Docencia presupuestaria

La original puesta en escena de Osvaldo Giordano hizo que varios se enojen más con las formas que con el fondo, aunque tal vez deberían empezar a imitar la estrategia del ministro de finanzas.

Por Javier Boher
[email protected]

giordanoAyer se presentó el presupuesto y el ministro Osvaldo Giordano tuvo un acto de docencia para explicar de qué manera funciona la economía de la Provincia. Como recurso didáctico, utilizó frascos de acrílico transparente con caramelos de distintos colores para diferencias Ingresos, Egresos y otros rubros. Tras el inexplicable cruce en redes con Mario Negri, precandidato a gobernador por Cambiemos, el ministro apeló a un acto pedagógico puro para cerrar la discusión.
Hay que reconocer la originalidad de la propuesta, fácilmente reconocible en el tempestuoso mar de las redes sociales. Quizás se podría achacarle al ministro no haberlo filmado entero para ponerlo automáticamente a disposición. Sabiendo que los funcionarios no se mueven si no van con sus responsables de prensa, llama la atención no haber aprovechado el momento.
Esos actos disruptivos dan la nota en una política que habitualmente se ejecuta en un único tono, el de la solemnidad y el aburrimiento, ocasionalmente salpicado con épica de lucha o conflicto. Bien vale el lejano ejemplo de Luis Juez en el debate de 2007, guardando silencio o usando utilería para ejemplificar su propuesta, rompiendo los códigos que se habían pactado previamente.
La propuesta de Giordano (más allá del fondo, que oportunamente desmenuzarán los que están más afilados con los números) rompe con lo que la mayoría esperaba y los deja totalmente desubicados, esbozando una defensa que excede en dramatismo lo que a simple vista no parece un ataque.
giordanoLos dirigentes de izquierda, muy preocupados por la crisis que deben pagar los capitalistas, cayeron en el lugar más esperado, el de los caramelos amargos, la falta del plato de comida o el circo de los envoltorios de colores. Seguro la idea llegó desde el FMI, que nos quiere hacer comer el caramelito para extraer nuestras riquezas.
Radicales, juecistas o periodistas se indignaron y exigieron hasta la factura de compra de los caramelos, los recipientes y las jarras. Salieron a pedir explicaciones que no piden entre los propios, y muy pocos (entre ellos el precandidato a intendente Javier Bee Sellares) aseguraron haber encontrado alguna contradicción.
El resto, ni con una explicación tan accesible decidió concentrarse en lo verdaderamente importante (los números) y se metió en lo que favorece a la exposición de la estrella del gabinete provincial (las formas).
En tiempos en que la política se cocina a través de formatos audiovisuales para pelear contra la competencia de los youtubers, memes y demás virales, pretender la solemnidad de un monólogo que se pierda entre las paredes de la Legislatura carece absolutamente de sentido. Por más que no lo quieran, tal vez deberían escuchar un poco más al asesor ecuatoriano del presidente.
Una de las cosas más importantes cuando se comunica es saber a quién se dirige el mensaje, tratando de adaptarlo para aumentar la efectividad. Algo de eso hizo Giordano, que no le habló a los legisladores, sino a la gente que -aunque está atada al presupuesto- no se detiene a pensar en las finanzas provinciales.
En épocas de pálidas, hacerse mala sangre por la innovación expositiva del ministro es un mal negocio, porque difícilmente el grueso de la gente lo haya encontrado ofensivo o de mal gusto, sino todo lo contrario. Indignarse está bien cuando hay una razón válida; hacerlo por cualquier cosa es motivo para recibir el mote de gruñón (y a nadie le gusta esa etiqueta).
Ya habrá tiempo para saber si los números están ajustados a la realidad, si los cálculos resultaron muy optimistas o si los rubros privilegiados son los más convenientes para hacerlo. Mientras tanto, deberíamos celebrar la iniciativa de acercar algo habitualmente opaco como la política y la economía a los ciudadanos.
Aprovechando que hace dos semanas se celebró Halloween, podemos pensar el intercambio en los mismos términos: que los ciudadanos disfruten de los caramelos con los que nos explican el presupuesto. Si no se los quisieran dar -o si los números fuesen de terror-, ahí si estarían en condiciones de enojarse y hacerles pegar un buen susto cuando lleguen las elecciones.



Dejar respuesta