Oscuro encanto burgués de curas y fieles (Primera Parte)

El periódico La Carcajada no se guardaba sus opiniones sobre ciertas costumbres de la vida religiosa en la tan católica ciudad de 1871.



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Un eclesiástico levantando la cruz, caricatura de Eugène Delacroix, 1822.

Entre los apuntes que publicaba el semanario La Carcajada sobre las costumbres que observaba en el seno de la sociedad de 1871, se detuvo en ocasiones a comentar aspectos de la vida religiosa, lo que incluían tanto el comportamiento de los curas -fustigado por la publicación-, como el de los fieles que profesaban el catolicismo, que eran por supuesto la mayoría. Los primeros no eran evidentemente “santos de su devoción”, y señalaba en ellos actitudes reñidas con la humildad, con la equidad y también con la pobreza que se suponía debían abrazar en su ministerio. En lo que refiere al comportamiento de los fieles, parte activa de los hábitos cotidianos en tanto practicantes y asistentes a la misa, también guardaba palos para dar, La Carcajada. El semanario tenía en claro que se trataba de apuntes periodísticos difíciles de hacer en una ciudad saturada por el catolicismo, como siempre lo fue Córdoba, pero no por eso dejaba de comentar lo que chocaba a su mirada, deslizando a veces opiniones que eran a la vez denuncias.
Hay que decir que, en la batalla ideológica y política entre católicos y liberales que tenía lugar en Córdoba, si bien el responsable de la Carcajada -el Dr. Armengol Tecera- estaba más cerca de los últimos, no renegaba en sí de la fe religiosa. Algo que, por otra parte, era moneda corriente en la rara conformación de la mentalidad cordobesa a esa altura del siglo XIX.
Un ejemplo de lo que, con escándalo, señalaba La Carcajada se hace visible en una nota titulada “Por 4 reales”, en la que expresaba: “Sí señores, por cuatro reales todos pueden ser nobles. De hoy en adelante, solo el que quiera puede ser mulato”. En esa frase cabía buena parte de la mentalidad colonial que no terminaba de desaparecer en la Córdoba de 1871, y que al periodista le parecía inadmisible mientras para los practicantes se veía como algo natural. El artículo pintaba la escena del siguiente modo:
“Va una persona a hacer bautizar un párvulo, y después de haberlo hecho ingresar en el gremio de la religión católica, se le dice para asentarlo en los libros de partida:
–¿Es noble, o es mulato?
Si es mulato, tiene que pagar dos reales, pero si quiere ser noble, tiene que pagar cuatro.
¿Qué tal el modo que se observa para facilitarle a uno optar por lo que más le convenga?”
La práctica le resulta odiosa al articulista, y así lo deja en claro, con una ironía:
“No se puede negar que esto es un gran paso dado por los Señores Curas.
¡Cuatro reales por ser nobles!
Esta es la mejor prueba de que somos republicanos: todos podemos ser iguales con tal de pagar cuatro reales.”
La Carcajada volvería sobre el tema unos días más tarde, en ocasión de polemizar con otra publicación, confesional desde el título: El Pueblo Católico. El periódico de Tecera se solidarizaba con el diario El Progreso, al que el medio eclesiástico había atacado recientemente. Decía el semanario:
“¿Por qué en lugar de combatir al Progreso, no se ocupa de esa costumbre ridícula que existe en nuestro bautisterio, la cual consiste en hacer pagar cuatro reales al que quiera ser noble?
¿Por qué no anatematiza esa anomalía odiosa que existe en Santo Domingo de que se reverencie a una virgen de mulatos y a otra de nobles?
(…)
¿Por qué no combate a todos esos que bajo la capa del fanatismo y la hipocresía explotan a nuestra religión?
¿Por qué no dice algo sobre esos individuos que como sacerdotes hacen voto solemne de pobreza y humildad, y si embargo se les ve aglomerar fortunas?
Esto es de lo que debiera ocuparse el «Pueblo Católico», y no estar predicando la muerte de nuestro cólega el «Progreso».”
Y agregaba aun La Carcajada -toda una declaración que mostraba conocer muy bien el terreno en que se movía el medio- lo siguiente:
“Estamos seguros que estas líneas nos van a acarrear cuando no males a nuestros intereses, por lo menos el apodo de masones, pero se engañarían.
Nosotros somos como el que más católicos y por consiguiente, sostenedores de nuestra religión; pero no hemos de consentir a fuer de liberales que somos, que se explote y se haga negocio con ella.”
Otro apunte que publicaba La Carcajada en su observación crítica de la sociedad en la que sus hojas circulaban, hacía hincapié en las distintas “categorías” sociales que definían las misas, según su horario. El apunte, más que a la institución religiosa, estaba dirigido a los fieles quienes le imprimían con su presencia un carácter a la misa del mediodía. Se trata de la nota titulada “Una misa que no es como las demás”, donde señalaba Tecera lo siguiente:
“Hay una misa que no es igual a la demás según parece, por más de ser lo mismo que aquellas y ser rezada por un sacerdote igual a los demás.
A la simple vista cualquiera dirá que es un error, pero se equivocaría redondamente al decir esto.
(…)
Se dice una misa a las 8 o 9 de la mañana, y a esta misa no asisten sino aquellos que creen que todas las misas son iguales y que no tienen ninguna distinción.
Se llama la de doce que es exactamente igual a las que se han dicho más antes, y aquí se ve el gran movimiento de la gente de CAMPANILLA y se palpa la diferencia que existe entre ésta y las otras.
Y si no ved, ¿cuál es la razón para que a aquella misa asistan tan solo aquellos caballeros de TOGA (…)?”
Aquí elegimos omitir las referencias las personas concretas a quienes Tecera se encargaba de incluir entre los asistentes a esa misa de doce, para no sobrecargar el texto con nombres que para nosotros hoy no significan nada. Basta con saber que pertenecían a la gran burguesía, a la sociedad distinguida. Seguía diciendo La Carcajada:
“¿Qué significa esta distinción de misas?
¿Por qué solamente a esta misa asiste el mejor tontillo, el más lucido peinado y el mas ajustado botín?
(…)
Y si todo esto es así, y que solamente la aristocracia asiste a esta misa, ¿no es verdad que ha una notable diferencia entre ésta y las que se dicen más temprano?
(…)
Y si no, ¿qué razón es la que hay para creer que la misa de doce es la misa de los MAGNATES?
¿No es verdad que ésta es una extravagancia y más que todo, un verdadero contrasentido?”



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