Palabras que dibujan lo que no se cierra

La poesía es un diálogo constante entre las luchas ideológicas por la belleza que nos contorsionan el espíritu y la mente.

La poesía de Ezequiel Planté



Por Santiago Pfleiderer
spflei.prensa@gmail.com

Pensando en lo infinito y en la no posibilidad de cierres definitivos a las cosas, me encontré un libro y un recuerdo que vinieron a graficar la pregunta, la respuesta, y la apertura a la búsqueda de otras preguntas.
La cita era en Río Ceballos, pocos tiempo después de las terribles inundaciones. Llego. La gente resulta amable. Los mates se fundían en charlas amigables para mitigar la espera. Ezequiel Planté –músico, flautista, guitarrista, cantante y escritor de las Sierras Chicas- presentaba su libro titulado Infinitudes, un poemario hermoso e inquietante que no hace más que plantearse búsquedas universales, inherentes a cada partícula de los seres. Nada más y nada menos. “Intento vivir desde la intensidad cósmica. ¿Será por eso el escribir?”, dice el autor. La poesía nos deja, otra vez, perplejos.
Infinitudes, el libro de Ezequiel Planté, fue editado –otro guiño mágico del destino- nada más y nada menos que por Narvaja Editor. Gonzalo Vaca Narvaja es sinónimo de calidad literaria y de compromiso, tal como lo es la obra de Planté.
El libro se presentaba compuesto por un prólogo de Juan Matías de la Cámara Beovide y tiene ilustraciones de Matías Balverdi. Infinitudes consta de tres partes: Nervadura Cero, Nervadura Cuatro y Nervadura Fincomienzo. En toda la obra se nos presenta la vida, la muerte, el cosmos, la noche, la tierra, la energía, en fin, la poesía. Las Infinitudes son chispas desparramadas en lo más cotidiano del universo, ínfimos y eternos átomos de luz que se mueven creando el universo real y el poético. Así, el poema se convierte en un tejido, en fractales que se multiplican dando y generando sentido y vida a cada parte de nuestra historia, de nuestros paisajes, de nuestro quehacer doméstico.
Pero no todo es tan metafísico en la obra de Ezequiel Planté. Hay coherencia, hay lucha, hay un hilo conductor entre sus palabras tejidas al vacío y lo que uno puede ver en la representación activa de Ezequiel en su mundo. La poesía es una mujer valiente, aventurera y comprometida, militante y aguerrida, curiosa y preguntona que no se cansa ni de día ni de noche, un ritual convidado de la palabra con lenguas, labios y dientes dispuestos a dar la vida entre sorbos de café, cigarrillos o el trago tinto embriagador de las penas. Una guerra de guerrillas, de ideas convincentes y vacilantes, un manto nocturno de bellezas sólo comparables al olor del sexo, esa pradera perdida que espera ser explorada. La poesía es eso: un diálogo constante entre las luchas ideológicas por la belleza que nos contorsionan el espíritu y la mente. La poesía no es una chalina tejida por los dioses, tampoco es un organismo vivo dispuesto a ser analizado para comprender el pasado y el futuro de las categorías problemáticas de la literatura. La poesía es un arma, una herramienta de lucha, un cargamento de buenas intenciones con el cual tirar fogonazos que pueden verse reflejados en muchas y distintas realidades. Un espejo invertido, una flecha de tinta, un tatuaje, es algo de lo que no se vuelve.
Infinitudes viene, además, con un CD donde la poesía se transforma en voces y en música. Participan en él el mismo Ezequiel en flautas junto a Facundo Bonel, Patrizia Quaglia en el cuatro, Lilah Ríos, Julieta Barrantes y Eze Planté en recitados, más el sonido ambiente de las sierras. El disco fue concebido en Agua de Oro y el libro en Río Ceballos.
Planté, desde una sencillez que se asemeja a la corriente de los ríos pequeños, planta su lucha diaria en la defensa de la naturaleza y de su ambiente natural: las sierras. También empuña su flauta traversa con la cual despliega sus sonidos dulces en agrupaciones como Aguapordentro, Viento Revés, y Rústicos Folklore. Un artista no es tal si no busca expandirse en otras completitudes, y agitar a viva voz otros caminos posibles.
Unos meses antes de la intensa y profunda experiencia de Infinitudes, Ezequiel Planté comenzó a darle forma a una nueva propuesta que vería la luz algún largo tiempo después. Junto al músico, poeta e ilustrador Leandro Ceballos crearon el proyecto Paraquenoides donde se conjuga la poesía y la ilustración concebida como un todo unido y no como complemento una de la otra. Así, y desde las sierras chicas, nace otro libro donde el lenguaje se vuelve una entidad sin normas ni reglas, donde la creatividad prima a pesar a de los estándares. Palabras que se crean, se transforman, que abarcan y no aprietan, a la par de las imágenes que nacen junto a las letras
Siempre, por los rincones, otras infinitudes afloran. La poesía no descansa.



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