Frente impensado entre Cambiemos y Luz y Fuerza

Tanto Luz y Fuerza como Cambiemos están poniendo mucha energía para tocar al gobierno de Juan Schiaretti. Han sostenido, al respecto, electrizantes debates internos.

Por Pablo Esteban Dávila

Tanto Luz y Fuerza como Cambiemos están poniendo mucha energía para tocar al gobierno de Juan Schiaretti. Han sostenido, al respecto, electrizantes debates internos. Finalmente, se les ha prendido la lamparita: hablarán de EPEC. Impensadamente, juntos integrarán en los próximos días un frente contra Unión por Córdoba. Las motivaciones del gremio son previsibles. El lucifuercismo ha sido golpeado duramente por el Centro Cívico y, a modo de un boxeador cercano al nocaut, se bambolea dentro del ring sin saber exactamente donde están las cuerdas. Sus dirigentes saben que deben devolver el guante, pero durante varios meses no han sabido exactamente cómo hacerlo. Intuyen perfectamente que, cuanto más tiempo pasa, más fuerte se vuelve el gobernador y más se profundiza la debilidad propia. Algo hay hacer. Es por ello que, tras mucho tiempo de permanecer en silencio, Gabriel Suárez parece haber encontrado el flanco por donde entrarle al enemigo. En un extenso video colgado en el Facebook del sindicato, el secretario general anuncia la estrategia que sostendrá en adelante. No es, adelantamos, el Plan Schlieffen, pero algo es algo.

En resumidas cuentas, Suárez pretende convencer a la ciudadanía que el actual estado de quebranto de EPEC no se debe a los irritantes privilegios laborales de los que gozan sus representados sino a una pésima conducción de la empresa. Como el directorio y la gerencia son responsabilidad del gobierno, deduce, la culpa de todo la tiene Schiaretti. Esta ineficiencia explica las elevadas tarifas eléctricas que pagan los cordobeses y, lo que es más injusto, la odiosa política antisindical que lleva adelante el gobernador y sus sicofantes. El secretario general pretende llevar adelante una ofensiva de esclarecimiento en las redes sociales y, en forma concomitante, a través de contactos cara a cara con los usuarios. Esto supone hacer uso del timbreo como herramienta pedagógica y enfrentarse -escudados tras una sonrisa encantadora- con aquellos que en múltiples ocasiones fueron víctimas de sus tropelías gremiales. Este arrojo de Suárez lo emparenta con los inventores del método que se propone utilizar a destajo. Las huestes de Cambiemos también velan armas en relación con EPEC y, fieles a su estilo, están dispuestos a utilizar el timbreo para llevar adelante su propia campaña de concientización.

Los estrategas de la coalición coinciden con Luz y Fuerza en el diagnóstico básico: la energía en Córdoba es cara porque la empresa está mal manejada. Tiene costos que se encuentran por sobre sus ingresos y es esta la razón por la cual es necesario financiarla, con exasperante frecuencia, mediante aportes del tesoro provincial. El asunto tiene un consenso unánime, independientemente de las fracciones en pugna. Negristas, mestristas y baldassistas (si es que esta última categoría realmente existe) concuerdan en que EPEC tiene mucha tela para cortar. Consideran que es un buen tema de campaña porque, en el resto de las aristas que se evalúan, el Centro Cívico exhibe solidez. Esto explica la suerte de pax energética que vive Cambiemos con relación a esta cuestión. La convicción es tan fuerte que Javier Iguacel -el ministro del área en la Nación- vendrá a Córdoba a explicar a la tropa cuáles son los problemas por los que atraviesa la distribuidora eléctrica y qué debería hacer para solucionarlos. Equipados con este bagaje conceptual, la militancia se ocuparía de hacer conocer, casa por casa, la espada de Damocles que pende sobre la economía provincial. Si hemos de creer a los protagonistas no debe descartarse que, en determinados barrios y en ciertos días, los equipos de Luz y Fuerza y los de Cambiemos coincidan en algunos domicilios transmitiendo un mensaje similar: que la culpa es de Schiaretti. Es un frente conceptual del que nunca podría haberse dado noticias con anterioridad. Si la política es el arte de lo posible, el sólo imaginar esta confluencia eleva a Aristóteles a la categoría de un chamán.



De efectivamente prosperar, el esfuerzo que habrán de llevar adelante cambiemitas y sindicalistas es encomiable, pero tiene algunos aspectos que deberían cuidar. Los lucifuercistas, particularmente, deberían preparar algunas respuestas frente a las preguntas que, de seguro, habrán de recibir en su timbreo clasista y combativo. La más probable es sobre su convenio colectivo de trabajo, claramente asimétrico y que jaquea a la empresa con prebendas incomprensibles. ¿Qué dirán al respecto? ¿Qué lo tienen para asegurar que EPEC sea un modelo de contención financiera y de servicio público? Será difícil creerles. Por el lado del macrismo también deberían andarse con cuidado. Puede que el manejo de EPEC sea cuestionable (está en la naturaleza de las empresas estatales), pero los antecedentes tampoco ayudan a la recepción de los consejos nacionales. Aerolíneas Argentinas no parece ser un modelo de eficiencia -necesita de subsidios millonarios en dólares-, y el manejo que ha hecho de ciertos temas “el mejor equipo de los últimos 50 años” tampoco promete soluciones inmediatas. Lo que tal vez convendría decir, sin tanto maniqueísmo gerencial, es que la empresa no tiene arreglo a menos que se la privatice.

Sería mucho más honesto intelectualmente y se evitarían un montón de comparaciones de las que ni el radicalismo ni el PRO saldrían bien parados. Pero por algo hay que empezar. Cambiemos tiene aquí su primer casus bellis; ya habrá tiempo para buscar otros. Por de pronto, Iguacel bajará línea y los amarillos tendrán renovados argumentos para soñar con la Gobernación. Repetirán, en coincidencia con sus aliados lucifuercistas, que con una mejor conducción todo se arregla y que sólo habrá que votar distinto para que la magia surta efecto. Como dijo Fernando de la Rúa: “¡Qué lindo es dar buenas noticias!”. El problema es que el argumento es falso y que los integrantes de este frente improbable lo saben. Una buena conducción profundizaría en lo que ha comenzado Schiaretti (la denuncia del Convenio Colectivo) y estudiaría la privatización de la empresa. El PRO firmaría con ambas manos una posibilidad semejante, pero el radicalismo se negaría rotundamente. Después de todo, Eduardo Angeloz se cuidó muy bien de hacerlo, al igual que Ramón Bautista Mestre cuando hubo de sucederlo en medio de las secuelas del Efecto Tequila. Sucede que el voluntarismo administrativista es más fuerte que las evidencias y que, en definitiva, el amor por las gestiones estatales es transversal a los principales partidos. Es este el mejor reaseguro del que dispone Suárez para que todo siga más o menos igual y por las dudas le fracase el timbreo.



1 Comentario

  1. En realidad, LyF y Cambiemos no están en ninguna sintonía. Básicamente porque LyF atribuye el elevado costo de la tarifa de EPEC a las políticas que benefician a las empresas (estatales o privadas) del gobierno nacional de Macri/Cambienmos y la actitud antisindical persecutoria de derechos laborales llevadas a cabo tanto por Macri como Schiaretti.

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