La final más política y confusa de todas

River, Boca, Conmebol, Macri, organismos de seguridad, cada uno en su escala, tienen y tuvieron intereses en la Copa Libertadores y en la final más política de todas.



Por Federico Jelic

Al final todo es una confusión general en la que nadie queda limpio ni exento de responsabilidades. Ni Conmebol, ni AFA, ni River Plate ni Boca Juniors y menos el presidente Mauricio Macri, apuntando a sumarse un poroto en imagen prometiendo hinchas visitantes. La cuestión es que a ciencia cierta recién a una semana de finalizados los partidos semifinales, se resolvió el ganador de una llave y todavía no había certezas efectivas de cuándo se juega la final de la Copa Libertadores y si habría públicos de ambas hinchadas. Todo un menjunje, en el mismo lodo todos manoseados, como decía Discépolo. Pero estas acciones no le escapan al bochorno con tantos intereses en juego, desnudando la total improvisación de todos, con la final de la Copa Libertadores de fondo.
Y claro, las acusaciones están en torno a River y sus influencias en los escritorios del ente sudamericano y toda esa parafernalia de acusaciones, donde Rodolfo D’Onofrio y el titular de Boca, Daniel Angelici, juegan mucho más que un clásico. Una película de terror, donde la política juega su parte más que importante, aunque en definitiva reina más el temor a perder más que la ilusión a ganar dentro de la cancha.
Ministerio de Seguridad, Policía Federal, el Estado como protagonista buscando su tajada en imagen y hasta la prohibición de festejar para el campeón en el Obelisco, forman parte de un menjunje inédito y ridículo, que toma más protagonismo que la final propiamente dicha.
Recién sábado a la noche Conmebol dio a conocer el tan esperado y dilatado fallo que todos sabían de antemano, donde la verdadera intriga era saber de qué manera se iba a suavizar la sanción para el DT del “Millonario” Marcelo Gallardo. Ya River había dado vuelta la historia en Porto Alegre, con polémicas del VAR latente y con sospechas en el ambiente, pero la directiva del Gremio se jugaba la última carta con el castigo al “Muñeco” por haber infringido la norma de la prohibición a ingresar al vestuario. Claro, el castigo fue para Gallardo pero no para el equipo, como soñaban los brasileños. Sin embargo, los 50 mil dólares de multa y los cuatro partidos afuera en torneos internacionales hasta parece leve en algún aspecto. Esta levedad le fue atribuida a la influencia de D’Onofrio por sus contactos, aunque desde lo jurídico era imposible la eliminación del ganador a la final.
Sin embargo, hubo otras novelas que desataron tantas miserias como caos institucional. De jugarse los miércoles, a su adelantamiento una semana por la organización del G 20 a fin de mes en Buenos Aires, a pasarse el sábado (10 y 24, respectivamente) con chances de reprogramarse a un domingo. Pasó de todo.
Y para tirarle más condimentos, el propio Macri apareció en escena, prometiendo el acceso de hinchas visitantes en ambos partidos, incluso desafiando a su ministro de Seguridad y al Aprevide, que sugerían lo contrario. Mientras por la mañana los estamentos daban esa posibilidad, al mediodía los demás ministros de seguridad aludidos confirmaron la habilitación de hinchas visitantes, con 4 mil lugares en cada estadio, hasta el suspenso actual donde nadie sabe nada. finalmente se jugará solo con público local.
Es que los clubes involucrados no querían saber nada con eso. Incluso por primera vez en mucho tiempo, D’Onofrio y a Angelici coincidieron con esa moción. También estuvieron en sintonía con la oportunidad de disputarlo domingo y no sábado, aunque el argumento suena más que ridículo: no perjudicar la concurrencia del público judío, por el “Shabbat”. Como si River y Boca nunca hubiesen jugado un sábado, día de descanso para esa confesión. Seguramente tendrán algún auspiciantes o aportantes de esa religión. Sin embargo, sonó a excusa tomada de los pelos.
El más grande desconcierto fue con la aparición de Macri, confeso hincha de Boca Juniors, con Angelici como su operador principal en muchos negocios. En ese sentido, desde River abrieron el paraguas aunque finalmente al unísono las dos instituciones le cerraron la puerta a la posibilidad de albergar hinchas visitantes. No solo porque les quita espacio a sus propios socios con números sobrepasados con relación a la capacidad de sus estadios, sino tampoco para arriesgarse en materia de seguridad en tiempos de histeria colectiva social.
En ese sentido, Macri vio la oportunidad de sumarse aprobación política si en los dos partidos no hay incidentes ni violencia con toda la atmósfera caldeada, por efectividad de los organismos competentes de seguridad y el Estado como rector de esta iniciativa. Pero otros son más tendenciosos y acusan al líder de Cambiemos y del PRO como conspirador para que la segunda final, la definitiva, en Núñez, no solo se desarrolle con hinchas locales, todos “Millonarios”, y sin simpatizantes de Boca que puedan hacer algún reclamo generalizado ante alguna jugada polémica o de dudosa procedencia. Fue como una búsqueda de garantías, a decir verdad, pensando más como hincha o dirigente del “xeneize” que como presidente de la Nación. Y claro, si fue precisamente Boca su plataforma política de gestión que hoy lo tiene en el sillón de Rivadavia.
La resolución por parte de Conmebol no dejó conformes a muchos, aunque en River festejan. Boca desde hace rato acusa que son los de Núñez los que tienen influencias en el ente madre sudamericano del fútbol pero Angelici tampoco puede tirar la primera piedra sin estar libre de pecado. Desde el altercado del “Gas pimienta” que la relación entre Boca y River no goza de buena salud, inquina mutua que también tuvo consecuencias en los escritorios dirigenciales en AFA y Conmebol. Si hasta la Selección Argentina juega en La Bombonera. Pero en vez de definir el título por penales Angelici-D’ Onofrio, deberían entender que hay una final entre los clubes más populares del país aunque no parecen advertir esta situación. Lo que si queda nítido es que la final y el clásico ya se empezaron a disputar sin tregua hace rato.



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