Muchas preguntas, pocas respuestas

El documental “La última búsqueda”, de Pepe Tobal, que se verá desde hoy en salas comerciales, evoca a los 68 ocupantes de un avión TC-48 que trasladaba cadetes de la Escuela de Aviación Militar Córdoba en viaje de estudios rumbo a Estados Unidos, y que desapareció en vuelo en 1965.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

La gente suele buscar en el cine una evasión que le permita escapar de la rutina y de las impiedades de vida cotidiana. Generalmente, no pide que lo visto en la pantalla se ajuste en un cien por ciento a la verdad. De hecho, los espectadores saben que detrás del lenguaje cinematográfico hay todo un proceso de edición que ayuda a abreviar el relato de historias que jamás habrían podido ser contadas en tiempo real. Sin embargo, a pesar de conocer esa trastienda, aceptan el contrato que les plantea la acción de ver un filme y creen a pies juntillas en lo que les están mostrando.
Hollywood, como meca de la industria audiovisual, recibe sin remilgos el mote de “fábrica de sueños”, precisamente porque allí es donde se tejen las fantasías que provocarán risas y llantos en millones de personas en todo el mundo, tanto en las salas a oscuras donde se proyectan los filmes como en los hogares hoy llenos de pantallas y dispositivos. Es esa la mayor factoría de entretenimiento y, como tal, no está obligada a ajustarse a reproducir de manera estricta los hechos tal cual hayan ocurrido, algo a lo que sí se comprometen quienes están sometidos a los parámetros tradicionales que rigen para la historia o el periodismo.
Ahora bien, dentro del catálogo de productos que se nos ofrecen, hay un apartado repleto de numerosas obras que, por el contrario, le escapan a lo fantástico y desdeñan la imaginación, para concentrarse en reproducir narraciones de acontecimientos reales. Muchas de esas películas son recreaciones más o menos libres de lo que pasó, en tanto que otras ingresan dentro de la amplia categoría del cine documental, que a través de los testimonios, las investigaciones de archivo y la presentación de elementos de prueba, explica cómo (y a veces, también por qué) sucedieron ciertas cosas.
Tal vez la necesidad del público de aferrarse a alguna verdad en medio de tantas fake news ha llevado a que este género atraviese en los días que corren una etapa floreciente, sobre todo gracias a la avidez de productos para ofrecer que tienen las plataformas de streaming. Más difícil es que estas producciones lleguen a proyectarse en las salas comerciales; a lo sumo, la mayoría queda confinada al circuito de cineclubes, donde gentilmente encuentra su ámbito natural, como ocurrió no hace mucho con “Piazzolla, los años del tiburón”, el largometraje de Daniel Rosenfeld sobre el genial bandoneonista argentino.
Este karma le otorga más valor al estreno de “La última búsqueda”, un trabajo de Pepe Tobal que se verá desde hoy en los Dinosaurio Mall de Rodríguez del Busto y Ruta 20. Después de 53 años, nada se sabe aún de los 68 ocupantes de un avión TC-48 que trasladaba cadetes de la Escuela de Aviación Militar Córdoba en viaje de estudios rumbo a Estados Unidos, y que desapareció el 3 de noviembre de 1965 tras reportar una emergencia mientras volaba sobre Costa Rica. Tobal refleja las distintas hipótesis que se tejieron sobre lo que pudo haber pasado, y que en la avant premiere se trasladaron de la pantalla a la platea, en el debate que se realizó luego de la función.
Al acompañar a Cecilia Viberti, hija de un capitán que viajaba en la nave, en su -hasta el momento- infructuoso rastreo de la selva costarricense en busca de los restos del TC-48, “La última búsqueda” no sólo le impone al espectador la fuerza de una historia conmovedora, sino que además rescata los recursos del cine de aventuras, matizando así la trágica evocación del accidente. Aunque todo indique que el avión se precipitó al mar o cayó a tierra, su recuerdo sobrevuela las vidas de quienes todavía siguen teniendo muchas preguntas y pocas respuestas.



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