Asomando la cabeza para negociar el Presupuesto

La negociación del principal instrumento con el que se hace política ha proyectado a algunas figuras que han usado el momento para subirse el precio de cara a lo que viene.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

dipuLa tensión en el Senado por la negociación del presupuesto dejó en evidencia que hay una grieta que va creciendo en las filas del peronismo. Los que consideran que no se puede reconstruir una opción ganadora eliminando a la que tiene la mayor intención de voto están empezando a tender puentes con aquellos que nunca la desampararon.
Eso quedó en evidencia por el cruce verbal entre Miguel Ángel Pichetto, abanderado de los gobernadores en la Cámara Alta, y José Mayans, senador formoseño que defiende los intereses del gobernador Insfrán. Aunque por momentos se trataron como señoritas educadas, de a ratos se castigaron como boxeadores amateur.
De las palabras de Mayans salió un dato de color, cuando le dijo que lo respetaba por haber compartido ya 17 años en el poder legislativo. Esto quiere decir que se juntaron cuando De la Rúa se iba, sobrevivieron a Duhalde, Néstor, Cristina y ahora conviven bajo Macri. A esa estabilidad laboral la deben envidiar varios que siempre supieron defender más las ideas que los cargos.
Por supuesto que esa pelea (que no puede durar mucho, si han compartido juntos más años que la mayoría de los legisladores) no es la única que se evidenció por la negociación del presupuesto. Los hermanos puntanos, Adolfo y Alberto, también se han enfrentado en estas arenas.
Lo que se inició como un entredicho por la sucesión provincial se convirtió en una guerra declarada entre los que responden a uno u a otro líder. Por eso mientras los adolfistas dieron quórum, el gobernador salió a rechazar esa actitud, diciendo que se va a negar a recibir los casi 400 millones de pesos para obras que pactó su hermano. Nunca más claro el juego a dos puntas.
El enojo de Mayans y la actitud de Adolfo Rodríguez Saá pueden explicarse por el gran juego que hace uno de los mejores negociadores que tiene el gobierno, Rogelio Frigerio. Es que el Ministro del Interior actúa como un verdadero hombre de acción, bajando al barro a domar al chancho.
Con un un perfil diametralmente opuesto al del pulcro Jefe de Gabinete Marcos Peña, ha logrado destrabar las negociaciones más cerradas a las que se ha enfrentado el gobierno de Macri, pero sin levantar el perfil frente a la opinión pública. Su construcción es por las vías tradicionales de la política, la de los nexos con gobernadores y referentes provinciales, todavía lejos del radar de muchos de los ciudadanos.
Por eso no es casual que las encuestas que salen del laboratorio del peñismo lo señalen como el mejor candidato a gobernador para la provincia de Entre Ríos. Un triunfo en esas tierras lo bloquearía como candidato a presidente una vez finalizado un hipotético segundo mandato macrista, algo que ambiciona Peña y para lo que Frigerio sigue construyendo.
La negociación del presupuesto expuso tanto la muñeca de Frigerio como las grietas en el peronismo, desnudando los intereses de muchos otros actores de la política doméstica. En un escenario de una relativamente alta fragmentación parlamentaria, cada voto se hizo valer, con cada legislador negociando partidas para sus pueblos o provincias, apuntalando pequeñas aspiraciones a mediano plazo y marcando límites a la habitualmente fluida conducción del interbloque que lidera Pichetto.
Este tipo de proyectos que necesitan de amplios acuerdos para llevarse adelante nutren el funcionamiento de las instituciones y debilitan los liderazgos verticalistas, en los que sólo existe acatar las órdenes que llegan desde arriba. Por eso ahora nadie sabe hacia dónde apuntar efectivamente el dedo acusador, diluyéndose los reclamos y reproches en el éter de la política.
Mientras los discursos públicos están plagados de críticas hacia el presupuesto, los que manejan los hilos desde cada pequeño espacio de poder se encargan de tejer acuerdos que permitan la gobernabilidad. Los gobernadores (y los legisladores que les responden) entienden que el discurso de barricada sirve para que los que no tienen responsabilidades ejecutivas erosionen gobiernos, pero no para apuntalar a estos últimos en la gestión de los lugares que representan.



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