La rebelión de los anónimos

Hace 40 años, el tema “Hold The Line” comenzaba su trepada en la lista del Hot 100 de Billboard, que lo iba a depositar en el quinto lugar en enero de 1979. Su intérprete era la banda estadounidense Toto, cuyos miembros querían probar cómo era tocar sus propios temas y no trabajar para otros.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

En otros tiempos, se mencionaba a menudo la categoría de los “músicos de sesión”, para referirse a aquellos profesionales que eran contratados para tocar durante la grabación de un disco, algo que generalmente ocurría en el caso de los solistas vocales. En la época de los crooners, esta práctica era tan habitual como la de encargarle a autores “on demand” que compusieran las canciones que después formarían parte del repertorio del intérprete. A nadie le importaba quién ejecutaba los instrumentos ni a quién se le habían ocurrido la letra y la música, porque lo único trascendente en esos casos era el nombre del cantante.
En contraposición a ese modelo, el rock se presentaba como la reivindicación de lo auténtico y, por eso, promovía que los mismos integrantes de las bandas compusieran los temas y estuviesen a cargo de la instrumentación. En su búsqueda de seducir a las mentes juveniles, el género se proclamaba como una superación de aquellas falsedades de la vieja escuela y reivindicaba la necesidad de que los músicos fueran capaces de desempeñar por su cuenta todas las tareas necesarias para registrar los discos. Los Beatles y los Rolling Stones muestran esta evolución, cuando tras un debut discográfico repleto de canciones ajenas, se pusieron a componer y no pararon más.
Este prototipo del artista de múltiples virtudes se arraiga en la segunda mitad de los años sesenta y la primera de los setenta, que es precisamente el periodo en que el género protagoniza un enorme crecimiento cualitativo, al pasar de la simple incitación al baile a constituirse como la manifestación musical contemporánea de mayor riqueza expresiva. Tanto los trovadores que influían sobre las multitudes con sus estribillos de protesta, como los experimentadores a ultranza del rock progresivo, exhibían un perfil de autosuficiencia absoluta, que los llevaba a ser muchas veces sus propios productores artísticos.
Mientras esto ocurría en el renglón del rock, el pop tomaba caminos mucho menos pretenciosos y rodeaba a sus figuras de todos los condimentos que fuesen necesarios para lograr que se impongan en el mercado y vendan a rabiar sus discos. La imagen crecía en importancia, en tanto que lo sonoro caía bajo la responsabilidad de una estructura artificiosa, que incluía entre sus elementos fundamentales a los sesionistas. A lo largo de horas y más horas de grabación, y a cambio de una retribución económica, estos trabajadores de la música dejaban su impronta en obras que no se adjudicaban a su nombre.
Como un desafío a ese anonimato al que los condenaba la producción industrial de hits musicales, un grupo de músicos de sesión alguna vez resolvió jugarse la vida con un proyecto propio, sin que esto implicara abandonar el empleo que les financiaba el sustento. Y así fue como en octubre de 1978 apareció el primer álbum de un grupo llamado Toto, detrás de cuyo nombre se amparaban Bobby Kimball (voz), Steve Lukather (guitarra), Steve Porcaro (teclado), David Paich (piano y coros), David Hungate (bajo) y Jeff Porcaro (batería). Como primer single, lanzaron “Hold The Line”, a ver cuál era el resultado.
Hace 40 años, “Hold The Line” comenzaba su trepada en la lista del Hot 100 de la revista Billboard, que los iba a depositar en el quinto lugar en enero de 1979. De allí en adelante, el suceso mundial de la canción fue extraordinario y hoy todos la reconocen como un clásico. Con Toto, los sesionistas se habían tomado revancha y sus temas sonaban alrededor del planeta, mientras los músicos progresivos iniciaban una estrepitosa declinación que, ya entrados los años ochenta, los iba a empujar a los brazos del pop. A esa altura, los miembros de Toto ya habían vuelto a las andadas: Quincy Jones los había convocado para que tocaran en “Thriller”, de Michael Jackson.



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