Un VAR para Baldassi

Una cosa es que Massot y Capitani proclamen la unidad baldassista a modo de un diktat y otra muy distinta es que todos la acepten. “La Coneja” ha sembrado demasiados vientos como para suponer que las tempestades dentro del PRO habrán de detenerse sólo porque tomó un café con un colega diputado y con el presidente partidario.



Por Pablo Esteban Dávila

Algunos maliciosos señalan que es tanto el interés político que despierta Héctor “la Coneja” Baldassi que las principales consultas que recibe en sus reuniones partidarias consisten en el funcionamiento del VAR (sigla en inglés de video asistant referee). Aparentemente, y lejos de molestarse, el diputado nacional se explaya a destajo sobre las características de este ingenio arbitral, probablemente aliviado por no tener que compartir sus conceptos doctrinarios. Las tertulias discurren de esta manera, entre fútbol y anécdotas, hasta que alguien le señala la hora. Nunca se abandona del todo el referato.
No le ha ido mal con la metodología, al menos si se repara en las últimas noticias. Baldassi habría sido investido, por aclamación, como el único candidato del PRO de cara a las próximas elecciones provinciales. Así lo hicieron saber el bonaerense Nicolás Massot y el presidente de la fuerza, Darío Capitani, junto al propio interesado. Sin internas, democráticamente, “la Coneja” sería, de tal suerte, el macho alfa que conduciría al PRO hasta la victoria, siempre.
La especie sugiere que, finalmente, el exárbitro internacional habría sido aceptado como un miembro de pleno derecho dentro del partido orgánico. Todos habrían depuesto sus agravios; los cuadros dirigentes se olvidarán, en lo sucesivo, de sus veleidades de outsider y él fingirá que estima y respeta la labor de las autoridades y los militantes de corte tradicional. Baldassi, al igual que Riquelme, está feliz. Es la alegría que le confiere la unanimidad.
Sin embargo, debería pedir el VAR para examinar mejor el resultado de la jugada. Una cosa es que Massot y Capitani proclamen la unidad baldassista a modo de un diktat y otra muy distinta es que todos la acepten. “La Coneja” ha sembrado demasiados vientos como para suponer que las tempestades dentro del PRO habrán de detenerse sólo porque tomó un café con un colega diputado y con el presidente partidario. Antes de cantar el gol, es conveniente recurrir a la tecnología.
¿Qué imagen le devolvería la pantalla? Tal vez una jugada apresurada, un off side interno. No hay entusiasmo en sus correligionarios en proclamarlo como el máximo destinatario del venidero esfuerzo electoral. Muchos tal vez acepten el fait accompli por una cuestión de cálculo: el próximo año habrá muchos cargos en juego y sería triste quedarse fuera de los lugares expectables por sostener una posición principista. Pero hay otros, quizá no sean tan pocos, que están dispuestos a resistir, puertas adentro, esta supremacía de mesa de café.
Porque, y en esto el PRO debe ser sincero, no hubo una convención o comité central que haya debatido el asunto ni escuchado las posibles posiciones, especialmente las adversas. Tampoco una posibilidad más o menos plausible de zanjar el tema en una elección interna, conforme lo permite la carta orgánica. Quienes alguna vez se auto postularon para encabezar una fórmula gubernativa -se recuerdan los amagues de Javier Pretto y de Laura Rodríguez Machado- disimulan por ahora su contento por la buena nueva. Y hay muchos más que tampoco han expresado su apoyo.
El VAR tal vez dictamine que Baldassi, Massot y Capitani estaban en posición adelantada en el momento de formular el anuncio y que todo debe ser anulado. O (también es una posibilidad) que sus adversarios efectivamente quisieron jugar al off side y que no se coordinaron bien entre ellos, habilitando al tridente ofensivo a meterla entre los tres palos. Ya lo dice el axioma futbolero: los goles que se erran en el arco de enfrente se sufren en el propio. Esto también funciona en política.
Esto significa, lisa y llanamente, que no se pueden pedir milagros. Aunque el VAR desnude el fuera de juego, es un hecho que “la Coneja” continuará molestando a los rivales dentro de su propia área. Este no es tanto un mérito personal como una carencia de sus adversarios. En todo este tiempo, el PRO sólo ha logrado fabricar un único dirigente que mueve el amperímetro de las encuestas, esto es, el propio Baldassi, lo que equivale a decir que el medio se ha convertido en el fin, y que es una meta no precisamente deseada.
Es fácil advertir este fenómeno. El exárbitro fue lanzado a la política, con todas las deficiencias que le señalan sus contradictores internos, como un atajo electivo. Es mucho más difícil construir un candidato tradicional desde una fuerza reciente que valerse de alguien que ya trae cierta fama a cuestas. El experimento resultó bien en 2013 pero, con el tiempo, la anomalía se consolidó y devino en permanencia. No fue un Miguel Del Sel, efímero y rocambolesco, sino un jugador astuto que supo instalarse dentro de un espacio incapaz de producir una camada de dirigentes que lo complementasen en la dinámica electoral.
Si se repasa la historia de los grandes partidos aluvionales en la provincia se encontrará que tanto el peronismo como el radicalismo tuvieron, en sus orígenes, sus propios rupturistas electorales. Pero, con el tiempo, el partido los asimiló, disimuló sus extranjerías y los dotó de discursos y largo plazo. Esto no ha ocurrido en el PRO, al menos de momento. Por el contrario, la sensación es que el extraño es el único, junto con Massot -otro forastero-, que ha impuesto sus términos a través de recursos que harían sonrojar a los fanáticos de la vieja política.
La situación, por lo tanto, es confusa. Baldassi pasó, en un santiamén, de antisistema a oficialista y, quienes lo objetan, de orgánicos a opositores. Es prematuro especular sobre cuanta gente quedó de un lado a otro del campo de juego, porque es evidente que, sagazmente, los autores de la jugada corrieron la línea de cal de lugar sin decir agua va.
Como toda acción genera una reacción, deberá esperarse un tiempo para afirmar si este fue un golpe maestro o el inicio de una resistencia enconada dentro del partido. De lo que sí puede estarse seguro es de que, en la próxima reunión a la que sea invitado, Baldassi no sólo podrá explicar la teoría del VAR, sino que recibirá, con los antecedentes señalados, una devolución política de lo que este sistema ha mostrado sobre la licitud su candidatura.



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