El truco del gobernador

Se adelantó la fecha de las elecciones provinciales y quedaron todos en estado de alerta, porque los corrieron para que se apuren y revelen algunas de sus cartas.

Por Javier Boher
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Buen día, amigo lector. Finalmente los esclavos del fondo del Imperio pudieron entretener a los romanos en ese coliseo que es el Bernabéu. Los jugadores estaban más perdidos que chupete… De la Rúa en Videomatch.

A esta altura ya perdió toda la gracia, así que lo mejor para todos nosotros es concentrarnos en los verdaderos gladiadores, los animadores de la lucha política cordobesa. Se puso una fecha más tempranera que gallo con insomnio y dejó a todos peor parados que en la Casa de Casper.

Por eso es que salieron todos los cambiemitas a mostrar las cartas como nene de primaria que está aprendiendo a jugar al truco. Esa fecha no es un ancho falso, pero tampoco llega a meter el miedo del siete de espadas.



Se sabe que el gobernador repartió las cartas y es pie, así que ahora quedó con algo de ventaja frente a los que siguen jugando sin saber muy bien cómo viene la mano.

Acá se mezclan los intereses de los distintos precandidatos de Cambiemos, porque vernos a algunos que quieren ganar, otros que quieren pelear y algunos que están molestando como chico caprichoso que espera que le compren algo en el super.

La cosa viene más o menos así. Hay cuatro caballeros convencidos de que son los únicos capaces de encabezar la fórmula para ganar, aunque todos saben que necesitan al resto para juntar los votos. Son como una pizza, que no importa si a alguno le gusta más la salsa, a otro el queso o a otro la masa, seguro nadie la elige si le sacás uno de esos ingredientes.

La pelea estelar es entre el adorado de las viejas, el ex vicegobernador Mario Negri -que las conquistó cuando joven y hoy cosecha los frutos- y Reimon Jr., el dos veces intendente de la capital, hombre de linaje correligionario.

El primero es el persistente, el que a base de insistencia hizo toda una carrera política. Tiene el favor presidencial, pero inexplicablemente en el partido lo corren como si fuese un entrista del peronismo.

El segundo es el dueño del fútbol, el que tiene la última palabra sobre cómo se va a jugar el partido. Por la imagen que tiene su gestión en la capital, la pelota es apenas más grande que la pulpo, pero igual es más que suficiente para definir las reglas del picado.

Los dos que siguen desde atrás son el petiso chamuyero y el ex soplapito serrano. El primero es un eterno optimista (porque tiene la suerte imposible del que se gana dos veces la lotería) y el segundo un eterno confiado (con la suerte de haber encabezado el fuerte crecimiento del macrismo en la provincia). Son los que cantan falta envido con 25 y te ganan. No se sabe si porque mienten bien o porque son unos inconscientes para cantar, pero les sale.

El tema es qué busca cada uno, cosa difícil de descifrar sólo por un radicólogo.

Le digo la fija: que el galán de las tías haya anunciado que pretende estar solo un período es un claro guiño a su principal contrincante, que necesita limpiarse cuatro años para recuperar imagen en la capital.

Los últimos candidatos a gobernador que enfrentaron al peronismo sacaron más votos que él para la intendencia, así que no es descabellado que quiera reeditar aquella estrategia que finalmente lo puso en el Palacio 6 de Julio, apelando a que por la memoria selectiva se olviden de las cloacas o de la basura.

Por eso Negri quiere tentar a Reimon Jr. para que juegue adentro y no le retacee el apoyo del aparato que maneja, que puede que no sea un Camaro o un Mustang, pero es un Fiat Uno bien enfierrado que anda afinado para las picadas.

Hay algo que seguro deberán aclarar rápidamente, porque mayo se les va a venir encima más rápido que Reyes tras una Navidad con macrisis. El tema del vice es clave, porque hay que ver si alguno de los derrotados acepta ocupar fórmula con el ganador. Chacho Álvarez es un testimonio vivo de que aceptar no siempre es comulgar.

Además, esa bula papal del gurú del teñido azabache de que hay que poner a una mujer en la fórmula sería todo un problema en un espacio político que le tiene menos confianza a las chichices que el tipo al que le amputaron el quetejedi con una tijera de podar.

La chance de ganar está, pero hay que ver si todos efectivamente quieren arrebatarle el trono a un Schiaretti renovado que ya mandó la campera roja a la tintorería.

Lo que ahora aparece con mucha más claridad es que el gobernador se está preparando para ir por la presidencia. Con la publicidad que metió en el entretiempo del superclásico me hizo acordar a los mejores años de De la Sota, alimentando su sueño de la Rosada con algo de pauta pública en tele nacional.

Lo mío no es la futurología, pero me es inevitable imaginarlo abrazado a su señora en el festejo provincial, anunciando su participación en la interna nacional (para el delirio de los compañeros enfervorizados abajo del escenario).

Como siempre, estas son meras conjeturas que salen de no conocer qué recibió cada uno cuando se puso en juego el mazo. Porque se sabe que la partida se termina cuando se impone el que mejor usa las cartas que le tocaron.



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