De Loredo, doble víctima de Triaca

De Loredo, junto con una verdadera cohorte de gente inteligente, tuvo que abandonar precipitadamente sus responsabilidades. La razón de su partida le fue completamente ajena a sus méritos personales y se trató, insólitamente, dela empleada doméstica del ministro de Trabajo Jorge Triaca.



Por Pablo Esteban Dávila

Pobre Rodrigo de Loredo. Es el único precandidato de todos los que andan pugnando por la Intendencia de Córdoba sin conchabo público.Es arduo imaginarse su día: levantarse temprano, fatigar Tribunales (el hombre es abogado y de algo hay que vivir) y luego hacer política con recursos escasos. Quizá esto explique su preferencia por los comedores de barrio -son más baratos que los céntricos- y por los deportes que no requieren el pago de cuota social en los playones de los polideportivos.
Su realidad es dura, pero no siempre fue así. Hasta mediados de febrero fue presidente de ARSAT y, previamente, había sido electo como legislador provincial, cargo al que renunció para acompañar la administración de Mauricio Macri. Su paso por el gobierno fue intenso y elogiado hasta por la oposición peronista. No hay dudas que De Loredo es capaz y obstinado, atributos que lo llevaron a brillar dentro de una empresa estatal de comunicaciones satelitales, muy lejos de su formación profesional. De haber continuado en la gestión macrista, su futuro hubiera sido decididamente promisorio.
Pero De Loredo, junto con una verdadera cohorte de gente inteligente, tuvo que abandonar precipitadamente sus responsabilidades. La razón de su partida le fue completamente ajena a sus méritos personales y se trató, insólitamente, dela empleada doméstica del ministro de Trabajo Jorge Triaca.
La historia es recordada: Sandra Heredia -tal es su nombre- se desempeñaba en negro en el domicilio de Jorge Triaca y, en cierto momento, fue nombrada por élcomo delegada en el SOMU, un sindicato que se encontraba intervenido por el propio ministerio de Trabajo y sin que dejara de revestir también en su casa.Cuando estalló el escándalo se supo, además, que el bueno del ministro tenía gran parte de su familia en el Estado, por lo que llovieron las acusaciones de nepotismo sobre el gobierno.
Como estapalabra no se encontraba dentro del vocabulario de Cambiemos, el presidente fue convencido por Marcos Peña de dictar una norma ejemplar. En adelante, ningún pariente de un ministro o rango equivalente podría desempeñar un cargo político y, de paso, se rescataba al soldado Triaca. Con la sanción del Decreto N° 93/18, Macri se desprendió, entre otros, del promisorio De Loredopor sucondición de yerno del titular de Defensa, Oscar Aguad.
El joven radical fue víctima del entonces ministro y, por lo bajo, debe haberlo maldecido más de una vez. Pero se cuidó de hacerlo en público, en buena medida por una razón de cálculo. Si Macri había decidido salvarlo se explicaba porque, al fin y al cabo, tener a un 10 de su ladobien valía el sacrificio de unos cuantos familiares talentosos. Cualquier hincha de Boca sabe que unTevez vale más que veinte Espinozas y, después de todo, se trataba del mejor gabinete de los últimos 50 años.
Sin embargo, Triaca no resultó ser digno de la inmolación que supo provocar. Once meses después de protagonizar aquel escándalo y del posterior rescate presidencial presentó su renuncia, efectiva a partir de la culminación de los fastos del G20. Debe de haber pensado que Donald Trump o Xi Jinpingprotestarían ante Macri por haberlo dejado partir en medio de la cumbre.
El dimitente aduce querer estar más tiempo con su familia, pero es difícil tragarse el caramelito. La verdadera explicación reside en que se siente incómodo por haber sido degradado a secretario de Trabajo bajo el comando de Dante Sica, el ascendente ministro de Producción. Orgullo mata lealtad. La pregunta, entonces, surge presurosa: ¿para esto sacrificó Macri a tanta gente valiosa?¿Para que alguien del riñón decida, cuando los vientos no les son favorables, abandonar el barco?
Es seguro que De Loredo debe estar pensando exactamente esto. Si la empleada de Triaca lo envió al ostracismo, su renunciadebe de haberle reabierto la herida. Todo por nada. Apenas el consuelo de compartir un espacio electoral con Héctor “la Coneja” Baldassi, lo más cercano al presidente que tiene a mano, dada la exclusión de contacto que sufre por su parentesco con Aguad.
Es que los políticos verdaderos no se van a menos que los echen. No hay orgullo herido o cosa semejante. Son majaderías propias de gente que no entienden que el ego, cuando se está en el poder, es un mal consejero y puede dañar a otros leales. Macri es nuevamente víctima de gente que él seleccionó bajo pretexto de ser los mejores y sin escuchar las advertencias sobre los riesgos que implicaba tener un gabinete exclusivamente técnico.
Se asume que nadie extrañará a Triaca. De hecho, Sica anunció, lacónicamente, que él en persona se haría cargo de sus funciones, como restándole entidad a las tareas que desempeñabael renunciante. Para muchos, el exministro y ahora exsecretario tendría que haberse ido hace tiempo, sin que el presidente tuviera que asumir un costo a todas luces desproporcionado para mantenerlo en el gabinete.
¿Hasta qué punto la historia del fallido exministro repercutirá en el futuro político de De Loredo? Es difícil saberlo, pero es innegable que la prematura partida de ARSAT privó al radical de prensa y posibilidades. Ahora debe vérsela con otros competidores armado sólo con su incipiente prestigio y con su ambición. No es poca cosa el tenerlas, por cierto, pero a todas luces es insuficiente. Lo imperdonable, en su caso, es que haya sido una doble víctima de alguien que, al final, terminó siendo más de lo mismo. Y que el presidente, como líder de un espacio necesitado de auténticospolíticos, haya prescindido ligeramente de dirigentes con futuro y hambre de poder sin tomarse un tiempo para pensar que significa, verdaderamente, el cliché del nepotismo.



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