que supo gozar de una presencia arrolladora y que ahora se está viendo obligada, por primera vez, a levantarse para seguir luchando.



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