Un “notable” le reclama a Talleres

Miguel Srur, hijo del ex presidente albiazul y miembro del Fondo de Inversión, solicita el reintegro de su aporte en dólares con la co-administración junto al Fideicomiso en tiempos de quiebra.



Por Federico Jelic

SrurEl gobierno de Andrés Fassi como presidente de Talleres cuenta con varios frentes que resolver a nivel institucional, deportivo y en general, con la Copa Libertadores como desafío principal, la necesidad de darle paso a la creación del predio de “Mundo Talleres” como pieza clave del proyecto y ahora también con un asunto incómodo desde lo económico, como herencia de la gestión anterior. En este caso, de la manera menos pensada.
Resulta que a pesar de que no tuvo carácter de demanda o algún otro litigio, apareció en escena un reclamo formal del hijo de un integrante del Fondo de Inversión como Miguel Srur, quien se acercó al club con intermediarios y haciendo saber la necesidad de que le sean reintegrados los aportes de su padre durante la co administración de ese grupo de “notables” junto al órgano fiduciario, en tiempos de quiebra del club. Esa convivencia o sociedad tuvo espacio desde junio de 2010 a noviembre de 2014, bajo la supervisación de la Justicia a cargo del juez Saúl Silvestre
El monto no es nada despreciable: de acuerdo a los documentos firmados, según su posición, se trata de 720 mil dólares nada menos, cuya pesificación arroja un resultado de 25.920.000 aproximadamente. Sin embargo, más allá de lo legal, existía un compromiso de sus socios de no hacer ningún reclamo, en colaboración con la situación financiera del club en esos momentos. Pero la cláusula de reintegro existe y en eso se ampara el hijo del ex presidente albiazul, ya fallecido, dejando abierto un nuevo capítulo en la cocina política de Talleres. ¿Qué resolverá Fassi?

Historia de Fondo
El Fondo de Inversión fue constituido en junio de 2010, con Talleres militando en Argentino A, durante el proceso de quebranto, como salvataje en lo administrativo después del desapoderamiento del gerenciamiento de Ateliers SA con Carlos Ahumada a la cabeza. El club se había regido con el fideicomiso como ente rector en lo deportivo y judicial, pero ante las inestabilidades y fixtures complicados de la categoría, Silvestre aceptó la propuesta de una gobernación conjunta junto a un grupo de socios históricos conocidos como los “notables”. Las reglas eran claras: el Fondo manejaría el giro ordinario del club, y el órgano fiduciario junto la Justicia, buscarían los recursos en créditos y litigios para sanear el pasivo.
El aporte inicial del grupo fue de ocho millones de pesos. Estaba compuesto por cuatro patas fuertes o inversionistas: Rodrigo Escribano, quien quedó como máxima autoridad, representando los intereses del socio Aldo Roggio; Ernesto Salum, Hugo Bertinetti y Miguel Srur, con el recientemente Alberto “Pocholo” Escalante como garantía en el grupo. La sociedad anónima tenía la finalidad de entregar la institución en tres años, que después fueron tres años y medio y terminaron siendo casi cuatro años y medio, hasta que hubo elecciones y Fassi fue ungido como presidente en 2014. Según cuentan sus integrantes, el aporte final del grupo superó los 15 millones de pesos en total durante ese período.
¿Cuál era el tema en cuestión que ahora es dolor de cabeza? En aquella oportunidad Ahumada seguía insistiendo jurídicamente con su regreso al gerenciamiento, con apelaciones y demandas judiciales, y como para “blindar” el aporte y que no caiga en manos del empresario argentino-mexicano, se resolvió firmar una cláusula en calidad de “préstamo” sobre esos dineros. Es decir, cada integrante “prestaba” efectivo para la inversión por si algún revés judicial obligaba a cambiar la figura legal en la quiebra.
La cláusula indicaba que todos los miembros tenían derecho pleno de solicitar el reintegro solo si el club en sus finanzas tenía superávit económico, sujeto a la aprobación de la Asamblea. Sobre ese asunto, el propio Escribano y el mismo Salum comentaron en off que se trataba de una estrategia de resguardo, que ese dinero lo mismo sería reinvertido en la entidad, y que había un compromiso o “juramento” entre todos de que nunca se reclamaría el aporte en la Justicia. La venta de Cristian Pavón a Boca Juniors terminó de saldar la deuda, Talleres recuperó sus órganos naturales de conducción ya sin la quiebra y la historia es conocida, escrita en estos días, ya con Fassi como primer mandatario. ¿Qué pasó después?

Aparece Srur
Miguel Srur fue presidente de Talleres con 36 años, su último paso dirigencial había sido en 1992 con el ascenso desde la B Nacional a Primera División, y después apareció en la arena política recién en 2010, con el Fondo de Inversión, hasta que falleció en 2011. Su hijo Miguel se encargó de aclarar que cuenta con los comprobantes firmados donde puede comenzar a gestionar en la justicia su aporte de 720 mil dólares, aunque primero pretende un acercamiento que deje a las partes conformes. “Ahora que Talleres no tiene deudas y cuenta con superávit según cuenta Fassi siempre, es bueno entonces que se honre el aporte de mi padre. Tengo los recibos correspondientes. Fueron 720 mil dólares, a pagarse primero en 12 cuotas de 30 mil dólares y después en 24 cuotas de 15 mil dólares”, relató el hijo del “notable”. “Figura todo esto en la foja 14929, en el expediente, sobre lo reintegrable de este aporte”, agregó.
Vale aclarar que esos “préstamos” no se discontinuaron a pesar de la era póstuma del ex presidente, ya que según destacó, en el mismo testamento figuraba la intención de continuar su colaboración con Talleres. “Nosotros no queremos ni plusvalía, ni un fin de lucro, ni intereses, solo pretendemos que se reintegre ese dinero prestado por mi padre”, siguió sentenciando.
No es la primera vez que Srur (padre) tuvo alguna polémica con el club. En su momento a inicios de los ’90 solicitó la quiebra de Talleres por un dinero prestado, que después pudo cobrarse en el descenso albiazul como compensación del escandaloso partido contra River Plate en el ex Chateau Carreras, en el ’93, con el árbitro Javier Castrilli como protagonista. En ese entonces, el ex presidente de los argentinos Carlos Menem había insistido con suprimir los descensos ese año ante esta situación. AFA le entregó al club un resarcimiento económico de un millón de dólares, que quedó en poder de Srur para saldar la deuda que habían contraído con él.
¿Cómo sigue la historia? Srur (hijo) continúa gestionando por intermedio del diálogo, aunque la única respuesta que obtuvo fue “¿Por qué no le hizo este reclamo a la gestión anterior en vez de a esta?”. Simple: porque el contrato indica que sólo sería reintegrable si hay superávit, aunque claro está, quedará en saber si sigue vigente una vez levantada la quiebra o si tenía algún plazo más después del saneamiento de la institución. Trabajo para el fideicomiso y del juez Silvestre también.
Lo cierto es que un apellido “notable” como Srur sale a la palestra en Talleres, no desde lo político pero sí desde lo financiero y en una de esas, judicial también. Su reclamo es de casi 30 millones de pesos, es decir, la erogación presupuestaria de un mes completo en Talleres. De todas maneras primero tendrá que probar la condición superavitaria del club y después, queda sujeto a la Asamblea de representantes, que como todos ya sabemos, los 100 integrantes son del mismo color político de Fassi…



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