Tironeados por los números

Después de meses negociando el presupuesto y recomendando austeridad a privados que hicieron casi todo el ajuste, el gobierno sale a regalar plata con un imprudente bono que no queda claro cómo se implementará.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Las últimas semanas han sido duras para todos los que hacen cuentas para llegar a fin de mes. Con sueldos que quedaron mirando la espalda de los precios en una carrera que perdieron hace rato, la situación obligó a ponerse creativos en las finanzas personales.
Con la negociación del presupuesto pasó más o menos lo mismo. Ministros provinciales y equipo económico nacional sumaron horas de diálogo para dejar un proyecto que deje más o menos contentos a todos, ofreciendo obras, retaceando aportes o prometiendo un futuro próspero.
Incluso acordando alguna adenda antes de iniciar el debate en el recinto del Senado, el lápiz se afinó hasta el más mínimo detalle, tal como hace el principal sostén del hogar cuando elige comprar terceras marcas “para que los números cierren con la gente adentro”.
En ese contexto de inflación y devaluación, caída de la actividad industrial, sequía histórica, guerra comercial entre China y Estados Unidos, caspa de algún ministro, final River-Boca o las tempestades que quieran sumarle para agrandar su relato de que no fue impericia sino mala suerte, salieron con un bono de la galera que no queda bien claro cómo se va a implementar.
Así, la idea del gobierno nacional de dar un bono y un aumento a los empleados públicos bajo su órbita (poniendo presión sobre las administraciones provinciales y locales) es el equivalente a tentarse con llevar a los chicos al cine, a un local de comidas rápidas y a los jueguitos bien sobre el final del mes.
Muy flojo negociar números y llorar pobreza para después salir a tirar plata en un sector de los asalariados que se ubica muy por encima de la media de los trabajadores privados y a un abismo de aquellos independientes, rurales o domésticas que van a quedar fuera del plus de fin de año. Visionarios del voto, dejan a la deriva a los que se llevan la peor parte del ajuste.
Todos los analistas hacen hincapié en que es una idea aceptable para conseguir algo de paz social de cara al fin de año, tratando de parar la bronca antes de unas fiestas que auguran sidras de botella plástica y con tapa a rosca. Es sabido que algunos distritos levantan temperatura cuando se acerca el momento de despedir el año, juntando ganas de despedir gobiernos.
Muchos trabajadores están contentos con el plus, que remite a Néstor Kirchner, pionero en esto de ganar adeptos con un aliciente económico en los estertores del año. En aquel entonces la inflación también se comía los ingresos de los trabajadores, y ahí vio el expresidente una oportunidad.
La diferencia radica en que al estado le entraban dólares por toneladas por el elevado precio de los commodities. Si se suma que no se había derogado la emergencia económica, el presupuesto salía como dibujado por caricaturista que aprendió por correspondencia. No es lo mismo hacer planes con los chicos con el agua al cuello que cuando te cae una platita extra de arriba porque algún tío lejano partió dejando herencia.
El principal desafío es, por este momento, similar a lo que se vivió el año pasado, pero con mucho menos crédito político. Con la imagen por el suelo, el bono resulta demasiado traído de los pelos para gran parte de la población que votó esperando un cambio.
Si se niega el plus a jubilados, pero se le paga a activos que habitualmente están alcanzados por ganancias, no parece muy equitativo como para frenar a los desencantados que siguen abandonando al oficialismo.
La situación obliga al gobierno a negociar con gobernadores para hacer cerrar los números, pero los pone en riesgo cuando sale a regalar plata de manera improvisada (agravado por desdecirse entre remunerativo y no remunerativo, si es a cuenta de futuros aumentos o si va a pagar ganancias).
Las urgencias de la gestión amenazan aquellos acuerdos económicos, así como resienten la relación con los mandatarios provinciales y alejan a parte de su electorado que ve de qué manera sus contribuciones en impuestos llegan en forma de bono a los que están muy por encima de ellos.
Cuando los números tironean, los ciudadanos saben por donde empezar el ajuste para reducir sus penurias. Si no demuestran un poco más de seriedad y constancia en el manejo del gobierno, quizás los muchachos de Cambiemos deberían empezar a prepararse por si la gente prefiere empezar el recorte por ellos.



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