La tendencia de inversión de las Pymes subió 2% en octubre

Todavía se ubica 36,9% debajo de un año atrás pero parece haber encontrado un piso; la suba se explica por la leve mejora en las condiciones económicas, especialmente por la mayor estabilidad cambiaria, pero eso no impactó en un aumento en las decisiones de inversión.



El Indicador de Tendencia de Inversión (ITI) de las pymes industriales subió dos por ciento en octubre y acumula una caída de 39,1% en diez meses. Registró un valor de 36 puntos cuando en diciembre se ubicaba en 59,1 puntos y 61,6 en enero. Sobre una escala de 0 a 100, la inversión continúa en una situación mala, aunque la caída parece haber encontrado un piso.
El ITI lo elabora el Centro de Economía Regional y Experimental (CERX).  En octubre mejoró levemente la percepción del empresario sobre la situación presente de su firma, y la mayor estabilidad cambiaria también generó una mejora en la evaluación sobre el ambiente de inversión.
Sin embargo, esa modificación todavía no se trasladó a las intenciones de inversión ya que las expectativas sobre la evolución futura de la economía se mantienen inciertas y bastante negativas. El 80,4% de los empresarios consultados aún creen que en los próximos seis meses la producción de su empresa se mantendrá igual o continuará cayendo.
En octubre solo 8,7% de los industriales pyme consideraron que el actual es un buen momento para invertir (6,6% en septiembre y 35,1% en octubre del año pasado).
El “Indicador de Condiciones para Invertir” (ICI), que subió 4,6% en el mes. El ICI interpreta la situacioìn actual del empresario seguìn su rentabilidad, la situacioìn general de la empresa, y coìmo percibe el contexto actual para invertir.
En octubre este indicador pasó de 39,8 puntos a 41,7. Eso se explica porque subió 4,4% el indicador de rentabilidad del conjunto de las industrias de la  muestra. Muchas empresas estuvieron trabajando por salvar su negocio, achicando costos operativos, rotando personal, y en algunos casos cerrando alguna parte de la firma.
Además, se incrementó 2,7% la percepcioìn que tiene el industrial sobre su propia empresa. Si bien las ventas siguen retraídas, el ejecutivo está adecuando su negocio a la nueva situación económica, tratando de encontrar un equilibrio sustentable. Creció 8,8% la evaluación que hace el empresario sobre si es momento para invertir en su empresa, alentada por la estabilidad del último mes.
El “Indicador de Intencioìn de Inversioìn” (IN), que bajoì 1,2%. El IN combina las expectativas del empresario sobre la evolucioìn de la produccioìn de su empresa para los proìximos seis meses y los planes que tiene de inversioìn a futuro. En octubre cayeron 2,6% las estimaciones de la compañía sobre la evolucioìn de su actividad en el venidero semestre.
También subió 1,4% la intención de inversioìn de los industriales. La cifra es poco  significativa siendo que sólo 14,5% de los empresarios tienen planes de inversión. La tendencia de inversión muestra un escenario negativo para el último trimestre del año, en un encuadre de aumento de costos, altos costos financieros, demanda deprimida, y altas expectativas inflacionarias. Ese escenario, vigente en los últimos seis meses, no genera estímulos para la inversión.
El año termina con expectativas que nada tienen que ver con el inicio cuando la esperanza estaba en el repunte de Brasil; salarios que, en buena parte, lograrían superar a la inflación  y se calculaba una actividad en alza. El 2017 ya había sido un período para el olvido para la mayoría de las Pymes.
Aunque hay una gran heterogeneidad entre sectores, las cifras del conjunto de industrias pyme promedian una baja. A la caída de producción se le suman las altas tasas que les impiden el financiamiento y una presión impositiva que no cede (incluso en 2019, subirá).
Hace una semana la Unión Industrial Argentina ( UIA) estimó que la actividad fabril caerá 2,3% interanual y alertó sobre un “impacto en el nivel de empleo” en sectores particularmente afectados.  Los industriales de todas las provincias manifestaron “preocupación por la caída en el volumen de ventas y el impacto que dicho descenso produce en la actividad”, y plantearon que “los efectos del stress financiero observado en los últimos meses se sienten con mayor intensidad en los sectores Pymes y en las economías regionales”.



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